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Un nuevo 1998: mercado emergente, FMI, recesión y reforma laboral

Un nuevo 1998: mercado emergente, FMI, recesión y reforma laboral
junio 29
14:51 2018

Por Federico Dalponte. Si el promocionado segundo semestre de 2016 implicó una caída del 7% en los salarios reales y una tasa de desocupación récord para el decenio, inquieta pensar lo que queda para este 2018. Dos años después de aquella sequía de inversiones, el gobierno cambió su pronóstico semestral y ahora prevé un combo de recesión y pérdida de poder adquisitivo. El optimismo no abunda: es el tiempo de los hechos magros.

El regreso de la Argentina al Fondo Monetario y la recalificación como mercado emergente igualan las condiciones de largada de 1998. Y como hiciera entonces el presidente Carlos Menem, el gobierno define su rol y amenaza con una reforma laboral.

Hace veinte años, el mes de la sanción fue septiembre. Las negociaciones con el sindicalismo habían sido arduas, tanto que llegaron a cobrarse la suerte de un ministro. Pero salió. A los empujones, pero salió.

Con ese cuadro de situación, la incorporación de Dante Sica al elenco ministerial alienta ciertas sospechas. Descartada la hipótesis de desarrollo a partir de la inversión extranjera directa, parece haber llegado el tiempo del plan «PyME», con contrataciones flexibles, a bajo costo tributario y previsional.

La consultora Abeceb, que comandó Sica hasta su reciente conversión en funcionario, fue durante 2017 una usina de halagos a la reforma laboral brasileña, arquetipo de la flexibilidad. Y ello no significa que el nuevo ministro de Producción haya sido convocado para reimpulsar la iniciativa del gobierno argentino, pero sirve para intuir el perfil normativo que anhela este Ejecutivo.

Se dirá entonces, y con cierta razón, que la correlación de fuerzas y la situación socioeconómica no favorecen al gobierno. Para lo cual basta recordar la composición del Congreso tras la estrepitosa derrota del menemismo a manos de la Alianza en 1997 y los índices de pobreza y desocupación hacia el fin de la convertibilidad.

Hoy la situación no es comparable en varios sentidos. Pero parece apresurado descartar un nuevo avance de Cambiemos, incluso en un contexto recesivo. Quizás, de hecho, sea esa su principal justificación.

El último informe del INDEC sobre la situación laboral en la Argentina, publicado la semana pasada, no muestra variaciones relevantes en cuanto a la desocupación abierta: de 9,2% en el primer trimestre del año pasado a 9,1% en 2018.

Los nuevos buscadores de empleo, que hicieron crecer la tasa de actividad, hallaron ocupación en una alta proporción. Por eso la tasa de desocupación no varió. Pero lo que alarma en cambio es el incremento de la presión sobre el mercado de trabajo, en un punto en comparación con el mismo trimestre del año pasado.

Buscan trabajo los desocupados, pero de igual forma lo hacen hoy quienes tienen un empleo de mala calidad, baja remuneración, con inestabilidad, etc. Esos también presionan sobre la oferta y fuerzan a la baja las pretensiones de quienes buscan y no encuentran. Y ello se suma, por lo demás, a un escenario marcado por una alta tasa de actividad. De hecho, la más alta de la que se tenga registro desde 2003. En términos reales, cada vez es mayor la proporción –principalmente mujeres– de quienes salen por necesidad a buscar empleo.

Una primera lectura, en términos de avance social efectivo, sería que este fenómeno se debe al ingreso de más mujeres al mercado de trabajo. Pero lo cierto es que ese proceso, paulatino, de años, no se condice con este salto de más de dos puntos entre las mujeres en apenas 12 meses.

Con una composición de la población económicamente activa todavía mayormente masculinizada en la Argentina, el aumento de la cantidad de mujeres que salen a buscar trabajo puede en verdad leerse como un intento de colaborar con un ingreso familiar afectado por la inflación y la precariedad.

Esos pequeños sismos son los que, lejos de aplacarla, generan las condiciones para rediscutir la normativa laboral. Según apunta el periodista especializado Jorge Duarte, en base a datos oficiales, a la fecha “se perdieron 94.500 empleos registrados en el año y el 60% de los asalariados tienen ingresos menores al costo de la canasta básica”.

Sica será, en ese sentido, un actor fundamental para diseñar ese nuevo modelo «PyME». El presidente Mauricio Macri ya adelantó esta semana que se impulsará una nueva ley para favorecer al sector, luego de que el gobierno reconociera un saldo negativo alarmante: desde la llegada de Cambiemos, hay 4.800 PyMEs menos en el país.

Revertir esa tendencia, claro, será una tarea titánica en un contexto recesivo, inflacionario y con altas tasas de interés. Pero si los desocupados y los insatisfechos crecen en cantidad y continúan presionando sobre mercado de trabajo, las condiciones para el desarrollo del discurso flexibilizador ganarán otra vez terreno.

@fdalponte

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