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Francia: la reforma laboral de Macron arranca con huelga y protestas

Francia: la reforma laboral de Macron arranca con huelga y protestas
septiembre 12
23:00 2017

Se fue la primera. El presidente francés Emmanuel Macron enfrentó esta semana la primera jornada de huelga y protestas contra su proyecto de reforma laboral. Unas 400 mil personas salieron a las calles para hacer visible su descontento; aunque la esperanza es ínfima.

El próximo 22 de septiembre el texto será finalmente adoptado por el Consejo de Ministros y poco después entrará en vigor. El parlamento, con mayoría oficialista, lo revalidará luego para convertirlo en ley.

Todo es casi un hecho. La CGT, la central obrera más combativa, y el partido del izquierdista Jean-Luc Mélenchon mantienen una oposición férrea pero minoritaria. La fragmentación del movimiento sindical, encabezado por la dialoguista CFDT, fue notoriamente decisivo para que se impusiera la reforma.

Aunque el otro factor, claro, fue el contundente triunfo electoral de Macron en las elecciones legislativas de junio pasado. El presidente consiguió el control parlamentario apenas un mes después de asumir el gobierno. Con un dato no menor: parte de su campaña incluyó, como propuesta explícita, el desmantelamiento del actual régimen de relaciones laborales. Y la sociedad francesa lo apoyó.

El país tiene un 9,5% de desocupación. Y con ésta será la segunda reforma laboral en dos años. La anterior fue impulsada por el ex mandatario François Hollande, cuando Macron manejaba allí la cartera de economía.

Aquella vez la oposición política y sindical también se manifestó con fuerza, pero el gobierno pudo más. Según el nuevo presidente, la reforma de su antecesor fue “insuficiente”, aunque iba “en la buena dirección”.

Macron se mueve diferente. No impondrá su ambiciosa reforma en el epílogo de su mandato -como Hollande- sino al principio. Cree que se juega allí parte de su éxito económico.

La excusa, como siempre, es promover la creación de nuevos puestos de trabajo. Tentar a los empresarios para que contraten más, asegurándoles para ello la carta de salida: el despido fácil y barato.

Pierre Gattaz, el jefe de la patronal francesa (Medef), asegura que el proyecto puede “hacer volver la confianza y hacer volver, a fin de cuentas, el empleo”.

Las reformas bajo la lupa

Francia fue siempre un modelo de Estado social. Su código laboral de 1910 es un compendio de normas protectorias y conquistas históricas: la jornada de 35 horas semanales es tal vez entre ellas la más famosa.

Este giro implica, por tanto, desandar un camino de tradición progresiva en materia de derechos. Con todo el escepticismo que ello implica.

El cambio más significativo se verá, en principio, en materia de negociación colectiva. Como Dinamarca en Europa, o Chile en esta parte del mundo, prevalecerán los acuerdos de empresa por sobre los sectoriales.

Ello supone dos ventajas para el empresariado. Por una parte, las empresas ganan flexibilidad para adaptar las normas internas a sus propias necesidades de funcionamiento. Y por otro lado, favorece la atomización sindical: cuanto más chica sea la empresa, menor será la capacidad de los trabajadores de organizarse y hacer prevalecer sus reivindicaciones.

Pero además, la reforma facilitará el despido por causas económicas, modalidad que implica, en los hechos, una indemnización más barata que en el caso del mero despido injustificado. De un sistema restrictivo que impedía el abuso, se pasará a un régimen más amplio, que abrirá así la puerta a los despidos masivos por reorganización. Todo en nombre de la productividad.

Y para que no hubiera inconsistencias, también se retocará el cálculo de las indemnizaciones por despido injustificado. Los montos ya no se fijarán a través del organismo de arbitraje laboral, sino que pasarán a estar sujetos a una tarifa preestablecida, como en Argentina: a tantos años trabajadores se corresponderá tal cómputo indemnizatorio.

Por último, entre los cambios más significativos, continuará el desmantelamiento de la histórica jornada de 35 horas semanales. Al igual que el proyecto de Hollande, la nueva norma propone asentar tantas modalidades alternativas que, en los hechos, convierten al principio general en una excepción.

Federico Dalponte – @fdalponte

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