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Incluso sin reforma laboral, los números ya muestran un deterioro en los nuevos trabajos

Incluso sin reforma laboral, los números ya muestran un deterioro en los nuevos trabajos
marzo 22
11:25 2018

Por Federico Dalponte. Como en todo cuarto trimestre, el desempleo también bajó en 2017. Eso se desprende del informe más reciente publicado por el INDEC, en el que se destaca sobre todo la reducción de la desocupación interanual, del 7,6% al 7,2%.

La tendencia sigue siendo similar a la demostrada en los índices de 2016, luego de que el gobierno de Mauricio Macri retomara la publicación de las estadísticas oficiales. Es la primera vez que puede hacerse una comparación de un cuarto trimestre desde aquella interrupción.

Podrá decirse en ese sentido que la actual tasa continúa siendo superior a la demostrada en los cuartos trimestres de los últimos cinco años de gobierno de Cristina Kirchner. Y en rigor es cierto.

Aunque más sorprendente es que nada haya cambiado demasiado desde entonces. Ni siquiera las rarezas que en otros tiempos los medios hegemónicos exhibían como muestra de manipulación: Santiago del Estero, Rosario y Jujuy, ejemplos variopintos donde la tasa de actividad tiene un comportamiento errático. Según los datos oficiales, en pocos meses, miles que buscaban trabajo ya no lo hacen o viceversa.

En cualquier caso, la tasa de empleo a nivel nacional se mantiene más o menos firme; tanto como hace años. Hoy está apenas por encima de la de 2013 y 2014, aunque es inferior a la de 2012 e idéntica a la de 2011. Algo parecido a lo que sucede con la tasa de actividad. La actual ronda los 46 puntos porcentuales, como desde hace más de una década; algunos decimales más, algunos decimales menos.

Mientras tanto, el gobierno celebra lo que considera un éxito de gestión: evitar la supuesta crisis se convirtió, poco a poco, en exhibir como logro aquello que sólo es continuidad. Y podría decirse más: si entre 2007 y 2015, tal como afirma Cambiemos, los indicadores laborales fueron en verdad adulterados, ello significaría que las tasas actuales son incluso mejores que las precedentes.

Entonces, ¿para qué una reforma laboral?

Desde la sanción de la nueva ley de cálculo previsional, el gobierno archivó algunos de sus proyectos pero no sus ansias. Chocó contra una parte del sindicalismo y contra el bloque de senadores del Partido Justicialista. Demasiado para una imagen presidencial en baja.

Pero la ruptura del moyanismo y el encolumnamiento explícito de varios gremios de peso le dieron a Cambiemos el aire que le faltaba. Un paseo por Europa y una reunión agendada con el presidente fueron parte de los obsequios que el ministro Jorge Triaca les había prometido a los encolumnados. Y cumplió. Tanto que esa gestión, junto a una ronda de paritarias afable para el oficialismo, le permitió revalidar su puesto al frente de la cartera.

En cualquier caso, lo cierto es que, robustecido ante el nuevo escenario, el Ejecutivo cree ahora que tiene buenas chances de insistir con su reforma laboral. Lo hará en plena época mundialista, apostando a que la distracción social allane el camino. Pero en definitiva lo hará.

De acuerdo a lo señalado por el jefe de gabinete Marcos Peña, el paquete intentará ser aprobado en cuotas, para facilitar el trámite legislativo. Todo empezará por el proyecto de amnistía a los empleadores que no hayan registrado a sus dependientes. Ese punto cuenta con grandes chances, porque aunque todos los blanqueos de la historia fracasaron, éste no será el primero ni el último.

Son las condiciones, estúpido

Pero aunque la amnistía sea generosa y profunda, lo que el gobierno vislumbra como verdadera reforma laboral es en verdad un proceso que ya está en marcha: según un trabajo de la consultora Ecolatina, seis de cada diez nuevos puestos creados en 2017 fueron informales.

Eso se suma al aumento del total de trabajadores registrados, número traccionado por la incorporación al mercado de nuevos independientes, monotributistas y monotributistas sociales.

Son ellos los que configurarán el nuevo mapa laboral. Con esta tendencia, el trabajador formal por tiempo indeterminado, como arquetipo tradicional, irá perdiendo importancia. No es casualidad, en ese sentido, que el proyecto original de reforma ideado por el gobierno haya incluido nuevas figuras favorables al trabajo independiente y al régimen de pasantías.

En pleno mundial, el INDEC ya habrá publicado los datos del primer trimestre de 2018. Aunque la sensación es que poco importa. Sea que las tasas actuales sean iguales o mejores a los años más prósperos de la última década, el gobierno insistirá de todas formas con que el mercado laboral argentino está en crisis.

Y no le echará la culpa a la economía. Claro que no. Planteará en cambio que las leyes laborales son demasiado rígidas, que protegen demasiado. Y entre tanto, llegará un junio álgido y tal vez con protestas.

@fdalponte

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