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Diciembre: del control policial al descontrol económico

Diciembre: del control policial al descontrol económico
diciembre 29
10:56 2017

Por Federico Dalponte. El fortalecimiento electoral de Cambiemos fue la nota destacada de 2017. En la Argentina, desde la recuperación democrática, los proyectos políticos se extinguen siempre después de perder unas legislativas.

Funciona al parecer como preludio. Única excepción, el intervalo 2009-2011. Pero esa maldición la sufrieron el alfonsinismo, el menemismo, la Alianza y la propia Cristina Kirchner. Todos por igual.

El macrismo, sin embargo, superó con creces esas presiones que impone la historia. Y ahora asistimos a los primeros meses de un experimento político de nuevo semblante. Como si hubiesen asimilado aquella otra premisa concatenada: si un oficialismo gana en el medio término, su continuidad está asegurada.

Es difícil suponer que las reformas regresivas que impulsó el gobierno este último bimestre no formaran parte de su agenda en 2015. Ajuste fiscal, recorte de derechos, condonaciones impositivas para el empresariado y liberación absoluta del comercio exterior. Y sin embargo la crudeza en su aplicación no se vio sino hasta estas últimas semanas.

El mismo gobierno que tuvo que retractarse luego de modificar el feriado del 24 de marzo fue capaz, tiempo después, de estafar a los jubilados y aumentar la edad de retiro en medio de un escenario sangriento. No dudó en avanzar ni por un instante. Mismos actores, fortaleza distinta.

Existe una reconfiguración del equilibrio político, de eso no hay dudas. Pero la novedad son los nuevos límites que se pretenden explorar. El Ejecutivo descubre a cada paso que sus posibilidades de gestión tienden a infinito. Maneja con eficacia la eventual resistencia de los bloques legislativos, mantiene adiestrados a los jueces que anhelan su continuidad y al mayor multimedios del país le hace pagos por adelantado.

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Los factores exógenos son los únicos que pueden incomodar a Cambiemos. La calle emergió este año como un elemento determinante de la agenda pública. Ejemplos sobran: caso Santiago Maldonado, fallo favorable a los genocidas y reforma previsional. La respuesta social fue contundente en cada caso y forzó la mediación del Estado.

Aquello, desde luego, no implica el surgimiento de un nuevo actor político opositor en el sentido clásico. En rigor: la calle sin instrumento electoral es sólo calle. Pero está claro que las movilizaciones organizadas mantienen un rol de importancia mediata.

Fuera de ello, las experiencias electorales de la oposición dejaron este año más dudas que certezas. Es evidente que la dispersión de la oferta sólo favorece al gobierno; lo mismo que los rejuntes improvisados.

Y si abundara el optimismo, valdría pensar que aún quedan dos años por delante. Tiempo suficiente para diseñar una estrategia capaz de disputarle a Cambiemos la presidencia. Pero el desafío no puede esperar tanto. Dentro de dos meses el Congreso debatirá la Reforma Laboral. Si hoy se votara en el recinto, otra vez la capacidad de movilización de las organizaciones sociales, políticas y sindicales opositoras sería la única llave para sortear los pactos interbloques que le garantizan al gobierno una mayoría ajustada.

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Pero existe también otro factor limitante: las consecuencias económicas de la propia gestión de gobierno.

A principios de este mes el presidente aceptó finalmente que el actual nivel de endeudamiento es insostenible. Poco después, la noticia de un déficit comercial récord se convirtió en la antesala de un cambio en la estrategia inflacionaria, con trastocamiento de las tasas del Banco Central y una devaluación desnudada.

El modelo oficial demuestra parte de sus falencias. El crecimiento del PBI, una leve baja de la desocupación y cierta recuperación del consumo tal vez sirvan para mostrar solidez en el corto plazo. Pero el proyecto de país sostenido a base de grandes inversiones extranjeras que nunca llegan carece de sustancia.

La relación entre expectativas económicas y votos no siempre es elástica. La situación financiera de cada votante individual puede confundir el análisis. Y precisamente por ello es que el rechazo de determinadas medidas políticas pareciera infecundo si sólo se limita a la calle.

Más allá de las preferencias de cada quien, es evidente que el escenario político actual necesita de uno o varios actores capaces de poner en discusión el rumbo de la Argentina de manera holística. La soja, los derechos laborales, la deuda, las jubilaciones, los déficit gemelos, los presos sin condena. Todo es parte de esta época.

Mientras tanto, el Ejecutivo avanzará durante 2018 con más firmeza que el bienio anterior; sirven estos últimos dos meses como muestra. Y en parte por ello, para todas las vertientes opositoras, postergar algunas definiciones durante quince meses tal vez sea un aprieto mayúsculo.

@fdalponte

Foto: La Nación

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