Cultura

17 septiembre, 2017

Encuentro Lúdico: el “Monopoly”, ¿contra la propiedad privada de la tierra?

Aunque pueda sonar sorpresivo, el Monopoly fue creado en EE.UU. hace más de un siglo como herramienta educativa contra la apropiación y concentración privada de tierras. En esta edición de Encuentro Lúdico recorremos su poco conocida y atrapante historia.

Aunque pueda sonar sorpresivo, el Monopoly fue creado en EE.UU. hace más de un siglo como herramienta educativa contra la apropiación y concentración privada de tierras. En esta edición de Encuentro Lúdico recorremos su poco conocida y atrapante historia.

La versión actual del Monopolio, lanzada desde 1935, está entre los juegos de mesa más vendidos del mundo. Aggiornada a la temática agropecuaria por Lugano Toys, desde 1942 se convirtió en un clásico argentino: El Estanciero. ¿Quién no ha intentado apropiarse de nuestras provincias, ferrocarriles, establecer estancias, comprar cada vez más propiedades hasta ser el dueño de todo y hacer quebrar a amigas, amigos y familiares cobrándoles alquileres impagables? Pero el darwinismo social que reproducíamos lúdicamente se ubica en las antípodas de las motivaciones que lo originaron.

Busquemos ese origen. La acelerada expansión económica iniciada tras el triunfo del bloque industrialista en la guerra civil norteamericana, vino acompañada por significativas transformaciones sociales. Irían surgiendo nuevos sujetos colectivos, con demandas propias.

SingleTaxEntre esas voces, Henry George (1839-1897) cuestionaba que gran parte de la riqueza creada por los avances sociales y tecnológicos es capturada por terratenientes y empresarios monopolistas. Veía como, en una economía de libre mercado, la concentración de riqueza es causante de la pobreza. En su difundido libro Progreso y miseria (1879) proponía: “Debemos hacer que las tierras sean propiedad común”. Propulsó el Impuesto Único para nacionalizar la renta del suelo a través de ese gravamen.

Estas ideas influenciaron a Elizabeth “Lizzie” Magie (1866-1948), una creativa feminista que también se comprometió con las ideas georgianas del Sistema de Impuesto Único. Para enseñarlas y difundirlas en sus espacios de pertenencia ¡diseñó un juego de mesa!: The Landlord’s Game (El juego del propietario).

Magie registró la versión original en 1904 (US #748.626). Una ingeniosa novedad es que proponía dos mecánicas de juego, una solidaria/colaborativa y otra competitiva por eliminación. Buscaba que los jugadores experimentaran tanto el expulsivo y vigente sistema de apropiación de tierras como los beneficios para el conjunto de la sociedad que generarían medidas que evitan la apropiación privada del suelo.

Tablero-MonopolyEn la variante “Prosperidad”, cada vez que alguien adquiría una nueva propiedad, cada jugador obtenía una ganancia; esto reflejaba la política del impuesto único sobre la tierra. También proponía una victoria ¡colectiva!, cuando el jugador que había empezado con menos dinero lograba duplicarlo. En cambio, con las reglas “Monopolistas”, los jugadores van adquiriendo propiedades y cobrando renta a sus “inquilinos”; quien logra hacer quebrar al resto emerge como único ganador.

Tras caducar la patente inicial en 1921, Lizzie registró una nueva versión en 1924 (US #1.509.312), incorporando algunas modificaciones en el tablero. Durante las décadas de 1920 y 1930, el fin educativo del juego se iba realizando paulatinamente. Versiones caseras de El juego del propietario circulaban en campus universitarios, también entre comunidades cuáqueras, incluso con modificaciones de las reglas y el tablero.

Pero sería el enorme impacto de  la Gran Depresión de 1929 el que prologaría la masificación del Monopoly. Charles Darrow, uno de los tantos desocupados que dejó la profunda crisis capitalista, comenzó a hacer copias del juego y comercializarlas, lo registró como propio (US #2.026.082) y se lo vendió a Parker Brothers. Cuando se divulgaron los orígenes reales del juego, la empresa compró la patente de Magie, pero al lanzarlo en 1935, lo hizo con un único sistema de reglas, el que celebra el triunfo individual aplastando a los demás. Esa carga ideológica fue reforzada desde lo publicitario, afirmando que el inventor del juego era Darrow, quien lo había desarrollado en los duros años ´30 para mantener a su familia, lo vendió a la empresa y se convirtió en millonario.

Así, la impronta transformadora de El juego del propietario fue olvidada por varias décadas. Asimismo, recién en 1973 fue recuperado el rol de Lizzie como creadora del juego. Ralph Anspach, profesor de la Universidad Estatal de San Francisco, creó el Anti-monopolio, de mecánica muy similar pero con orientación librecambista. Por el uso del nombre, enfrentó y terminó ganando una larga batalla legal contra los Parker Brothers. Mientras investigaba el caso, descubrió las patentes originales del Monopolio.

​La simplicidad de su mecánica y la exaltación de la voracidad capitalista influenciaron en su impacto y difusión planetaria. Inclusive, gracias a su fama y a los convenios de Ginebra, durante la Segunda Guerra Mundial el Monopoly fue uno de los juegos usados por la inteligencia británica como “arma secreta” contra los nazis. Desde 1941, el MI9 hizo llegar ediciones limitadas del juego a los soldados de “su majestad” capturados por el nazismo. Cada caja ocultaba documentos falsos, datos y mapas. No se ha informado cuántas fugas propició, ya que las pruebas fueron destruidas tras la guerra, por si era necesario volver a usar el efectivo artilugio.

La influencia de este tradicional juego, constreñido a “enseñarnos” a especular y asfixiar económicamente a los oponentes para alcanzar la cima del “empresario exitoso”, sigue hasta nuestros días. Pero también se han creado readaptaciones lúdicas que retoman otras ideas y valores sociales. El año pasado conocimos la opción cooperativista, el Coopolis. Próximamente presentaremos dos adaptaciones más: la versión boliviana, el Evopolio, y una creación surgida en la Cuba revolucionaria, donde la clave para ganar es la integración de los endeudados jugadores para hacerle frente al FMI.

Julián Fernández – @julianlautaro

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