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Ernesto “Che” Guevara: sanador de todos los pueblos (I)

Ernesto “Che” Guevara: sanador de todos los pueblos (I)
octubre 09
16:35 2017

-Entonces abro los ojos en la oscuridad y me digo, cuando todavía dura el sonido, “Levántate y camina como un león”.

Haroldo Conti – Como un León

Por Mariano Salerno. El 14 de Junio de 1928 nació en la ciudad argentina de Rosario Ernesto “Che” Guevara. Hijo de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, se mudó con su familia en varias oportunidades hasta radicarse en la ciudad de Buenos Aires, donde estudiaría Medicina. Jugador de rugby e investigador docente, el joven Ernesto emprendió poco antes de graduarse un viaje por América Latina donde palpitó de cerca las injusticias y los dramas de todo un continente.

Una vez graduado de la Universidad de Buenos Aires, emprendió un nuevo viaje por distintos países de América Latina. Fue en México donde conoció a Fidel Castro y su grupo, al cual se sumaría en principio como médico de un equipo que meses después desembarcaría en costas cubanas para realizar una de las hazañas más gigantes de la historia moderna: la revolución cubana.

Médico, dirigente político, estratega militar, fotógrafo, periodista, economista. La vida del propio Che fue mutando en los procesos políticos que lo tuvieran como protagonista. Cada una de estas facetas atravesadas por la idea potente de la construcción del Hombre Nuevo, la obsesión contagiosa de que otra sociedad distinta, más justa y libre, era posible.

¿Cuáles son los legados que nos deja una de las figuras más importantes del siglo XX? ¿Cómo recuperar su mensaje sin caer en lugares comunes? ¿Cómo leer en clave histórica a este símbolo descomunal de los luchadores del mundo?

La lucha por la liberación y una pedagogía de la sanación

La figura del Che Guevara recorre el mundo quizá como ninguna otra figura política lo haya hecho nunca en la era moderna. Símbolo universal de quienes luchan, es evidente que la potencia de su mensaje tuvo (tiene) la llave de los corazones de casi todo aquel que pelee contra alguna injustica en cualquier recoveco del planeta.

De ahí su comparación con otras figuras que han perforado los límites geográficos para alojarse en las esperanzas y los sentimientos de millones de personas a nivel mundial. Quizá la más común en el caso del Che sea su paralelismo con Jesús. Las razones son evidentes: sus semejanzas estéticas, su edad (ambos irrumpen en la lucha social y política alrededor de sus 30 años), su dedicación a la lucha de los humildes y su determinación a la hora de enfrentar los poderes de turno, entre otras. Dice Haroldo Conti en su cuento “Con Gringo”, ficción dramática del fusilamiento del Che en Higueras, Bolivia: “Después viene la cabeza del hombre que se bambolea a un lado y otro, como el Cristo de Lagunillas la vez que lo sacan para la Cuaresma y lo pasean de una punta a otra del pueblo”.

Hay otros elementos importantes que unen a ambas figuras con la de otros/as líderes populares masivos: la resignación por los privilegios individuales, su militancia de la esperanza, la primacía de lo colectivo por encima de lo individual, el mensaje contracultural que cada uno construye en determinado momento histórico y su potencial sanador. El líder popular encarna procesos de esperanza que combaten la resignación y el ultraje al que son confinados los humildes en sistemas sociales desparejos.

Los mensajes de estos referentes necesariamente tocan intereses poderosos. Existe una hegemonía social, un discurso dominante de los poderosos que penetra en las clases populares y se reproduce en función de los intereses de los mismos poderosos. Mientras más fragmentados y enfrentados se encuentren los humildes, mientras más individualistas, egoístas y competitivos sean entre sí quienes trabajan para comer todos los días, mucho mejor para quienes se benefician del trabajo ajeno.

Existe además otro factor común que aglutina estos procesos: la vinculación entre individualismo, enfermedad y pecado. Jesús impone las manos, sana, mientras invita a sus fieles a dejar todos sus bienes y a perdonar a otros pecadores para sumarse a un proceso colectivo. El Che combate y ocupa distintos lugares en el escenario político mundial mientras hace una invitación parecida: la generación de nuevos vínculos, la necesidad de dejar atrás una sociedad “vieja” de mezquindad y egoísmo, la construcción de un nuevo mundo.

Hay entonces en todo proceso opresivo, independientemente del lugar en el mundo y del momento histórico en el que se dé, una carga fuerte de pecado, de individualismo, de enfermedad. Pecado en su más profundo sentido social, en términos de enfermedad de masas, de individualismo y competencia. El pecado como garante de la dependencia política de los pueblos.

Decía Eva Perón: “Yo sé que Dios está con nosotros porque está con los humildes y desprecia la soberbia de la oligarquía, y por eso la victoria será nuestra”.

Jesús, el Che y Evita entienden la relación política entre pecado y dependencia. Encaran, cada uno a su manera y con sus herramientas, procesos políticos que los ubican protagonizando luchas colectivas que unifican y orientan esfuerzos individuales, que buscan la Salud en la vía de la eliminación de las opresiones, que identifican la solidaridad con el hermano y la hermana como la razón de ser de estas luchas, y que culminarán- o no- en la gracia de la liberación política de esos pueblos. El contrapunto a la propuesta de los opresores encuentra una relación estrecha entre lo colectivo, la salud, la lucha y la liberación política.

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