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Cataluña: “El nacionalismo español es reaccionario”

Cataluña: “El nacionalismo español es reaccionario”
diciembre 28
12:50 2017

El doctor en Economía, sociólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, Salvador Cardús, dialogó con el programa “Mondo Bongo” de FM La Patriada para analizar el futuro de la situación en Cataluña luego de las elecciones autonómicas realizadas la semana pasada.

- En las recientes elecciones autonómicas de Cataluña algunos partidos mejoraron su performance, otros retrocedieron, pero en general el equilibrio de fuerzas a favor y en contra de la independencia no cambió demasiado, ¿qué lectura hacés al respecto?

– Sí, el resultado da prácticamente igual que antes si tenemos en cuenta los dos bloques. El que está a favor de la independencia mantiene su mayoría absoluta y tiene casi la misma cantidad de diputados. Y el bloque ‘unionista’ (como se llama aquí), los del artículo 155 que defendían esa ocupación que proclamó el presidente Mariano Rajoy, sacaron el mismo número de votos.

Pero en ese sector ha habido un cambio muy relevante: el partido que gobierna en España, el Partido Popular, ha perdido muchos diputados quedándose solo con tres lo que no le permite ni siquiera tener un grupo parlamentario propio. El electorado ha castigado muchísimo al partido de gobierno.

- Efectivamente los partidos tradicionales están teniendo cada vez menos lugar en Cataluña y como contraparte han crecido fuerzas políticas diversas que tienen hasta miradas irreconciliables como es el caso de Ciudadanos y Esquerra Republicana. ¿A qué se debe esto? ¿Existe una mayor polarización de la sociedad?

– En el plano social la gente convive sin ningún problema. Es una sociedad plural, diversa, abierta. Pero es cierto que a la hora de votar hay una división entre esta mayoría de clases medias que aspiran a tener un Estado propio y unos partidos políticos, los unionistas, que abarcan a las clases más elevadas, con más dinero, y también la parte más pobre o menos culta.

Eso produce esa división en el plano político como cualquier otro país pero que de momento no es de carácter social.

- Si bien planteás que la división es política, también remarcas un corte en términos de clase social…

– Sí, está muy claro en las estadísticas de apoyo a los partidos donde se ve esa diferencia de manera muy clara.

- El Centro de Estudios de Opinión de la Generallitat publicó un informe en el que marcaba que había un 37% de catalanes, hijos de catalanes, a favor de la independencia y otro 37%, de inmigrantes o no catalanes, que está en contra, ¿el origen es un factor para entender el voto?

– El origen no marca de manera determinante estas diferencias. Entre otras cosas porque la mayor parte de la sociedad catalana, casi el 80%, tiene antepasados en España u otros lugares del mundo.

Catalanes con los cuatro abuelos nacidos en Cataluña habrá como mucho un 20%. La mayoría tenemos familiares nacidos en España u otros países.

Los demógrafos explican que la sociedad catalana, en ese sentido, es muy parecida a la Argentina. Tiene movimientos migratorios muy importantes por lo que los catalanes dificilmente lo son de origen.

En ese sentido esa diferenciación puede marcarse en las personas mayores, de más de 60 años, pero no en el resto de la sociedad que está absolutamente integrada.

Yo soy profesor de universidad y en mis clases hay estudiantes que hablan habitualmente castellano, otros que hablan habitualmente catalán, pero unos y otros manejan los dos idiomas con total normalidad. Por eso no quedan diferenciados por cuestiones de origen.

- A lo largo de este proceso se han utilizado una multiplicidad de conceptos. Se habla de catalanismo, nacionalismo, independentismo, secesionismo… ¿cuál es la naturaleza del reclamo en Cataluña?

– Es una cuestión muy interesante pero de mucha complejidad. Las palabras pueden ser utilizadas desde el punto de vista más académico, más analítico pero también sirven como armas arrojadizas. Por ejemplo aquí el término “nacionalista” tiene connotaciones negativas por lo que unos a otros se acusan de eso.

Pero en un sentido más analítico, lo cierto es que en esta confrontación hay un nacionalismo político que reivindica el ser-nación en Cataluña y que piensa que para asegurar el futuro de esta nación -en el sentido de la prosperidad, justicia y democracia- necesita un Estado.

Y hay un nacionalismo español que se resiste a perder una parte de su territorio. Es un nacionalismo reaccionario, que defiende la “unidad de la patria”. Eso en Latinoamérica no hay que explicarlo mucho pues ya conocen la historia del nacionalismo español cuando intentó conservar sus colonias.

Entonces hay un conflicto entre dos proyectos políticos: uno que es de carácter unionista, que considera la unidad territorial como algo sagrado, y un proyecto de futuro pensando en superar las limitaciones democráticas que tiene un Estado como el español que sigue siendo profundamente autoritario.

Era difícil de imaginar, incluso aquí en Cataluña, que Mariano Rajoy y el Partido Popular fueran a suspender un parlamento y a un gobierno elegido democráticamente poniendo en la cárcel o enviando al exilio a sus dirigentes. Eso es una situación que en Europa no tiene comparación.

El Estado español no quiere hablar, no quiere dialogar sobre la posibildad de un referéndum de autodeterminación. Entonces la confrontación está clara.

En ese sentido los términos y las palabras que se utilizan tienen que ver también con las tradiciones políticas. Los catalanes independentistas hablan de soberanismo, del derecho a la autodeterminación de los pueblos. En cambio desde el Estado español se suele utilizar el término “nacionalistas” como si fuera algo despectivo y negando que también lo es.

- ¿Cuáles son ahora las perspectivas o posibilidades, luego de las elecciones, de encontrar una salida para esta crisis?

– Mi posición es que la única salida posible es el diálogo. Que se sienten en una mesa el gobierno catalán, que va a surgir de esta elección, y el gobierno español para buscar una solución razonable en la que los catalanes puedan decidir su futuro a través de un referéndum aceptado por las dos partes como se celebró en Quebec (Canadá) o en el Reino Unido en Escocia. Eso sería lo deseable.

Ahora más allá de lo que yo quiero que pase, la situación es mucho más complicada porque da la impresión que el gobierno español no está dispuesto en ningún caso a entablar un diálogo.

Si Carles Puigdemont vuelve a Cataluña lo más probable es que lo encarcelen y entonces volveríamos a estar en el punto en que quedaron las cosas en el mes de octubre. Una situación de no salida política.

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