Derechos Humanos

28 mayo, 2018

Cacería, represión y abuso sexual de la Prefectura a militantes de La Poderosa

El sábado por la noche, integrantes de la Prefectura Naval Argentina ingresaron a la Villa 21 y se llevaron detenido a Roque Azcurraire, fotógrafo de la revista La Garganta Poderosa, y a su cuñado Pablo, ambos liberados pasado el mediodía de este lunes. La hermana del periodista, Jésica, contó que fue abusada por los uniformados, que desataron una brutal cacería dentro y fuera de su casa.

El sábado por la noche, integrantes de la Prefectura Naval Argentina ingresaron a la Villa 21 y se llevaron detenido a Roque Azcurraire, fotógrafo de la revista La Garganta Poderosa, y a su cuñado Pablo, ambos liberados pasado el mediodía de este lunes. La hermana del periodista, Jésica, contó que fue abusada por los uniformados, que desataron una brutal cacería dentro y fuera de su casa.

Todo comenzó cuando la fuerza de seguridad, cuya responsable es la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había golpeado al sobrino de Azcurraire arriba de un colectivo. El hecho generó bronca y preocupación entre los vecinos del barrio, que salieron hasta la avenida Iriarte para exigir explicaciones a los prefectos, que según se muestra en un video, se sacaban la identificación para no ser señalados públicamente.

Según narró Jésica, asambleísta de La Poderosa en la villa 21, los agentes de seguridad violentaron a su sobrino de 16 años, que se había ido a jugar al fútbol y que luego volvió con la cara hinchada, desesperado. Cuando fueron a pedirles explicaciones a los uniformados, la respuesta fue “cerrá el orto”.

Posteriormente, desataron una represión con gases lacrimógenos y disparos de bala de goma sobre la casa de Iván Navarro, joven torturado por la Prefectura en 2016 y cuya familia deberá declarar el próximo viernes en el juicio que sentó en el banquillo a seis oficiales de la fuerza.

Asimismo cuando Roque se resguardó junto a su familia en su domicilio, los oficiales tiraron a patadas la puerta e ingresaron, sin orden judicial. De acuerdo a lo denunciado por el joven fotógrafo de la revista villera, aplicaron con él la misma práctica de tortura que utilizaron con Navarro: el “levantamuertos”. Dicho método consistió en tirarle gas pimienta en los ojos y arrastrarlo esposado por el piso. “Yo les rogaba que me quitaran las esposas para poder respirar, porque necesitaba frotarme la cara, que se me quemaba en un ardor insoportable”, denunció Azcurraire. La respuesta de los prefectos fue: “Callate negro de mierda, que no pasa nada, es todo psicológico”.

Jésica agregó que su hermano intentó grabar la cacería con su cámara, pero que no llegó a registrar nada debido a que se lo llevaron preso en cuanto se presentó como fotógrafo de La Garganta Poderosa. “Su único delito fue haber descongelado tres empanadas y haber tomado su herramienta de trabajo cuando un operativo ilegal de la Prefectura se metió en nuestra casa, rompiendo la puerta a patadas”, detalló la joven.

Además, recordó que los oficiales se llevaron a su hermana “para pasearla durante 80 minutos en patrullero, mientras negaban su presencia en la comisaría que señalaba el Juzgado”. Es que, los prefectos, nunca avisaron que tenían secuestrada sin orden a la joven.

Por su parte Jésica fue víctima de abuso sexual y violencia institucional por parte de integrantes de la Prefectura. “Todos hombres, cinco, me agarraron de los pelos, me apretaron el cuello, me patearon las piernas y me dieron con sus palos, hasta que uno me puso contra la pared, manoseándome las tetas”, dijo. Pidió que la suelten y lo único que recibió fue más violencia: “Cállate, puta de mierda. ¡Callate, la re concha de tu madre! Negra de mierda, sucia, bocona”, dice, textual, su relato por las redes.

Roque Azcurraire estuvo preso en la Unidad 28 de la Capital Federal, esperando ser liberado. “Ya está, basta, si me van a matar, mátenme, pero mátenme ahora”, recuerda que les dijo a los agentes y ratificó que seguirá luchando “para que nunca más ningún villero deba sufrir esta mierda”.

“No tengo dudas que me pasa por pobre y me pasa por negro, pero también me pasa por no callarme la boca y por seguir abriendo La Garganta para que nuestro grito retumbe por todos lados”, concluyó su carta.

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