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Tras el legado de Kate Millett

Tras el legado de Kate Millett
septiembre 07
21:53 2017

Por Luciano Fabbri. A días de cumplir sus 83 años falleció en París Kate Millett; cineasta, escultora, escritora, filósofa y activista estadounidense. Y sobre todo, una de las exponentes más importantes del feminismo radical de la segunda ola (años 60 y 70 del Siglo XX), también conocido como Movimiento de Liberación de la Mujer.

Millett es reconocida por su obra Política Sexual (“Sexual Politics”, 1970), tesis doctoral que con tan solo 35 años la convirtiera en una de las intelectuales y activistas más influyentes del siglo pasado (en 1998, The New York Times la incluyó en la lista de los diez personajes que más han marcado el siglo XX), y de la vasta y prolífica historia de las bibliotecas feministas.

Toda política es sexual

Emergente de un contexto de auge de las luchas sociales; entre primaveras estudiantiles, mayos franceses, activismo antibélico, pacifismo hippie, procesos de descolonización, anti-imperialismo y revoluciones sexuales, el pensamiento feminista radical del que Millett fue exponente irrumpió con la osadía de dialogar y polemizar desde, con y contra las izquierdas, para gritar entre quemas de corpiño que “lo personal es político”.

Con esa frase devenida slogan y principio, convidó las coordenadas políticas y epistemológicas para denunciar opresión sexual donde otros querían mostrar inocente diferencia; exponer al poder patriarcal donde otros rezaban orden natural; y conmover y politizar cada resquicio donde lo doméstico era el nombre que recibía la privación de sí a la que eran y siguen siendo condenadas las mujeres.

El poder sobre los propios cuerpos, el aborto, la organización política autónoma, la acción directa irreverente, la mostraron hermosa cuando estaba enojada. Y a la vez tan lúcida como para producir conceptos y articular teorías que nombraran lo indecible, mientras surfeaba la ola más potente de los 60’s.

Un ejemplo ineludible es el de Patriarcado, al expresar que “el ejército, la industria, la tecnología, las universidades, la ciencia, la política y las finanzas -en una palabra, todas las vías del poder, incluida la fuerza coercitiva de la policía- se hallan enteramente en manos masculinas. Y como la esencia de la política radica en el poder, es infalible el impacto de semejante privilegio”. Al mismo tiempo, cuando el feminismo se encontraba aún lejos de su giro postestructuralista y las modas butlerianas que denuncian el carácter materialmente discursivo del cuerpo, Millett caracterizaba al sexo como “una categoría cargada de política”. Porque en su pensamiento radical nunca hubo lugar para sacralizar la biología.

Crítica de los dejos misóginos del psicoanálisis freudiano, detractora del economicismo marxista y del androcentrismo compañero, no ahorró en polémicas. Se nutrió de la lucha anti-racista para hablar de la socialización patriarcal como colonización del imperialismo masculino, y fue tildada de occidentalista por postular al Patriarcado como sistema universal, ahistórico y transcultural. Adelantándose a muchas de esas impugnaciones, y con cierta ironía, Millett advirtió en 1975: “En el momento actual resulta imposible resolver la cuestión de los orígenes históricos del patriarcado (…) No sólo se carece de pruebas suficientes acerca del origen físico de las distinciones sociales que establece actualmente el Patriarcado (estatus, papel y temperamento), sino que resulta casi imposible valorar las desigualdades existentes, por hallarse saturadas de factores culturales. Sean cuales fueren las diferencias sexuales reales, no las conoceremos hasta que ambos sexos sean tratados con paridad, lo cual constituye un objetivo un tanto lejano”.

Lxs nietxs de Kate

Quienes forjamos nuestro feminismo a los codazos, para asomarnos desde los márgenes de la academia androcéntrica y saltar el cerco de las luchas principales que expropian de sexo a las clases sociales, encontramos en el legado intelectual de Kate Millett y el repertorio de luchas de las feministas de la segunda ola, las coordenadas de una radicalidad que nos sigue incitando a politizar la sexualidad y a sexualizar la política.

Para seguir apostando a que en tiempos de ofensiva conservadora y reacción patriarcal, será desde nuestros cuerpos, nuestras emociones, nuestras subjetividades y nuestros deseos, que emerjan las críticas más creativas y potentes, para seguir pariendo revoluciones en las calles, las aulas, las plazas y las camas.

@LuchoFabbri

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