Derechos Humanos

18 octubre, 2017

Santiago Maldonado y horas de angustia: por qué decimos que el Estado es responsable

Un repaso de la investigación sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado luego del hallazgo de un cuerpo que podría develar la verdad. Los puntos más importantes que apuntan a la Gendarmería y al gobierno nacional como los principales responsables.

El cuerpo hallado este martes todavía no puede identificarse como el de Santiago Maldonado y la familia insistió en esperar los resultados de la autopsia. Pero vale preguntarse, en caso de que se confirmara su identidad, ¿por qué fue encontrado en un lugar donde ya se habían realizado otros tres rastrillajes? ¿Por qué jamás se habían utilizado perros especiales para identificar cuerpos bajo el agua, pese a que, para el anterior juez a cargo -Guido Otranto- Maldonado podría haberse ahogado?

Algo es seguro. Si efectivamente se tratara de Maldonado, todo conduce a la hipótesis de que el cuerpo fue “plantado”. Eso mismo afirmó en la conferencia de prensa de este miércoles Sergio Maldonado, el hermano de Santiago.

Pero sin dar mucho más lugar a las conjeturas, que serán develadas por la autopsia oficial en los siguientes días, es importante hacer un repaso a los puntos más fuertes de la investigación. Existen numerosas pruebas que apuntan a la Gendarmería y al Estado como los responsables de la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Noceti y la “caza” de los mapuches

Por empezar, vale señalar que Santiago Maldonado desapareció tras una represión que no contó con orden judicial para ingresar a territorio mapuche. Tras el hecho, varios testigos afirman haber visto cuando el joven era golpeado por gendarmes y cargado a un camión.

Mientras las afirmaciones de los mapuches siempre fueron las mismas, los testimonios de los gendarmes se contradijeron muchas veces. Incluso, entre las comunicaciones telefónicas analizadas en la investigación, llegaron a hablar de “un detenido”.

Pero la participación del jefe de Gabinete de Patricia Bullrich, Pablo Noceti, es uno de los hechos que vinculan directamente a la fuerza de seguridad con el gobierno nacional. Noceti estuvo horas antes en el lugar y se sospecha que comandó la orden de represión. Hay testimonios que lo afirman y existen imágenes que lo respaldan.

Vale aclarar que Noceti fue defensor de genocidas juzgados en juicios por lesa humanidad y previo a la represión que terminó con la desaparición de Santiago, se había jactado de “cazar” a los mapuches que por entonces protestaban por la liberación de su lonko, Facundo Jones Huala.

Pero existen más pruebas que comprometen a la Gendarmería y a los responsables del operativo del 1ro de agosto. El testimonio del oficial Emmanuel Echazú es clave. Fue uno de los pocos gendarmes que llegó hasta la vera del río donde desapareció Santiago. Fue herido dentro del predio, pero la Justicia todavía está intentando identificar cómo. Echazú se presentó el viernes espontáneamente como imputado en la causa.

Otro de los hechos que no fueron explicados fue la acción de un grupo de gendarmes que tardó doce horas en volver a su base luego del operativo. Además ese mismo día una camioneta recorrió 600 kilómetros horas después. Todavía no se sabe hacia dónde y por qué. Todo indicaría que ese grupo fue el que condujo la camioneta, que viajo cientos de kilómetros sin alguna explicación.

Para agregarle mayor sospecha, la abogada de la familia Maldonado, Verónica Heredia, contó que los libros de guardia de la fuerza habían sido “modificados”.

Entre otros datos que han pasado desapercibidos, se encuentra el del periodista cercano a la Gendarmería, Ricardo Alejandro Bustos, quien horas después del operativo afirmó que se “había detenido a una persona de apellido Maldonado”.

Para los escépticos y de declaraciones con una malicia inobjetable como las de Elisa Carrió, es importante recordar que en los primeros rastrillajes en búsqueda de Santiago, se encontraron pertenencias del joven, que comprueban que este estuvo allí al momento de la represión. Además se hallaron cartuchos de goma y balas de plomo.

El martes, tras un allanamiento a un cuartel de Gendarmería, se halló una foto del 1ro de agosto en la que se ve correr a una persona similar a Santiago, con una campera celeste, tal como había declarado el testigo clave, Matías Santana.

Otra aclaración: Prefectura negó la posibilidad de que Santiago se haya ahogado en el río en la primera semana de la investigación. Algo que, sin embargo, el juez Otranto sostuvo como hipótesis y que no extrañaría volver a escuchar en caso de que se confirme que el cuerpo encontrado es el de Maldonado.

Una ministra que encubre

Por su parte, el rol de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue nefasto: defendió a la Gendarmería a pesar de que la propia investigación giró hacia una “desaparición forzada”. Dio a conocer el nombre y el apellido de una persona que tenía identidad reservada y se jactó de “bancársela” y de no “tirar un gendarme por la ventana”, pese a que lo importante era la búsqueda real de Santiago Maldonado. Para colmo, junto a la complicidad grotesca de los grandes medios de comunicación, intentaron instalar la hipótesis de la responsabilidad mapuche.

Por el contrario, las teorías falsas que fueron instalando los medios se desmintieron una por una.
Todo esto mientras el gobierno nacional no daba explicación alguna y el presidente Mauricio Macri apenas dio una declaración fría cuando fue consultado por un periodista arriba de un ascensor.

Recién el 10 de septiembre -un mes y días después de la desaparición de Santiago- el Ejecutivo nacional entregó al juez “información relevante”. Debido a estas irregularidades, el fiscal Federico Delgado imputó a funcionarios del gobierno nacional por “encubrimiento”. Un procedimiento que nos remite a los tiempos más oscuros de nuestra historia.

Otranto, el juez que no busca

El rol del primer juez a cargo, Guido Otranto, también tuvo un sabor amargo y pareció un engranaje más de la complicidad. Entre las faltas más dudosas se encuentra que jamás hizo el peritaje de los teléfonos que utilizaron los gendarmes ni Noceti. Esto es clave para saber la ubicación de los integrantes de la fuerza en el momento de la desaparición de Maldonado.

También resta saber qué pasó con la información que circuló entre sectores oscuros y la Gendarmería, que a horas de la desaparición de Santiago contó con personas que le ayudaron a tapar las pruebas. Las camionetas que se utilizaron durante el día de la represión fueron lavadas a pesar de que eran un elemento de investigación. Es por esto que hay sospechas fuertes de que alguien dio la orden a los gendarmes.

A pesar de que la propia Bullrich y otros miembros de la fuerza habían negado que existiera registro fílmico del operativo del 1ro de agosto, varias semanas después se conocieron videos que comprobaban la represión de Gendarmería. Entre los más incriminantes, hay uno en el que oficiales llevan trapos con sangre.

Finalmente, el martes, tras el cuarto allanamiento en el Río Chubut, se encontró un cuerpo que podría tratarse del joven Maldonado. La tarea viene de la mano del impulso que tomó la causa con el nuevo juez, Gustavo Lleral, que como primer gesto que lo diferenció sustancialmente con Otranto, se dirigió a la comunidad mapuche a escuchar personalmente el testimonio de sus miembros.

La persona encontrada estaba solo a 300 metros del lugar donde fue la represión y -dato clave- río arriba, lo que vuelve imposible que -en caso de tratarse de Santiago- el cuerpo haya subido contra la corriente desde el lugar en donde desapareció.

Fue luego de que se utilizara la unidad canina especial para identificar restos bajo el agua. El anterior juez, Otranto, que afirmaba que Santiago se había ahogado, jamás los usó.

Por su parte, la comunidad mapuche -y así consta también en el expediente de la causa- está convencida de que ese cuerpo no estaba antes. Se trata de un territorio que ellos recorren diariamente y en una zona fácil de divisar desde diferentes puntos del Pu Lof.

Pasaron 79 días desde que Santiago Maldonado fue visto por última vez, corriendo de las balas de la brutal Gendarmería.

Julián Pilatti – @tinta_derramada

Foto: Hernán Zenteno / La Nación

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