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Claves para entender el cine argentino en 2017

Claves para entender el cine argentino en 2017
diciembre 29
19:45 2017

En la última semana del año, el cine argentino se vio sacudido por el fallecimiento del mítico director Fernando Birri y por el despido de 180 trabajadores y trabajadoras de la Televisión Digital Abierta. Echar un vistazo a los últimos días del 2017 sirve para obtener una impresión de la densidad histórica del último año para las cámaras de nuestro país.

Abril fue un mes bisagra para el cine argentino. No fueron los estrenos en ciernes o el comienzo de temporada de algunos de los festivales que inundan nuestras ciudades, tal como el BAFICI. La noticia fue apabullante: luego de una operación mediática a cargo de Eduardo Feinmann, el entonces director del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales fue obligado a renunciar de su cargo. Numerosas asambleas se diseminaron por la ciudad y el Gran Buenos Aires repudiando este hecho. Luego le siguió la renuncia del director de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) para terminar con la asunción del vicepresidente del Instituto, Ralph Haiek, un norteamericano proveniente de la producción televisiva privada. Tan solo un comienzo de lo que sería el año en mayor alerta cinematográfica de la historia.

La condensación histórica del séptimo arte en nuestras tierras también pasó por lo ocurrido estrictamente en los cuatro cuadros de la pantalla: la gran vuelta de Lucrecia Martel se esperó durante años. Luego de su último estreno hace casi una década (La Mujer Sin Cabeza, 2008), Zama llegó a las pantallas para destruirlo todo. En un buen sentido: voló por los aires la concepción de un cine ambientado varios siglos en el pasado, detonó la configuración de un cine latinoamericano y reventó los límites que construyen un cine de la nueva oleada feminista.

Esto se tradujo en las alabanzas de la crítica y su exitoso recorrido por Festivales de Cine. Esta película fue especial no solo por sus repercusiones sino por lo difícil de su recorrido. Más de un problema en la pre-producción significó la co-participación de numerosas productoras internacionales, retrasando su estreno durante varios años, incluso por una enfermedad de Martel.

Otra vuelta (con una espera muchísimo menor) dio que hablar, y fue la de Santiago Mitre. Luego de La Patota (2015) volvió al cine con trama política que le dio la fama en 2011 tras su debut con El Estudiante. La Cordillera (o El Presidente, como se conoce afuera y como hiciese con La Patota o La Paulina, cambiándole el nombre según donde se estrene), protagonizada por Ricardo Darín, relata la historia de un presidente argentino de gira en una cumbre con mandatarios de la región en el país vecino de Chile. Pendiente de la opinión pública, intenta que no se revelen oscuras tramas de su pasado que podrían llegar a afectar su imagen, amenazada por la visita inesperada de su hija (interpretada por Dolores Fonzi). Siguiendo el tono anti-política que recorre toda su obra, la tercera película de Mitre tuvo gran repercusión en la prensa nacional e internacional.

Del lado opuesto e inmersa en la profundidad porteña, Anahí Berneri arrasó con todo y con todos de la mano de la chica superpoderosa Alanis, encarnada por Sofía Gala. Con la historia de una prostituta que queda en la calle luego de una pelea con el dueño de su departamento, debe enfrentar la noche porteña y los prejuicios de propios y ajenos con su pequeño hijito en brazos. Lejos de los golpes bajos y una puesta en escena afiladísima, la dupla Gala – Berneri viene obteniendo una seguidilla de premios en el extranjero, incluyendo el Festival de Toronto (donde dio sus primeros pasos) y el de La Habana.

Lo llamativo es la inédita (y cada vez más alta) repercusión internacional que viene teniendo el cine argentino desde hace años, que va a contramano de cómo gestiona el gobierno, a través de la cartera de Cultura y del Ente Nacional de Comunicaciones. Tras el avasallamiento que llevaron a cabo a principio de año de un ente autártico y autofinanciado como el INCAA, desde noviembre comenzó la ofensiva de ajuste contra la industria.

El otorgamiento de fondos y financiamiento a producciones para 2018 quedó congelado, con la excusa de que se ejecutaron todos este último año. Por primera vez desde la creación de la Ley de Cine no habrá concursos para nuevas producciones. A ello se suma el despido de 160 familias de la TDA esta última semana.

“Entiendo al arte como la posibilidad de incorporar a la realidad un elemento que no existe. Esa es la gran magia del arte: hacer posible lo imposible. Y dentro de esas posibilidades de imposible, está lo más imposible de todo, que es la imaginación”. Estas palabras las expresó Fernando Birri en 2004. Da cuenta de su vocación por un cine transformador.

Su legado no se ve solamente en la fundación de la mítica Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños en Cuba o en obras míticas como Tire Dié y Los Inundados, sino en la profunda convicción de los trabajadores y las trabajadoras del cine y la televisión que se mantuvieron en pie de lucha desde principios de este año contra un gobierno que, si no tuvo piedad contra docentes y jubilados, mucho menos la tendrá con los trabajadores de la cultura.

Iván Soler – @vansoler

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