Fútbol

14 julio, 2018

Hablemos de fútbol (croata)

Por Matías Figal. La campaña de Croacia en el Mundial produjo un creciente interés en este país. Más allá de las simpatías por su juego, o de las polémicas por las declaraciones del defensor Domagoj Vida, vale comentar algunas problemáticas de su fútbol.

Por Matías Figal. La campaña de Croacia en el Mundial produjo un creciente interés en este país. Más allá de las simpatías por su juego, o de las polémicas por las declaraciones del defensor Domagoj Vida, vale comentar algunas problemáticas de su fútbol.

A 20 años de perder en semifinales con el anfitrión y posterior campeón, Francia, este domingo Croacia jugará su primera final de un Mundial de fútbol, justamente contra esa selección. Según declaró, estará presente en Moscú la presidenta Kolinda Grabar-Kitarović.

En un posteo reciente de Instagram, dejó un video en inglés señalando que no podía estar en la semifinal contra Inglaterra debido a la coincidencia con la cumbre de la OTAN en Bruselas, y le deseaba suerte a los Vatreni (“los ardientes”/”los fogosos”, tal es el apodo de la selección). Después de la victoria, contó que la prórroga la vio luego de la cena oficial junto al presidente francés, Emmanuel Macron, con quien acordó verse en el partido definitorio.

El que sí estuvo en el partido contra Inglaterra fue el primer ministro, Andrej Plenković. Los mayores representantes de la Unión Democrática Croata (HDZ, por sus siglas en croata), el gobernante partido nacionalista y de derecha, no quieren perderse este momento histórico. El cual, posiblemente, intentarán instrumentalizar políticamente.

Grabar-Kitarović sí estuvo presente en los cuartos de final, junto a la gloria del fútbol croata y desde 2012 presidente de la Federación de Fútbol, Davor Šuker. En este rol se convirtió en una figura controvertida para muchos hinchas, y seguro él más que nadie estará contento con la campaña actual. Es que, más allá de los artículos que aparecieron a medida que Croacia avanzaba y que descubrían que los jugadores cantan temas del desagradable y fascista (aunque él se considera sólo un “patriota”) Marko Perković Thompson, el fútbol croata llegaba con otros problemas a este torneo.

De hecho, el portal Balkan Insight destacaba todavía en la primera fecha del mundial el boicot que aplicarían algunos bares y restaurantes contra los partidos de la selección.

Es que el rechazo a los manejos espurios de la Federación se manifestaron también en la cancha: durante el partido contra República Checa de la Euro 2016 hinchas croatas arrojaron bengalas al campo de juego para perjudicar a Šuker. Vale señalar que algunas lecturas otorgan este sentido a la aparición de una esvástica un año antes en el terreno de juego del Hajduk Split en un partido por la clasificación a esa Euro.

Pocos días antes del Mundial, uno de los máximos dirigentes de la Federación y dueño del Dinamo Zagreb entre 2003 y 2016, Zdravko Mamić, fue condenado a prisión, junto a su hijo y dos dirigentes más, por malversación y fraude. Este nombre suena familiar si se han leído algunas de las notas que recientemente se multiplicaron acerca de la posibilidad que tiene Luka Modrić de ir a la cárcel, ya que se le acusa de haber brindado falso testimonio en ese juicio.

Durante mi primera visita a Zagreb, a fines de 2016, si no sabía quién era Mamić no me quedó más remedio que enterarme. Su nombre estaba pintado en diferentes partes de la ciudad: “Mamić andate”, o los menos agradables pero quizás más insultantes “Mamić serbio”, y “Mamić gitano”. También recuerdo una pancarta que acusaba al alcalde de la ciudad (lo sigue siendo hoy), Milan Bandić, de financiar a la “mafia de Mamić”. Como anécdota vale recordar que Bandić apoyó el año pasado la modificación del nombre de la plaza Mariscal Tito por el de plaza República de Croacia.

Por supuesto que Mamić, cercano a la HDZ, no era ajeno a la alta esfera política croata. En 2014, señalan algunos medios, apoyó monetariamente la campaña presidencial de Grabar-Kitarović. Recientemente, desde Bosnia, donde por el momento evita ser extraditado, respondió al ser consultado por su relación con la presidenta: “No ensucien a esta respetable dama con mi nombre”.

Aunque desde 2016 no tiene cargo oficial en el Dinamo, para sus hinchas Mamić sigue digitando el destino del club. Pese a que sus ultras, los Bad Blue Boys, son indudablemente nacionalistas, comulgan poco con las decisiones que ha tomado Mamić. Si bien los éxitos deportivos son constantes, hace años boicotean los partidos del equipo.

Meses atrás estuve presente en dos encuentros y fui testigo de la performance. En el clásico del futbol croata, contra el Hajduk Split, permanecieron callados durante 17 minutos, mientras los visitantes cantaban que había que matar a los Purgeri (como se denominan los habitantes de Zagreb). Luego de ese tiempo, arrojaron al terreno una lluvia de papeles: según mis acompañantes, eran abonos de la temporada. Recién entonces devolvieron los cánticos. Pocas fechas más tarde asistí a un partido contra un equipo de menor nivel. Esta vez ni se molestaron. Su tribuna, la Norte, estaba vacía.

Anécdotas vecinales

La relación entre el fútbol croata y el fascismo generó también intentos de publicar algo más agradable, como por ejemplo la historia del simpático NK Zagreb 041. La única persona en esa ciudad que me mencionó la existencia de este club fue un académico ligado a la izquierda.

Más allá de que está por verse el efecto reconciliación que puede tener el Mundial es difícil negar que por ahora la mayoría de las hinchadas en la ex Yugoslavia están más cercanas al nacionalismo.

Cuando en 2016 estuve en la cancha del Partizan de Belgrado se cantó que “Kosovo es el corazón de Serbia” y que viva “el reino” de Serbia. Esto fue días después de que en un partido entre Croacia y Kosovo ambas hinchadas cantaran a la vez que hay que matar un serbio (por supuesto, en Serbia no pasó desapercibido el gesto del jugador suizo nacido en Kosovo, Xherdan Shaqiri, festejando un gol con el gesto del águila bicéfala, símbolo albano-kosovar).

Me enteré, también, que los hinchas del Estrella Roja le cantan despectivamente a los del Partizan que son “yugoslavos”. El estadio del Partizan, durante la existencia de la República Federal Socialista de Yugoslavia, era la sede cada 25 de mayo del Día de la Juventud, celebrándose no sólo a los jóvenes, sino también el cumpleaños de Tito.

Sobre cierta cobertura de la actual campaña croata, vale señalar un llamativo artículo del diario serbio Blic que destacaba la ascendencia serbia del arquero Danijel Subašić y los problemas que esto le trajo con su suegro croata.

Por otro lado, Croacia e Inglaterra jugaron el 11 de julio. En Bosnia se conmemoraba un nuevo aniversario del genocidio en Srebrenica. En Facebook, Grabar-Kitarović pidió que no se olvide y que no se repita. En los festejos desatados una vez consumada la victoria, en Široki Brijeg (ciudad con una mayoría de población croata ubicada a 100 kilómetros de Livno, donde nació Zlatko Dalić, el bosnio director técnico de Croacia) los medios locales registraron a una multitud de bosnios croatas vociferando el famoso saludo del régimen ustaša (aliado del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial) y pronunciándose contra la estatalidad de Bosnia-Herzegovina.

En este breve relato han quedado afuera muchas cuestiones, como el famoso partido de mayo de 1980 entre Hajduk Split y Estrella Roja suspendido por la muerte de Tito, así como los graves incidentes en el encuentro entre Dinamo Zagreb y Estrella Roja en 1990. No hay dudas de que el fútbol es un sitio privilegiado de expresión política en los Balcanes. En una región con memorias e historias, colectivas e individuales, tan disímiles, contradictorias, dinámicas, hay que ser precavido con los relatos sencillos que quizás terminan favoreciendo confusiones y/o simplificaciones.

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