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Pirlo: el adiós al último gran cerebro del fútbol italiano

Pirlo: el adiós al último gran cerebro del fútbol italiano
octubre 17
16:32 2017

La definición de las Eliminatorias en todo el planeta de cara al Mundial de Rusia del año que viene opacó una triste noticia para el mundo del fútbol que se disparó a principios de la semana pasada: el talentosísimo volante italiano Andrea Pirlo anunció que, al finalizar la temporada de la MLS -donde se encuentra jugando en el New York City FC-, se retirará del deporte en el que supo brillar, a partir de una enorme capacidad de lectura del juego, una pegada excelsa y una elegancia contracultural. Multiganador en Milan, Juventus y la Selección italiana, con la cual se coronó campeón del mundo, a sus 38 años Pirlo dice adiós y aquí repasamos sus páginas más gloriosas.

“Todo lo que busco en el campo de juego es un espacio para ser yo mismo. Un espacio para profesar mi credo: tomar la pelota, pasarla a un compañero que anota. Se llama asistencia y es mi forma de repartir alegría”. Toda una declaración de intenciones la que realiza “El Arquitecto” -uno de sus apodos majestuosos- en su autobiografía Pienso, luego juego, parafraseando al filósofo René Descartes.

En tiempos donde el concepto de intensidad se impone y donde los “velocistas” ganan terreno por sobre los cerebrales, rescatar el legado de Pirlo a la hora de parar la pelota y evaluar el mejor curso de acción es una obligación para quienes no nos resignamos a que esos jugadores desaparezcan del campo de juego. El dueño de la (a esta altura histórica) camiseta 21 disfrutaba y nos hacía disfrutar eso: un enganche, una asistencia con la cabeza bien levantada, una pisada, un caño y, por supuesto, su guante de seda a la hora de ejecutar tiros libres, especialidad que tiene su historia y su aprendizaje.

Precisamente en este rubro Andrea comparte junto con el serbio Sinisa Mihajlovic el récord de cantidad de tiros libres anotados en el Calcio con 28. Para desarrollar una habilidad semejante Pirlo tuvo una inspiración: el brasileño Juninho Pernambucano, quien convirtió a lo largo de su carrera nada más ni nada menos que 75 tiros libres, una cifra sencillamente escandalosa. Y también lo relata muy bien en su libro: “Lo estudié concienzudamente, coleccioné sus DVDs, incluso viejas fotografías de partidos que él había jugado. Así entendí que el suyo no fue un descubrimiento inmediato, sino que le costó paciencia y perseverancia. Desde el principio, ya me di cuenta de que golpeaba la manera de forma diferente. Veía el ‘qué’, pero no el ‘cómo’. Y entonces comencé a imitarle en la cancha, aunque al principio sin mucho éxito”. Aunque finalmente lo lograría hasta graduarse como un maestro en este arte: “Esencialmente, la pelota debe ser golpeada en su parte baja, utilizando tus tres primeros dedos. Mantienes tu pie recto y después lo relajas para un buen disparo. De esa manera, el balón no rueda en el aire, sino que se baja rápidamente hacia la portería. Es entonces cuando empieza a rodar”.

Con esa calidad indisimulable, Pirlo además integró grandes planteles donde cosechó una notable cantidad de éxitos. Fue un total de 19 títulos los que cosechó, desde aquel ascenso en Serie B con el Brescia hasta el doblete con la Juventus en 2015, donde sólo le quedó la espina de la final de Champions League que terminaría ganando el Barcelona de Messi y Luis Enrique. Es imposible no recordar, en medio de aquellos festejos, abrazos como el de Xavi a ese gran jugador que empezaba a transitar los últimos momentos de su carrera.

Sus etapas más significativas fueron en el Milan y en la Vecchia Signora. En el Rossonero jugó 10 años -entre 2001 y 2011- y obtuvo nueve consagraciones, de las cuales la gran mayoría sucedieron antes de 2007. Las dos Champions League obtenidas en 2003 y 2007 aparecen en lo más alto, junto con el Mundial de Clubes de ese último año en el cual los de Carlo Ancelotti derrotaron a Boca (que a su vez en 2003 se había quedado con el duelo entre ambos en una definición por penales que tuvo como héroe a Roberto Abbondanzieri). La decepción más fuerte estuvo en la caída de la Champions del 2005 ante Liverpool que remontó un 0-3 y terminó celebrando desde los doce pasos.

En la Juve fue cosecha constante, pero todo reducido al plano local. Consiguió cuatro scudettos consecutivos entre 2011 y 2015, iniciando un camino que tendría dos títulos más al hilo ya sin él en cancha. Copa Italia y Supercopa en dos ocasiones completaron una especie de triunfo permanente en las 4 temporadas que disputó.

El capítulo de la Selección italiana merece un párrafo aparte. Jugó 116 partidos y 3 Mundiales. Se colgó la corona europea del Sub 21 en el 2000 y el instante más glorioso fue la conquista de la Copa del Mundo en 2006. Allí, Pirlo disputó los siete encuentros, anotó un gol contra Ghana en la primera fase y generó tres asistencias, dos de ellas vitales. El pase magistral a Grosso en la semifinal contra Alemania y el centro a Materazzi en la final contra Francia, símil Riquelme a Ayala en esa misma competición. Después vendrían dos Copas más con eliminaciones tempraneras en primera ronda, pero ya tenía ganado el cielo tano.

En un fútbol históricamente caracterizado por el catenaccio defensivo -aunque en la actualidad aparece problematizado ese espíritu- los buenos pies siempre destacan por sobre la media. Pirlo aparece como uno de los grandes referentes de un tratamiento exquisito del balón y un talento a prueba de grandes desafíos. Sin duda alguna que se lo va a extrañar.

Sebastián Tafuro – @tafurel

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