Medio Oriente

1 noviembre, 2017

Kurdistán, la independencia congelada

Pasó poco más de un mes desde que la región autónoma del Kurdistán iraquí celebró un referéndum por su independencia. Hoy se encuentra sumida en una profunda crisis política tanto interna como externa que ha congelado la transición. Entre presiones económicas de Irán y Turquía y choques con las fuerzas federales iraquíes, el presidente kurdo, Masud Barzani anunció su renuncia este domingo 29 de octubre.

Cuando el 25 de septiembre se celebró el plebiscito que terminó en favor de la independencia de la región autónoma del Kurdistán iraquí, nadie hubiera podido predecir el rumbo que tomaría la región. Parecía abrirse una caja de Pandora con consecuencias no solo para Irak sino también para sus vecinos: Turquía, Siria e Irán, todos los cuales poseen también movimientos que aspiran a la autodeterminación de las comunidades kurdas que allí habitan.

Pero hoy por hoy el gran damnificado parece haber sido el mismo Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), liderado por Masud Barzani y el Partido Democrático del Kurdistán (PDK). No solo resulta que la transición hacia la independencia se encuentra congelada ante la presión combinada de factores internos y externos: el domingo 29 de octubre, Barzani hizo oficial su renuncia como presidente, dejando el cargo el 1ro de noviembre y con él un nuevo vacío de poder y más incógnitas.

Un rey cae de la montaña

Electo en 2005, Barzani logró extender su mandato de manera indefinida tras expirar en 2013, apoyándose en la situación crítica que atravesaba Irak, en especial con la aparición y expansión del grupo Estado Islámico (EI) en 2014.

Nacido en 1946 en la recién fundada República de Mahabad -una experiencia de inspiración soviética en la región kurda del vecino Irán, que tan solo llegó a existir entre enero y diciembre de ese año- desde entonces su familia ha dominado la escena política local. Su padre, Mustafá, fue comandante militar de la República y fundador del PDK. Al morir exiliado en los EE.UU. en 1979, su liderazgo pasó a Masud.

Desde entonces, Barzani ha liderado al PDK con una mezcla de pragmatismo, carisma y autoritarismo al interior de la propia comunidad kurda de Irak, práctica que le ganó tantos aliados como enemigos. Convirtiendo al partido en una extensión de los intereses de su clan, monopolizó la toma de decisiones del GRK desde su conformación en 2005.

Hoy su partido se encuentra frente a una desafiante crisis de legitimidad, potenciada por las acusaciones de la oposición. Aunque la mayoría de los partidos kurdos apoyaron con matices la iniciativa del referéndum, reclamaron también mayor participación en la toma de decisiones y pidieron la reorganización del GRK en un gobierno de unidad nacional para poder normalizar el proceso político y las negociaciones con Bagdad.

Tras el anuncio de su renuncia queda la pregunta abierta de cómo se recompondrá el liderazgo de su partido. Siguiendo las dinámicas del clan, los nombres posibles son asunto de familia: se encuentra su propio hijo, Masrour, jefe del servicio de inteligencia del GRK y con fuertes conexiones con el aparato de espionaje de varios países. Por otro lado está su sobrino Nachervan, jefe de la diplomacia kurda, responsable por varios acuerdos de cooperación comercial y energética con Turquía, hoy en vilo por las represalias turcas ante la independencia. Este último podría ser la opción más atractiva para deshacer el creciente aislamiento diplomático que padece hoy el GRK.

Ajuste de cuentas en Kirkuk

El punto de inflexión llegó entre el 12 y el 16 de octubre, cuando fuerzas federales iraquíes avanzaron sobre los alrededores de la ciudad de Kirkuk. El avance provocó choques esporádicos con las fuerzas kurdas, pero la confusión y los desacuerdos entre sus distintas facciones las empujaron rápidamente a retirarse de la ciudad.

En 2014, cuando la ofensiva relámpago del EI produjo el derrumbe de las fuerzas federales iraquíes, la defensa y control de la ciudad recayó en las fuerzas de seguridad kurdas. En ese entonces, la prioridad de combatir a la amenaza del grupo jihadista enfrío las tensiones. Pero tan pronto como se dio el derrumbe del enemigo común, las disputas entre las autoridades kurdas en Erbil y el gobierno de Bagdad salieron nuevamente a flote.

Kirkuk condensa los desafíos que atraviesan al Estado iraquí y al tejido social del país.  En la ciudad han convivido por siglos varias comunidades étnico-religiosas: kurdos, árabes, asirios y turcomanos, lo cual le confiere a la ciudad un status especial. Ubicada fuera del límite jurisdiccional del GRK, ha estado en el centro de la disputa entre las autoridades kurdas y el gobierno central.

En sus alrededores se halla una de las reservas petrolíferas más importantes el país, representando cerca de la mitad de las exportaciones de crudo. La recaptura de Kirkuk permitirá al gobierno redirigir el flujo de ingresos a sí mismo antes que a la capital kurda, Erbil, dañando la situación financiera de la última. Esta presión cumplirá un rol fundamental en futuras negociaciones.

¿Vuelta al punto de partida?

Mientras tanto, fuerzas gubernamentales continúan avanzando sobre las áreas que reclaman como parte de su jurisdicción. Fuerzas turcas colaborarán con el ejército iraquí para reestablecer el control del gobierno central sobre la frontera común. Pese a la estrecha cooperación que existió entre Turquía y el gobierno de Barzani, la existencia de un Estado kurdo soberano supone una línea roja inaceptable para el gobierno turco.

Pero inclusos potencias externas como los EE.UU., que se ha retratado como un aliado del pueblo kurdo, ha privilegiado su relación con Bagdad por encima de Erbil, por lo que Trump ha elegido mantenerse al margen de la disputa kurdo-iraquí. Desde Washington se teme que tomar partido por un lado acabe por quebrar su relación con el otro, y acreciente la influencia de actores rivales como Irán y Rusia. Moscú ya viene fortaleciendo sus lazos con el Irak por medio de varios acuerdos de cooperación militar y energética en los últimos años.

Para el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, es vital mantener su credibilidad en esta cuestión de cara a las futuras elecciones generales, programadas para abril de 2018. Una victoria que le permita mantener la integridad territorial del Estado le podrá traer un importante capital político que volcar sobre las urnas. Pero deja la pregunta acerca del carácter que deberá tener un Estado iraquí que en su historia reciente no ha hecho más que saltar de una crisis casi existencial a otra.

Julián Aguirre – @julianlomje

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