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Atlanta, la auténtica comedia negra

Atlanta, la auténtica comedia negra
mayo 28
10:52 2018

En una época en la que estamos sobreexpuestos a una cantidad inasible de series (de cualquier tipo y nacionalidad) hay cada vez menos que puedan considerarse destacables o siquiera buenas. Son en cierto punto hasta descartables, pensadas para un consumo efímero y que no resisten el paso del tiempo de la misma manera que las que iniciaron esta “época dorada” (que ya pasó su apogeo creativo hace años), siendo fácilmente olvidadas entre una temporada y otra. Sin embargo, para iluminar un poco el camino está Atlanta, creación de Donald Glover y Hiro Murai.

Se trata, probablemente, una de las duplas del arte mainstream más importantes del momento. En mayo sacaron el nuevo video de Childish Gambino (seudónimo musical de Glover) “This is America”, que revolucionó internet en unos pocos días por su naturaleza cinematográfica y su fuerte contenido social. Vemos como Glover baila y canta alegremente mirando a cámara mientras por detrás sucede una realidad que a veces los medios eligen ignorar: uso indiscriminado de armas, represión policial, revueltas populares y muchas otras cosas que suelen tener como denominador común el desprecio de la comunidad afroamericana de Estados Unidos.

En 2016 Childish Gambino había tenido su primer salto a la fama con la edición de su álbum Awaken, ¡my love!, el cual fue nominado a varios premios Grammy. Glover había abandonado el rap y el hip hop que caracterizaban trabajos anteriores por otros ritmos de procedencia negra como el soul, el R&B, el funk y hasta el gospel, creando así uno de los mejores discos de los últimos tiempos. Ese año también se estrenó la primera temporada de Atlanta.

Puede decirse entonces que tanto la serie como el proyecto musical son obras complementarias, ya que tocan temáticas similares. Atlanta es transmitida por la cadena televisiva FX y hace apenas un par de semanas terminó su segunda temporada (la primera disponible en Netflix). En ella conocemos a Earn (interpretado por Glover), un hombre de unos 30 años, padre de una pequeña hija con una mujer (Vanessa) con la que va y viene y que no encuentra estabilidad económica ni emocional. Esto hará que acuda a su primo Alfred, quien está empezando a tener algo de éxito en su incipiente carrera como rapero, con el nombre artístico de Paper Boi.

Earn, otrora estudiante de la prestigiosa universidad de Princeton, le propone hacerle de manager, lo que servirá -en parte- como hilo conductor de la ficción. Las vicisitudes que estos personajes viven (a quienes se les suma el excéntrico pero genial Darius, amigo de Alfred) tratando de sobrevivir en el competitivo y hostil mundo del rap son solamente una porción de los elementos que hacen a Atlanta una de las series con mejor crítica actualmente.

Se tratan tópicos que ponen en foco la realidad de ser una persona negra en un EE.UU. post-Obama donde muchos prejuicios raciales que se creían superados después de ocho años de tener un presidente negro se ven en cambio mucho más acentuados. No casualmente la ciudad donde transcurre la historia, la cual le da su nombre, tiene una de las comunidades afroamericanas más grandes de todo el país.

En cuanto a su género, lo más sencillo es afirmar que Atlanta es una comedia, pero caeríamos en un reduccionismo, quizás dejándonos llevar por la extensión de sus capítulos (entre 25 y 30 minutos). Sin embargo, se trata de mucho más que eso. Nos encontramos con episodios de naturalezas muy distintas, oscilando entre el drama, la comedia negra y hasta el terror (el mejor capítulo de la segunda temporada, “Teddy Perkins”, es una obra maestra del suspenso con muchos guiños a Get Out de Jordan Peele).

Por momentos la serie tiene tintes surrealistas que nos recuerdan a comedias del estilo como Louie, en donde un género tan simplista como este se subvierte de manera destacable. No por nada Glover la define como una “Twin Peaks pero con raperos”. Encontramos personajes sumidos en realidades de las que no pueden escapar, como si se trataran de laberintos kafkianos. Sin embargo, no trata de cómo estas personas superan estas realidades y se mueven hacia lugares mejores, ya sean profesionales o sociales, sino cómo aprenden a convivir con ellas, y con los prejuicios que cargan por ser personas negras, con toda una historia en sus espaldas que los hace trabajar el doble para conseguir la mitad que un blanco. La pregunta no es cómo salir de ese atasco sino por qué están atascados.

La dinámica entre Earn y Alfred es una de las piedras angulares de esta historia, y es atravesada por muchos factores. Primero, son familia, por lo que siempre se cuidan el uno al otro, pese a que Earn es a veces un peso para su primo por su poca experiencia como manager, por lo que comete varios errores de novato. En la industria musical esos errores se pagan caro, pero ambos personajes buscan mantenerse fieles a sus principios.

Earn quiere hacer siempre lo que es correcto (Earnest en inglés significa literalmente “honesto”), mientras que Alfred suele decir “I wanna stay real”, es decir, que quiere mantenerse auténtico. No le gusta dejarse llevar por aquellas minucias que las personas en franco ascenso de fama tienen que hacer para alcanzar la cima: manejar las redes sociales y actualizarlas todo el tiempo, lidiar con que te reconozcan en la calle, en definitiva, lo que en Argentina llamamos “caretearla”. Esta autenticidad, reconocer de donde viene uno, es bien vista en el mundo del rap, pero también es un estilo musical (y de vida) signado por el lujo y la ostentación, en el que si no se muestra cuantos autos y cadenas de oro se tienen se corre el riesgo de pasar desapercibido.

Atlanta es, en definitiva, una gran serie que trata el tópico de la alteridad, de cómo vemos (y a menudos somos) ese “otro” marginado, que como sujetos latinoamericanos podemos sentirnos identificados. Por otro lado, sirve para aprender que existen ficciones que no se estiran innecesariamente y que no se sienten como un atraco en el que nos roban nuestro valioso tiempo.

Guido Rusconi

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