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El #8M de los Oscar

El #8M de los Oscar
marzo 08
12:04 2018

A lo largo de la historia los Oscars funcionaron como una vidriera. Mostraron al mundo lo que la gran mayoría no es. Esos tótems inalcanzables a los que hay que amar u odiar vía redes sociales por cuestiones tan triviales como la ropa y los peinados que usan. Detrás de toda la parafernalia de espejitos de colores, mezcla de medios, fama, negocios y glamour asoman los seres humanos.

Los actores interpelan a través de su arma principal, la única que no queda adormecida detrás de los Dior y los Armani: su cuerpo. La gestualidad del actor pasa a formar parte del universo real y en ocasiones rompe con el espejismo hollywodense en que todo parece ideal.

En 1973 Marlon Brando rechazó su premio a Mejor Actor por El Padrino. En su lugar subió al escenario Sacheen Littlefeather una joven descendiente de nativos quién protestó por la mala imagen que el cine norteamericano otorga a los indios en general. Los gestos se repitieron a lo largo de los años.

En 1940, Hattie McDaniel fue la primera actriz negra de la historia en ganar un Oscar por su participación en Lo Que El Viento Se Llevó. Para recibirlo tuvo que aceptar sentarse separada de sus colegas blancos en uno de los actos de discriminación más grandes que se recuerdan. Algo que parece tan lejano resonó hace dos años cuando el actor Will Smith alzó la voz en lugar de los afroamericanos que no habían recibido ni una sola nominación. El lugar que de a poco fueron ganando las minorías en la sociedad representó un avance en cuestión de derechos y a esa vidriera del snobismo hollywodense no le quedó más que mostrar.

Las cuestiones de racismo e igualdad nunca dejaron de estar presentes en artistas y productores que supieron hacer historia al denunciar una realidad para ese mundo de estrellas intocables. Los últimos años fueron incómodos para una de las industrias más poderosas del planeta y todo gracias a las mujeres. Desde el discurso de Patricia Arquette (ganadora a Mejor Actriz de Reparto en 2015) denunciando la falta de igualdad salarial entre géneros hasta los movimientos #MeToo y #TimesUp que explotaron con el caso del productor abusador serial Harvey Weinstein.

De la mano de las mujeres -en un negocio colmado de hombres, con películas que estereotipan cualquier representatividad que se aleje del patriarcado clásico y de la familia norteamericana con casa, dos hijos y un perro- llegó el tiempo de un cambio de paradigma profundo y real. La última entrega de la estatuilla sufrió una ola revitalizante de reclamos femeninos.

Las militancias de Greta Gerwig -nominada a Mejor Directora en un rubro en el que solo cinco mujeres lo fueron en toda la historia-, Rachel Morrison -nominada a Mejor Fotografía  y primera mujer en lograrlo-, Reese Whiterspoon -iniciadora de la campaña Time’s Up, que busca igualdad de género en cargos y responsabilidades en la industria- son algunos casos.

El contagio también se vivió en la gala de este año. Emma Stone vistió un traje en protesta porque según las reglas de etiqueta solo pueden ser usados por hombres durante la ceremonia. “Desde Hollywood no tienen idea de lo que ellas quieren; se hizo una película llamada Lo Que Ellas Quieren y la protagonizó Mel Gibson”, ironizó Jimmy Kimmel, el presentador que con su estilo ácido apoyó la causa en cada intervención.

Dicen que una mujer que lucha vale más que mil calladas. Al menos así lo sintió Frances Mc Dormand cuando fue a recibir su premio a Mejor Actriz por Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. “Si me hacen el honor, por favor, todas las mujeres nominadas en cada categoría pongansé de pie esta noche”, dijo y los aplausos bajaron mientras su discurso aumentaba en compromiso.

La búsqueda por la igualdad es una lucha; es un compromiso cada vez más grande. Así lo demostraron las mujeres en esa vidriera sucia de Hollywood que se encargaron de hacer brillar con la verdad.

Mariano Cervini – @marianocervini

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