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Cantata de pañuelos verdes

Cantata de pañuelos verdes
junio 14
15:55 2018

Por Carla Martilotta. Por 24 horas la Ciudad se tiñó de verde. Verde en los pañuelos. Verde en los cachetes, labios y uñas. Verde en las banderas, remeras y abrigos. Verde esperanza, verde libertad. Cientos de miles de mujeres nos reunimos en la Plaza del Congreso para mostrarle a los legisladores, a la sociedad y al mundo que estamos organizadas, seguras y convencidas de nuestros derechos y nuestras libertades.

Eran las dos de la tarde, algunas amigas y yo nos encontramos en la estación de Quilmes para sumarnos al ‘trenazo’ que la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito había organizado para asistir a la jornada desde zona sur. Otras habían subido en La Plata y nos iban relatando el trayecto. “Estamos por Ezpeleta, no entra más gente pero nos apretamos”, decía el mensaje que llegó unos minutos antes que el tren. Cuando subimos nos recibieron con los brazos abiertos, las piernas listas para hacernos upa y los hombros dispuestos a cargar con las carpas, mantitas, termos y mochilas.

Ahora que estamos juntas cantamos a los gritos y nos maquillamos, nos ponemos glitter y nos peinamos con trencitas. Debatimos, pensamos, nos adelantamos a la votación.

Llegamos a la Plaza y la escena era mejor. Todas estábamos ahí. Madres, hijas, primas y amigas nos abrazábamos sin conocernos, nos sonreíamos y nos mirábamos entendiendo lo que la otra pensaba. “Es acá, es hoy, está pasando”. Adentro del Congreso los diputados y diputadas se trenzaban en argumentos a favor y en contra de la legalización del aborto. Afuera no había nada que argumentar. Lo sabemos, lo venimos gestando, se viene, estamos por parir nuestra Ley y nada nos va a parar.

Las columnas comenzaban a entrar por Rivadavia y el espacio se reducía. Quedamos adelante, pegadas al Congreso. Podíamos sentir la tensión en el recinto. Podíamos ver como nuestras representantes bregaban por nuestros derechos, mientras los conservadores de siempre buscaban atar nuestros vientres a sus mandatos de maternidad obligatoria. La alegría se convertía en furia. No. Basta. No más.

Durante la tarde el poroteo avanzaba a nuestro favor y el volumen de las voces aumentaba. “¡Abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer!”, y la piel se erizaba. De a ratos perdíamos ventaja y las voces se anudaban, el frío se empezaba a sentir y las piernas temblaban, pero tranquilas. Sabemos luchar, persistir, aguantar golpes y volver a levantarnos para seguir. Estamos convencidas de que el futuro es nuestro. Nuestro y de nuestras hijas. “¡Arriba el feminismo que va a vencer!”.

Cayó la noche y agrandamos el grupo. Vinieron otras amigas, una de ellas abortó hace poco. Yo la miraba, recordando todo lo que pasamos. “Sí, al final estoy embarazada”, decía ese mensaje. “¿Qué querés hacer?”, respondí. “No quiero ser madre ahora”. Solo eso hizo falta para emprender el sinuoso camino. En el medio el terror. Terror al médico, a la intervención, a la familia, al trabajo, a la vergüenza, a la muerte.

La miraba y me acordaba de todo, solo pude abrazarla. Ya no hace frío, al menos no se siente. Somos tantas que somos una. Un solo cuerpo gigante y verde pidiendo que nos dejen decidir sobre nuestras vidas, que dejen de juzgarnos, que dejen de matarnos. Miramos a nuestro alrededor y nos vemos grandes. Las calles rebalsan de adolescentes, de nenas, de pibas. Pibas que nunca deberían pasar por una violencia semejante. Ellas lo saben, por eso están acá.

Sobre Sarmiento el escenario. Sobre Sarmiento las mujeres que se encargaron de educar a la sociedad en el feminismo. Esas que durante las audiencias ante los diputados dejaron mudo al patriarcado. Esas mujeres que durante años y años reflejaron con su voz nuestros pensamientos y nuestras realidades. Esas mujeres a las que les debemos las conquistas previas, y junto a quienes emprendimos un camino para seguir adquiriendo derechos.

Algunas compañeras se quedaron en la vigilia, mandaban fotos, videos y audios para que aquellas que nos tuvimos que ir podamos sentirnos igual de cerca de las fogatas que encendieron para calentarse mientras esperan que los representantes del pueblo reflejen lo que el pueblo estaba pidiendo en la calle.

Ocho de la mañana. Perdemos. Solo un giro inesperado puede darnos la media sanción y estamos preocupadas. Activamos el Congreso, pedimos refuerzos en la calle, nos damos calor para no desistir. Hay que esperar, llegamos hasta acá, están discutiendo nuestro proyecto en el recinto, están nerviosos por nuestra presencia, hoy somos nosotras las que no tenemos miedo. Estamos verdes y brillando, no nos pueden apagar.

La Pampa, de suelo verde y fértil vino a darnos los votos que nos faltaban. Todo cambió, salió el sol y el frío ya no nos corta la cara. Agarradas de las manos esperamos que el tablero empiece a prender sus luces. Es verde. 129 luces verdes que nos dan vía libre para que nuestro proyecto sea Ley.

@CarlaMartilotta

Foto: Damiano Tagliavini

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