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Una agenda para complacer a los macristas

Una agenda para complacer a los macristas
julio 27
12:10 2018

Por Federico Dalponte. Con la profundización de la crisis en puerta, Cambiemos echa mano a su núcleo duro de propuestas. La supuesta lucha contra las mafias, en tres medidas emblemáticas dadas en las últimas semanas, asusta a los ajenos pero encandila a los propios.

El gobierno apuesta a concentrar la recesión en los próximos meses y a llegar al 2019 con crecimiento de la actividad económica y una inflación comparativamente más baja. Lo lógico, según los optimistas, sería que lo logre.

Así cobra sentido la descripción meteorológica: la tormenta con frío alude a lo efímero, a lo pasajero, a la antesala del sol y bermudas. Sobrecargar al pasado con epítetos negativos ya no es negocio: ahora lo malo es aquello que se aproxima, apenas un puñado de meses por venir.

En ese marco, el Ejecutivo mantiene una dedicación casi exclusiva al seguimiento de las variables económicas –tal vez como nunca antes–. La expectativa de pisar los meses previos a la campaña electoral con un repunte del humor social es clave para el proyecto de Cambiemos a mediano plazo.

Pero en el medio, claro, el oficialismo pretende guarecerse durante «la tormenta». No habrá inversión en obra pública ni aumento generalizado del ingreso medio social. Será, en todo caso, una concatenación de conquistas políticas para el aplauso de los propios, que no son tantos pero tampoco tan pocos.

Las Fuerzas Armadas incomodan a muchos. Causa escozor la sola idea de cruzarse a un señor de botas y uniforme militar, aunque más no sea en zona de frontera. Pero el nuevo decreto del presidente es coherente con su percepción política: un menosprecio absoluto por la historia argentina, un desinterés militante por las causas de derechos humanos y un enaltecimiento del orden impuesto a balazos.

Lo cierto, además, es que la medida le sirve al gobierno en varios sentidos. En primer lugar, le permite reafirmar la lucha contra ese engendro más o menos reconocible llamado narcotráfico, del cual se sabe poco, pero nadie es muy afecto. En segundo lugar, le resuelve una puja con los propios oficiales, quejosos de su escasa actividad y presupuesto, y convertidos ahora en sujetos visibles de la escena pública. Y en tercer lugar, lo más peligroso: suma a un número importante de efectivos al patrullaje urbano, ya sea a través de los propios militares –casi descartado– o reubicando gendarmes.

Algo similar sucede con la pelea con Hugo Moyano. Enfrentarse de manera tan absurda y violenta con uno de los sindicatos más movilizados del país sólo se explica por la pésima imagen que tiene el ex titular de la CGT entre el electorado oficialista. Servirá, a la postre, como intento de disciplinamiento al movimiento obrero, pero en principio el macrismo capitaliza la contienda y declama su lucha contra el sindicalismo peronista.

La conciliación obligatoria no acatada data de diciembre de 2017. Casi un siglo para la aplicación de una multa meramente administrativa. Pero allí está. El gobierno sacó del cajón sus mejores reliquias y las puso otra vez sobre la mesa para entretenerse durante la crisis.

Bajo esa tesitura, otra antigüedad que parecía perimida: el proyecto de ley de extinción de dominio de bienes de origen ilícito. En junio de 2016 fue aprobado en Diputados, pero se perdió en la Cámara Alta; las dudas de Miguel Ángel Pichetto en torno a las garantías constitucionales en juego dejaron la iniciativa al borde de perder estado parlamentario.

Pero ahora sí, zanjadas las diferencias, Cambiemos logró el dictamen por el que peleaba desde hace dos años. El proyecto será ley y se permitirá la enajenación de bienes provenientes de la corrupción, lavado, narcotráfico, etcétera, aunque sin necesidad de esperar a una condena firme.

Algún día, seguramente, la Corte Suprema o la Cámara Federal de Casación Penal discutirán su constitucionalidad. Pero por lo pronto Mauricio Macri tendrá una nueva bandera para flamear en contra del crimen y a favor del patrimonio público. Vaya paradoja.

En cualquier caso, lo que subyace es un efecto cortoplacista. La economía, aunque más no sea a fuerza de ajuste y concentración, es el único elemento estructurante del gobierno de cara al próximo año, la única variable medida y calculada.

Lo demás es apenas producto de un contexto político adverso, que Cambiemos pretende afrontar con reivindicaciones extraídas de su propia génesis: mayor presencia de oficiales en las calles, enfrentamiento sin tregua contra el sindicalismo y lucha contra la corrupción ajena. Lo cual, en suma, no es poco para una alianza que todavía rehúsa a definirse de derecha.

@fdalponte

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