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Una agenda que escapa al control oficial

Una agenda que escapa al control oficial
marzo 09
12:08 2018

Por Federico Dalponte. La agenda pública es una construcción antojadiza. Los gobiernos pugnan por tenerla bajo control. Y a veces fallan. Lo más usual en la Argentina es que lo imponderable sea la economía, pero no siempre.

Un accidente de tren, la muerte de un fiscal, un escándalo de corrupción. Las fatalidades también marcan agenda. Aunque la novedad macrista no es ésa, sino su incapacidad para diluir ciertos temas indeseados, sus titubeos para manejar el pulso de lo político.

El aborto es el ejemplo más obvio. El Congreso no lo discute gracias al gobierno, sino a pesar de él. El supuesto aval del Ejecutivo no fue tal, y eso lo saben las diputadas oficialistas que acompañaron el proyecto desde su inicio. Sucedió que Cambiemos no logró abroquelarse en contra de la iniciativa, y el gobierno tuvo que elegir entre dar vía libre a sus legisladores o soportar el desaire público de la tropa propia.

Serán, como mínimo, dos meses más de debate. Y ello no anula las turbulencias económicas. Segunda falacia: creer que un gobierno coloca en agenda un tema que aborrece para no discutir las finanzas que le preocupan.

La sociedad argentina comienza a adaptarse a aquel teorema develado por Esteban Bullrich. La tradicional estrategia del PRO de imponer diversos temas para sofocar al adversario también tiene su reverso. Negociar paritarias, controlar el debate sobre el aborto y pelearse con la Unión Industrial es demasiado para cualquiera.

Basta con mirar las tapas recientes de los principales diarios. No hay un tema único preponderante. La atención se acapara según cada interesado. Por ejemplo, lo que en enero fue un anuncio resonante sobre el recorte de la planta política del Estado, este mes se efectivizó con escaso impacto.

Algo similar a lo que sucedió con el caso Chocobar. El contexto represivo para impulsar reformas penales parece diluido. Eso no implica que el gobierno no lo recupere, pero tendrá que esforzarse para imponerlo.

Lo mismo pasó con el proyecto para institucionalizar la xenofobia. Comenzó como un pequeño intríngulis jujeño y luego fue un problema nacional. Todo mérito de Cambiemos. Entre Bolivia, que salió del laberinto por arriba ofreciendo gratuidad para argentinos, y los radicales, que enfriaron el tema en el Congreso, el asunto se perdió en la nebulosa.

Al gobierno se le escapa la agenda de las manos y no recupera todavía la iniciativa del último diciembre. Es cierto que esa firmeza violenta le consumió parte de su imagen positiva, pero hasta hoy, en este 2018, la producción gubernamental fue casi nula. Apenas un extenso DNU que la oposición atacará en el Congreso, algunas declaraciones altisonantes y una gira modesta por Europa.

En el otro extremo, claro, el impulso horizontal. Es posible que hoy en la Argentina no exista un movimiento equiparable al de mujeres. Por extensión, por persistencia y por efectividad. En noviembre, por caso, ese esfuerzo colectivo logró sancionar la ley de paridad para cargos políticos, incluso frente a la negativa ferviente del jefe de bloque de diputados del PRO.

La resignación presidencial ante el avance del debate sobre interrupción voluntaria del embarazo se inscribe en esa senda. Lo cual no presupone una incapacidad oficial para enturbiar la discusión parlamentaria. Sino lo contrario.

Se trata en definitiva de visualizar cómo reacciona el gobierno de Cambiemos en los intervalos en que pierde el manejo de la agenda pública, hecho que tal vez no sucedía desde mediados de 2016, en tiempos de la ley antidespidos. Por lo pronto, las iniciativas anunciadas desde Casa Rosada son apenas unos bosquejos, ciertos intentos por hacer pie. Nada que indique que el temario político esté cerrado.

@fdalponte

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