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La política en la obra de Santiago Mitre

La política en la obra de Santiago Mitre
septiembre 12
23:31 2017

Un análisis retrospectivo sobre las películas de Santiago Mitre a raíz del estreno de La Cordillera. ¿Cómo aborda la política como tema y qué efectos políticos produce en el público?

Las tres películas que ha realizado Santiago Mitre hasta ahora nos permiten sacar una primera premisa: le interesa un cine relacionado con lo político. Y claro, todo  cine es político, todo cine tiene una carga ideológica que viene por defecto en el dispositivo mismo. La nomenclatura, en este caso, refiere a aquel que se mete de manera explícita en esta dinámica y busca generar un efecto en el espectador desde ahí mismo. La pregunta es: ¿cómo es posible generar ese efecto desde el cine? La respuesta no la tenemos, pero lo que sí podemos hacer es tratar de elaborar un pequeñísimo análisis de cómo funcionan las diferentes películas (en este caso las tres de Mitre) y, desde ahí, lograr un primer acercamiento a la respuesta.

En principio para entender el funcionamiento que busca darle Mitre a sus películas, hay que tratar de encontrar los puntos en común que las relacionan. Mitre es hijo de la generación del “Nuevo Cine Argentino” que se dio por los años 90. No solo tiene mucho de esta generación, sino que también ha trabajado en films de directores que la componen, por ejemplo guionando para tres largos de Pablo Trapero (La Leonera, Carancho, Elefante Blanco), quien también produjo su primera película El Estudiante.

Su relación con esa oleada de directores que surgieron de la conflictividad de los años 90, y en particular con Trapero, tiene también una coherencia en el estilo. Santiago Mitre, al igual que el director de El Clan, recurre al género realista para contar sus historias.

Aquellas películas realizadas en un contexto de vaciamiento y conflictividad tendían a mostrar una Argentina que generalmente invisibilizada por los medios: Mundo Grúa muestra la amenaza constante del desempleo en la vida de un obrero; El bonaerense refleja lo picante de la policía en el conurbano. El efecto político que busca el realismo es logrado por medio del efecto “cachetazo”. Le tira un cacho de realidad al espectador. Cruda pero real. No trabaja solo a modo de denuncia pública, sino que busca “avivar” al espectador mostrándole esa realidad que a veces no percibe o prefiere no mirar.

El primer film de Santiago Mitre es El Estudiante. Allí Mitre no sólo sigue la fórmula del realismo en términos narrativos sino que también lo hace en términos semánticos/formales: la película está plagada de planos secuencia con cámara en mano. Diría André Bazin que ese es el recurso realista por excelencia, ya que es realizado en tiempo y espacio real, careciendo de cualquier tipo de manipulación que le pudiera dar el corte. Que sea con cámara en mano le agrega además la irregularidad/realidad del movimiento de una persona, y no la homogeneidad/armonía que le podría dar el travelling.

El Estudiante narra una historia dentro del micromundo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Un mundillo teñido por un gran abanico de  partidos y organizaciones de diferente índole. De esta manera la película se asienta en un espacio que puede ser tomado como el primer paso para la carrera de un político, algo así como  las “inferiores”.

Pareciera, a primera vista, que no hay lugar mejor para abordar la temática que le interesa al director, pero el problema reside justamente en eso. El efecto cachetazo tiene resultado cuando es utilizado en aquellas realidades que pueden mover al espectador medio.

Tanto en las películas de Trapero nombradas anteriormente, -o para traer un ejemplo más cercano en el tiempo, el último film de Ken Loach Yo, Daniel Blake donde muestra cómo  la burocracia estatal puede inclusive matar- este efecto genera el espectador un cimbronazo producido por el reflejo de una realidad cruda.

¿Pero qué tipo de cimbronazo puede generarle al espectador de clase media-baja lo que pasa dentro de una facultad? Así es que El Estudiante parece ser una película que muestra un mundo político, pero no tiene ningún efecto político en sí mismo. El film se limita a llegarle a dos tipos de espectadores: a los militantes o estudiantes que pueden juzgar cuán real es el mundo que pinta Mitre o buscarse de fondo en los planos generales por los pasillos de Marcelo T. (interpelando así a los convencidos pero sin buscar convencer), o a algún adolescente hormonal que acaba de terminar el secundario y se decide a estudiar en Sociales (porque Lamothe tiene sexo con tres personas diferentes en tan solo hora y media de película).

Este primer film de Mitre fue bien recibido por una parte de la crítica. Seria errado tratar de juzgarlo por bueno o malo, como si no existieran puntos altos y bajos en la obra. Lo que sí se puede decir es que en relación al recorte específico que busca este artículo, El Estudiante no cumple.

Vale aclarar que estamos hablando de la opera prima de Mitre, y si bien no era un novato en el mundo cinematográfico para entonces, un largometraje no es comparable con otro tipo de participaciones.

Mitre volverá  a los cines cuatro años más tarde con La Patota. En el próximo artículo nos dedicaremos a pensar cómo lo político actúa en ese film, así como también lo hace en La Cordillera, su último y exitoso producto, actualmente en cartelera.

Facundo Rodríguez

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