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Falacia formal: bajó la pobreza, el modelo funciona

Falacia formal: bajó la pobreza, el modelo funciona
marzo 29
15:16 2018

Por Federico Dalponte. Los nuevos números del INDEC tendrán efectos políticos palpables. Las críticas arrecian, pero el gobierno saca pecho. Sabe que un buen dato sirve, en el corto plazo, para validar sus argumentos ante cualquier opositor.

Desde la quinta de Olivos, el anuncio más anhelado: cae la pobreza en la Argentina. Los datos son un tema aparte. Las críticas podrán multiplicarse, pero el gobierno tuvo su acto, su foto, la sonrisa ancha de satisfacción.

Habían pasado largos meses desde la última vez que la plana mayor de Cambiemos se enfrentó a las cámaras con algo más que excusas y explicaciones. Los puntos de pobreza son indistintos. Se trató en definitiva de una oportunidad para arengar a los propios y decirle al resto que éste es el camino al éxito.

Pasó un mes desde que el Congreso retomó su actividad; tres desde que arrancó el año político. Y el oficialismo aplica el teorema de Thoreau en su versión literal: “El mejor gobierno es el que gobierna menos”.

Pareciera que se tomaron dos años para moldear su modelo productivo y ahora esperan debajo del árbol a que caigan los frutos. El índice de pobreza es el primero. Un ejemplo de la falacia de afirmación del consecuente: si el modelo funciona, bajará la pobreza; bajó la pobreza, ergo, el modelo funciona.

Ningún funcionario puede desconocer los problemas que conlleva la autocomplacencia. Limitarse a celebrar es siempre más fácil que identificar las múltiples causas que impactan en la variación de un índice.

Porque además, la próxima medición, correspondiente al primer semestre de 2018, incluirá los efectos de la devaluación, aumentos tarifarios y hasta recorte de jubilaciones y Asignación Universal por Hijo. Atar la confianza social a un índice de variación constante supone un futuro político incierto. Ante la tentación del exitismo, más vale serenidad.

Aunque falta para capear contra ese futuro. En el corto plazo, el verdadero desafío para el gobierno es qué hacer con este nuevo aire de capital político, algo que no experimentaba desde el último octubre electoral. Sabe Cambiemos, desde diciembre, que el humor social se aprovecha o se pierde.

Por lo pronto, su propia agenda está marcada por la repercusión mediática de las últimas decisiones de la Corte Suprema y de la Cámara de Casación porteña. “Queremos saber la verdad o vamos a buscar a otros jueces que nos representen”, había dicho el presidente allá por junio del año pasado.

El plan ya parece en marcha. Mauricio Macri es el mandatario que, en promedio, mayor cantidad de jueces nombró desde la recuperación de la democracia. Insumo básico que permite eso: la supuesta mala imagen de los magistrados; mucho más la de aquellos que, con buen tino, ordenaron últimamente la liberación de presos sin condena.

Algo similar a lo que, meses atrás, fue la escalada contra el sindicalismo opositor. La experiencia política reciente indica que, a la hora del conflicto, más vale elegir un adversario con mala prensa.

De ambas disputas en puerta el Ejecutivo pretende sacar ventaja: en el primer caso, será para asegurarse el control del fuero federal y la designación de la candidata oficialista a la Procuración General; en el segundo, para tener a raya al movimiento obrero, rever convenios colectivos y avanzar con la reforma laboral.

En ese contexto, un anuncio eficaz y resonante como la disminución de la pobreza fortalece a cualquier gobierno. Ésta no será la excepción. Más que el dato frío, lo que cuenta –valga la redundancia– es cómo se cuenta. Porque entre tanto, los escépticos lo seguirán siendo, pero el macrismo buscará aprovechar sus días de imagen buena.

@fdalponte

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