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Sturzenegger se va, la crisis queda

Sturzenegger se va, la crisis queda
junio 15
00:00 2018

Por Federico Dalponte. La salida de Federico Sturzenegger del Banco Central de la República Argentina (BCRA) derriba varios mitos. El primero es la independencia de la entidad monetaria. La reclama la ortodoxia económica, pero ningún presidente está a gusto con un Banco ineficaz.

Lo conveniente en estos casos, cuando el titular del BCRA dilapida el precio de la moneda nacional, es indicarle el camino de salida. Dirá la historia oficial, por supuesto, que Sturzenegger renunció por propia voluntad. Pero lo cierto es el nombre de su reemplazante confirma lo evidente: Luis Caputo es, en esencia, la consagración del vínculo directo del Central con la Casa Rosada.

Y en buena hora. Éste puede ser leído como un triunfo de la heterodoxia económica. El BCRA se incorpora finalmente al diseño de la política nacional. Ello no implica que los cambios reviertan el desequilibrio monetario: está claro también que si lo que falla es la receta, nada agrega cambiar al cocinero.

Pero en cualquier caso se desnuda la principal falencia del mejor equipo en cincuenta años: la incapacidad para mantener bajo control ciertas variables macroeconómicas.

Ello lleva al derrumbe de otro de los mitos: la crisis, que en apariencia se había tapado con billetes del Fondo Monetario Internacional (FMI), en realidad todavía está allí. Siempre estuvo allí. Un nuevo movimiento de las tasas de interés en Estados Unidos y la ausencia del BCRA para controlar la demanda del dólar pusieron a la Argentina otra vez en situación de jaque. Otra vez, como hace dos meses, quedó clara la debilidad estructural del país y los efectos de la desregulación.

Se dirá, con razón, que Sturzenegger pecó por impericia. Valor de la moneda nacional, inflación, nivel de reservas, corridas cambiarias. Los números negativos fuerzan la jubilación anticipada de cualquier funcionario. Pero vale recordar que fue Mauricio Macri quien designó al frente del Banco Central a un funcionario que estaba procesado justamente por su anterior paso por la entidad.

Ahora parecerá que la solución se llama Luis Caputo, el hombre de las cuentas off-shore que inundó de deuda a la Argentina para financiar el déficit fiscal. Brillante idea. Difícil imaginar el grado de certeza con el que el gobierno da cada uno de sus pasos. Pareciera que en el corto plazo sólo pretenden terminar con la independencia del BCRA, pero no mucho más.

El renunciante Sturzenegger asegura que su salida renueva la credibilidad en la entidad. Pero Caputo no brinda esa confianza por sí mismo, sino a través del presidente. Los actores financieros no creen en los funcionarios políticos, sino en los gobiernos que los ponen allí. Si el Ejecutivo no cambia su rumbo, el peso de la realidad puede llevarse puesto a cualquiera.

Cambiemos está aferrado al salvavidas que le arrojó el FMI. O mejor dicho: Cambiemos ató la suerte de todo el país a ese salvavidas. Creyó que ese respaldo financiero fortalecía su capacidad de gestión en materia económica. Y no es la primera vez que un presidente argentino cae en esa trampa.

Así, por tanto, si el cambio de presidente del Banco Central es un acto de rebeldía contra la ortodoxia económica y la independencia que reclama el FMI, saludable noticia. Ello significaría una reconsideración de las directrices del mundo financiero. Y podría ser además un punto de inflexión, un retorno a las recetas nacionales por sobre las imposiciones foráneas.

Aunque es difícil creerlo. Sturzenegger había sido hasta ahora la cara de la principal estrategia monetaria de Cambiemos. Su salida debería implicar también una fuerte autocrítica por parte del Ejecutivo: si el cambio de nombres y la reunificación de los ministerios de Hacienda y Finanzas son sólo reforzadores de la actual estrategia económica, futuros sismos le seguirán a éste.

@fdalponte

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