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Leandro Morgenfeld: “Trump es mucho más débil de lo que pretende mostrar”

Leandro Morgenfeld: “Trump es mucho más débil de lo que pretende mostrar”
noviembre 13
19:19 2017

El pasado 8 de noviembre se cumplió un año de la elección de Donald Trump como presidente de EE.UU. El historiador e investigador Leandro Morgenfeld analizó en diálogo con el programa “Mondo Bongo” (FM La Patriada), las características de su gobierno tanto en lo que refiere a su política hacia América Latina como dentro del territorio estadounidense.

- A un año de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU,. ¿en qué estado se encuentra el vínculo entre Washington y América Latina?

– La elección de Trump generó un cimbronazo a nivel mundial. En ese sentido para analizarlo es bueno ver qué continuidades y qué rupturas hay en relación a los gobiernos anteriores.

Hay un gobierno permantente de EE.UU. -más allá de quien ocupe la Casa Blanca- que son las grandes corporaciones, el complejo militar-industrial, el entramado de los servicios de inteligencia. Esto acota el margen de acción de los sucesivos gobiernos temporales.

En ese sentido, independientemente de las características de Trump, hay muchos elementos de continuidad en relación a la política exterior y puntualmente de América Latina. Pero también hay singularidades y rupturas que hay que analizar.

- Considerando las continuidades y rupturas, ¿cuáles son las características específicas de la política exterior actual?

– Si uno tiene que pensar la política exterior hay tres características para entenderla. Una: es mucho más unilateral que la que desplegaba Barack Obama que apelaba al multilateralismo. Trump tiene un desprecio por todas las negociaciones, ya sea regionales (por eso se retiró del Acuerdo Transpacífico) o multilaterales: todo el tiempo denosta a la ONU, a la propia OTAN, se retiró de la UNESCO, dice que la Organización Mundial de Comercio (OMC) no sirve.

Donald TrumpLa segunda característica es que se trata de una política exterior mucho más militarista. Deja de lado los elementos del soft power, vinculados con los aspectos de lo que se llama el “imperialismo moral” de EE.UU., es decir la ayuda económica y al desarrollo. Y apuesta por el hard power. Ya tiró más bombas que Obama y aumentó el presupuesto militar.

La tercera es el carácter injerencista. Esa idea de que se iba a replegar y tener cierto aislacionismo se demostró falsa. Esto se puede ver en la posición que tiene contra Cuba, contra Venezuela y en otros lugares del mundo.

Si tenemos que pensar en América Latina podemos ver tres países que están sufriendo esta política. El primero es México con el tema de la extensión del muro, porque hay que decir que desde los años ’90 ya existe y ocupa un tercio de los tres mil kilómetros de frontera.

- En general cuando Trump habla pareciera que no existiera el muro.

– Exacto, hay dos cosas ahí. Por un lado que lo empezó Bill Clinton, lo siguieron George W. Bush y Obama. Y además no va a hacer un muro en toda la frontera. Ahí hay una continuidad.

Pero el hecho de reforzar las patrullas, darle más presupuesto, tener una política más agresiva y denostar discursivamente a los latinos, es un dato preocupante.

Lo otro es que va a reforzar las deportaciones, que también ya existen. Obama deportó entre dos millones y medio y tres millones de personas en sus ocho años de gobierno.

También está el tema de la salida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) que nos lo vendían como una panacea. Era el prólogo del Áreal de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

México padeció muchísimo con el ingreso al NAFTA porque hoy el 80% de sus exportaciones van a EE.UU. Si le cierran un poquito la canilla de las compras el país entraría en una crisis sin precedentes.

- Trump está utilizando la herramienta comercial para presionar. Hace pocos días entraron en vigencia nuevas sanciones contra Cuba que van a afectar al turismo que es clave en la economía de la isla.

– Sí, la intención es poner un torniquete para frenar la avalancha de turistas estadounidenses que llegaron a Cuba entre 2016 y lo que va de 2017. Eso en una isla que tiene hoy una situación económica relativamente compleja, es un problema.

Es decir, no sólo no va a levantar el bloqueo ni devolver el territorio de la base de Guantánamo que ocupan hace 100 años, sino que además está reforzando lo que Obama había aflojado.

Y finalmente el otro país es Venezuela. En agosto hizo la amenaza de una intervención militar directa. Las sanciones económicas de ahora lo único que quieren es impulsar la caída del gobierno que fue revalidado en las elecciones regionales y generar una crisis que haga inaguantable la situación en el país.

- Esta semana hubo ejercicios militares, supuestamente con fines humanitarios, en la Triple Frontera de Brasil, Perú y Colombia con la participación de EE.UU. De eso no se habló mucho pero ¿qué lectura hay que tener al respecto?

– Es algo muy grave y muy preocupante porque Brasil había tenido una política de evitar la injerencia de EE.UU. en una zona estratégica como es la Amazonía.

Ahora el gobierno ilegítimo de Michel Temer convalida un ejercicio militar conjunto con el Comando Sur, Perú y Colombia, de esa forma está permitiendo que Washington meta una pata donde hasta ahora no había podido. Entonces hay una combinación del recrudecimiento del hard power y gobiernos que son proclives a aceptar este injerencismo.

img_8355-copyCuando vemos un discurso que dice que es importante que las fuerzas armadas se involucren en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, se avala la reorientación de estas hacia el control interno. También que vuelvan a ingresar las agencias de inteligencia y tiene que ver además con una cuestión económica que es la venta de armamento.

El complejo militar-industrial está vendiendo más armas que nunca y América Latina, dentro de ese paquete, es un cliente importante.

Por eso Trump es un gran peligro para todos los que pretendemos una relación más equilibrada con EE.UU. Porque tiene una retórica fuertemente racista, por la promoción de las deportaciones, por el fuerte proteccionismo comercial selectivo. Ellos quieren que el resto aplique el libre comercio, pero son muy proteccionistas como lo estamos sufriendo ahora con el biodiesel, pero también con la carne y los limones.

- Durante su campaña Trump utilizó la consigna ‘Make America great again‘ (‘hacer América -EE.UU.- grande otra vez’), mediante la cual ganó mucho respaldo incluso de sectores obreros. ¿Cómo está funcionando la economía estadounidense hacia adentro y cómo se combina con esta política exterior guerrerista?

– Más allá de su discurso en favor de una reindustrialización de EE.UU., hay una crisis o al menos un declive relativo de la hegemonía norteamericana y Trump pretende revertir eso. Además hay que decir que la política económica es muy funcional a los intereses del establishment. De ninguna manera lo está enfrentando.

Wall Street está ganando como nunca antes, puso a un miembro de Goldman Sachs al frente de la Secretaría del Tesoro, tiene un proyecto de reforma impositiva de rebaja brutal de los impuestos a los más ricos y las corporaciones. No está gobernando de ninguna manera en beneficio de los trabajadores y tiene un fuerte discurso antisindical.

Lo único hacia adentro de EE.UU. muy interesante es que está habiendo una resistencia de muchos sectores sociales como no había hace años. No sólo de las minorías, de los inmigrantes, también están las mujeres y el movimiento obrero que están enfrentando esta política que lo único que hace es transferir recursos de los que menos tienen a los que más tienen.

Y Trump es mucho más débil de lo que él pretende mostrar. Por eso los índices de aprobación interna son muy bajos y lo resiste una parte del establishment con lo cual no se puede descartar un posible juicio político.

Esto plantea una posibilidad para América Latina porque si bien muchos gobiernos pretenden alinearse con EE.UU. les es más difícil con Trump porque es uno de los presidentes estadounidenses que más rechazo genera en la región.

Obama era un lobo con piel de cordero, mientras que Trump expresa los valores más reaccionarios de una política imperialista sin demasiados velos.

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