El Mundo

7 noviembre, 2017

La revolución de los nadies

El 6 y 7 de noviembre -24 y 25 de octubre en el calendario juliano- de 1917 sucedió una de las acciones populares más impensadas de la historia: la Revolución Rusa. Un breve recorrido en tres actos para recuperar su legado.

El 6 y 7 de noviembre -24 y 25 de octubre en el calendario juliano- de 1917 sucedió una de las acciones populares más impensadas de la historia: la Revolución Rusa. Un breve recorrido en tres actos para recuperar su legado.

1er acto: una contribución a la crítica de la economía política

Londres, 1859. Un maduro Karl Marx de 41 años de edad decide escribir un libro que tendrá como eje criticar al sistema capitalista discutiendo con sus principales figuras: Adam Smith y David Ricardo. Dicha crítica, no obstante, busca apuntalar una lectura que permita proyectar una superación del sistema y las formas de que esto sea posible.

En este sentido, intenta esbozar una serie de elementos que permitan figurar una explicación relativamente lógica de cómo se mueve el mundo que resume en una de las oraciones que cobraron notoria importancia en el marco de sus obras: “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización”.

Una parte importante de estos escritos serán incorporados a su célebre obra El Capital en 1867 y, a partir de allí, se conformará como un material de lectura obligatoria para quienes buscan comprender cómo funciona el mundo para luego poder cambiarlo.

2do acto: la revolución contra el capital

Roma, 1917. Un joven Antonio Gramsci redacta para el periódico del Partido Socialista Italiano unas líneas en torno al fenómeno sucedido en los primeros días de noviembre en la lejana Rusia. Pone un título que incita a la incomodidad: “¿Fue una revolución contra el capital? ¿contra qué capital?”.

De esta forma Gramsci busca ubicar en el centro del debate las ideas del marxismo clásico de que era necesaria primero una etapa de desarrollo capitalista para dar pie a la conformación de una burguesía y luego, posteriormente, a un proletariado que -llegado el momento- haría la revolución.

Más provocador es al sentenciar que la lectura de El Capital de Marx para ese entonces no formaba parte de los libros de cabecera de los proletarios sino que, por el contrario, integraba la biblioteca de los burgueses. En este sentido, el intelectual italiano planteó que “los hechos han superado las ideologías. Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico”.

“Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado”, añadió.

3er acto: el Estado y la revolución

Rusia, 1917. Un incansable Lenin se pone a la cabeza de una obra política maestra. Luego de sufrir el exilio y la persecución; y tras casi nueve meses de la revolución de febrero, decide que es el momento de tomar el cielo por asalto en la vísperas del 2do Congreso de los soviets. En este marco, los bolcheviques organizan comités obreros-militares con la finalidad de avanzar sobres las instituciones civiles a fin de tomar en sus manos lo que ya les pertenecía hace tiempo.

La noche del 7 de noviembre comienza la avanzada por la calle de San Petersburgo teniendo como objetivo final el Palacio de Invierno (antigua residencia de los zares y sede del entonces Gobierno Provisional). Toman calles y puentes, se enfrentan a unos pocos guardias que ofrecen una débil resistencia. Se adentran en el banco central, en las oficinas de teléfono y el correo.

Durante esa noche del 7 y la mañana del 8 de noviembre, mientras llevaba a cabo una de las revoluciones proletarias más importantes del siglo XX, los teatros, los comercios y hastas los tranvías seguían funcionando con total normalidad lo que constituiría, sin lugar a dudas, un decorado de lujo.

Este éxito político tuvo su contracara en lo que hace a la obra literaria de Lenin en este período: “Tenía ya trazado el plan del capítulo siguiente, del VII: ‘La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917’. Pero, fuera del título, no me fue posible escribir ni una sola línea de este capítulo: vino a ‘estorbarme’ la crisis política, la víspera de la Revolución de Octubre de 1917. De ‘estorbos’ así no tiene uno más que alegrarse. Pero la redacción de la segunda parte del folleto habrá que aplazarla seguramente por mucho tiempo; es más agradable y más provechoso vivir la ‘experiencia de la revolución’ que escribir acerca de ella”.

Damián Finucci – @damiancitolean

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