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El machismo del fútbol: la hipocresía se vuelve moda

El machismo del fútbol: la hipocresía se vuelve moda
septiembre 21
20:23 2017

Por Sebastián Tafuro. La condena a Alexis Zárate, actual jugador de Temperley, a seis años y medio de prisión por haber abusado sexualmente de Giuliana Peralta en 2014 desató una catarata de opiniones que han dejado claro cuánto falta avanzar en la problemática de género en el mundo del fútbol.

La preocupación por el hecho de “una carrera cortada” antes que los efectos generados en la víctima -sin hacer mención a que esa carrera es cortada producto de sus propias acciones y no de un guiño desafortunado del azar- es sólo una muestra del enfoque en el cual se han centrado la mayoría de los medios de comunicación. Por su parte, la decisión del club de licenciarlo por tiempo indeterminado, la opinión de algunos jugadores -Leonardo Di Lorenzo e Ignacio Boggino en el programa de radio que conducen, Final del Juego- condenando la violencia de género y hablando de concientizar a los más jóvenes del plantel parece afortunadamente un pequeño avance que contrarresta las lógicas de un espacio tradicionalmente machista y conservador. ¿Podrá haber un antes y un después con este caso, como señaló la periodista Angela Lerena en Twitter?

A veces los hechos no habilitan a interpretaciones, son hechos y punto. Lo sucedido con Zárate está claro y en ese sentido actuó la Justicia, aún con un fallo de menor dimensión al solicitado por la querella. ¿Por qué esa necesidad de embarrar la cancha -valga la metáfora- donde el condenado pasa a ser una pobre víctima mientras que quien sufre la violencia se convierte en una “chica fiestera” como dijo Ari Paluch, como si eso fuera motivo para violarla? Es simple: se llama patriarcado y uno de sus indicadores principales es la complicidad machista o los “pactos de caballeros” como los denominara Natalia Arenas en esta excelente nota.

Pactos o complicidades que no sólo se expresan en este caso, sino que, por ejemplo, tienen su arraigo en la figura de un Héctor “Bambino” Veira, eternamente festejado por su jocosidad, por su interminable capacidad de generar frases para la historia, pero poco indagado por lo que fue la violación a un menor allá a principios de los 90, lo que le valió una condena -exigua, pero condena al fin- de la Justicia pero, a la luz de su derrotero posterior, una especie de absolución social, potenciada en el entorno futbolero. El famoso cántico de “todos con el culo en la pared, llegó el Bambino…” es la expresión más burda, aun recordándole a Veira los sucesos, de que un hecho de suma gravedad se había convertido en estrofa graciosa en todas las canchas.

Acá vale enfocarse en el fútbol a partir de sus especificidades. Está claro que no es una esfera separada de la sociedad sino que es un mundo donde, además del arraigo del machismo -aunque en niveles más elevados que en otros espacios-, hay un culto a la hipocresía muy fuerte.

Lo dijimos en su momento: un jugador como el Lobo Cordone, con dos doping positivos por consumo de marihuana, recibió más repudio -con efectos negativos en su carrera- que un Ricardo Centurión, denunciado por violencia de género por su ex pareja. Un Mauro Icardi todavía sigue siendo acusado de “sin código” por haberse puesto en pareja con Wanda Nara, que en ese momento estaba casada con Maxi López, aparentemente mejor amigo del actual delantero del Inter. ¿Pero cuántos levantaron la mano para enfocar a Jonatan Fabbro, cuya ahijada de 11 años confirmó hace unos días en un testimonio en Cámara Gesell que éste abusó de ella durante varios años?

Volvamos a Zárate. En el hecho de 2014 no es él solamente quien está involucrado. Giuliana Peralta estaba en ese entonces de novia con Martín Benítez y se habían quedado a dormir en la casa de otro amigo, Nicolás Pérez. Todos jugaban en Independiente. Benítez lo primero que hizo fue pedirle a Giuliana que no lo denuncie. “No quiero que se me pudra todo en el club”, fue uno de los mensajes de chat que le envió a la persona con la que salía hace dos años. Pérez en tanto intentó justificar a su amigo: “Estaba borracho. No sabía lo que hizo, se quiso morir”. Ambos están procesados por falso testimonio y encubrimiento. Ninguno pensó por un segundo en la integridad de Giuliana, todos estaban preocupados por sus futuros con la pelota. Más complicidad que la vivida aquí es difícil de encontrar. Que quede claro un enunciado fundamental: cuando una mujer dice no, es no.

La sociedad argentina ha dado importantes pasos en relación a la problemática de la violencia de género. El movimiento “Ni Una Menos”, de carácter masivo, ha puesto en agenda ese punto pero va mucho más allá. No sólo se trata de condenar el extremo -es decir, el femicidio- sino de generar un profundo cambio cultural en el cual una pollera corta no habilita una descalificación -“chica fiestera”- y a posteriori una violación. En el cual la aparición de una piba que estuvo desaparecida por varios días no puede jamás dar lugar a sospechas sobre ella -como pasó hace poco en el caso de Bryanna, quien reapareció tras cinco días en un local de Mc Donald’s en Flores- en una perspectiva parecida al tristemente célebre “algo habrán hecho”. Porque finalmente queda flotando en el aire la idea de que los “puntos medios” no son condenables y sólo ante el femicidio aparece la indignación e incluso allí hay frases del estilo “una chica no puede estar sola a las cinco de la madrugada”, tal como expresara Chiche Gelblung luego del asesinato de Micaela García.

El fútbol, como hecho cultural masivo, tiene una enorme potencialidad para transmitir mensajes. El caso de Alexis Zárate pone sobre la mesa, por un lado, la impunidad con la que conviven algunas personalidades por el sólo hecho de ser famosos, como ocurre también -y cada vez con mayor frecuencia- en el mundo del rock. Y por otro, una reflexión aguda sobre el mismo podría abrir la puerta al cuestionamiento de ciertos discursos que atraviesan a todos los protagonistas, desde los hinchas hasta los dirigentes. De ocurrir eso, habrá sido una señal positiva para el deporte que nos apasiona pero será la sociedad toda la que se verá atravesada por sus efectos.

@tafurel

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