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Hoy no se duerme, se escucha al Indio

Hoy no se duerme, se escucha al Indio
julio 27
09:36 2018

La espera terminó y El ruiseñor, el amor y la muerte, último trabajo solista del Indio Solari, fue presentado este jueves por la noche en “Big Bang”, el programa de radio que conduce Marcelo Figueras por FM La Patriada. Entre la nostalgia de una despedida anticipada y la pasión del rock ricotero surge un trabajo impecable, cargado de gratitud y poesía.

El ruiseñor, el amor y la muerte suena a despedida. El Indio Solari, como buen poeta, intenta abrazar a todos los que pasaron por su largo camino. El ruiseñor… es el Blackstar de Bowie argento: ortodoxo en su estilo, oscuro por momentos y brillante en su totalidad. Una seguidilla de homenajes que parten desde la tapa del disco -en la que aparecen sus padres- hasta sus ídolos como Allen Ginsberg, Werner Herzog y Leonard Cohen por nombrar algunos, iluminan lo que vendrá en el tono general: canciones para recordar que el amor existe pero se va, historias marginales contadas con esmero, personajes que asoman desde la burla y la ironía, ese tono que tan bien maneja Solari desde siempre.

Quince temas de un viaje particular, atravesado de las clásicas letras del Indio en trance musical ecléctico. El sonido del disco pasa de la euforia al recuerdo, de la intimidad al agite y nunca se olvida de ese toque ricotero de banderas en alto.

El primer tema es “Pinturas de Guerra”, una ráfaga de aquel Lobo Caído del Lobo Suelto, Cordero Atado (1993) pasado por mucha máquina y distorsión. “/Si la adversidad triunfa, dolerá porque fui feliz/”, dice Solari en una estrofa que parece un haiku. El dolor de lo pasado llega como un fantasma desde el principio.

Luego, “La Oscuridad”, el trago más amargo del viaje. Parece que el Indio quiere avisar desde el vamos que no está jugando, que esta vez es en serio. “/Vos fuiste la derrota que mi alma no soportó/”, dice la letra de este tema en el que parece ir tanteando a oscuras un laberinto. Los fantasmas de esa juventud lejana vienen a despedirse.

La historia se desliga de ese tono siniestro cuando llega “El Callejón de los Milagros”, una historia que podría estar salida de cualquier capítulo de El Marginal. Acá entra a jugar la ironía marca registrada de Solari: un tema bien arriba, con palmas y coro incluído que refiere a lo trágico desde el humor.

Luego aparece el corte que le da título a esta historia: “El ruiseñor, el amor y la muerte”, es una balada rockera que por momentos parece un tango. Ese amor al que refiere Solari con una poética amorosa bien labrada al estilo “La Pequeña Novia del Carioca”: “/El dolor más puro es el de haber sido feliz/”, dice el Indio. Ese dolor que lo persigue en todo el disco y del que intenta redimirse.

Hasta acá un par de historias, despedidas y cartas de amor. Pero llega el quinto tema y el clima cambia. “Strangerdanger”, es una invasión de sonido que levanta a la platea progresista. Este agite cuenta la historia del “siniestro ladrón en todo el globo”, “predicador itinerante” que se lleva todo lo bueno. Adivinen de qué político está hablando.

Si “Strangerdanger” dibuja la figura irritante del macrismo, el sexto tema nos brinda el cuadro completo. “El Martillo de las Brujas”, es un retrato irónico de esa familia que vive en el barrio bonito y cuidado, que compra pósters de obras de arte y le pesa la bijouterie. “El lujo es vulgaridad” modelo 2018. Musicalmente es lo mejor del disco. Un punto altísimo, con tonos que emulan a “Juguetes Perdidos”.

“El Martillo…” provoca un quiebre. Vendrá el momento de estar más sueltos y elogiar a quienes se lo merecen. El entusiasmo de la obra va en aumento.

Llega “El Tío Alberto en el Día de la Bicicleta”, séptimo corte que es un homenaje a Albert Hofmann, el químico suizo que descubrió accidentalmente la dietilamida de ácido lisérgico o LSD, una droga alucinógena que hoy no existe en su estado puro y que fue fundamental para los años sesenta, los beatniks y el descubrimiento de nuevas puertas de la percepción que fueron fundamentales para la vida de Solari. La melodía da ganas de hacer la revolución.

El tono vuelve a bajar con “Canción para un terrorista bonito”, el octavo tema, que recuerda a los terroristas jóvenes que mueren pensando si en algún otro lugar del mundo habrá gente que muera de vieja. Resuena algo de “Espejismo” de Lobo Suelto en sus acordes entre lo experimental y arabesco.

Lo que aprendimos en todos estos años del Indio Solari son dos cosas: nunca hay que leerlo literalmente y la ironía y la nostalgia son sus mejores armas.

El noveno tema sube la aguja de nuevo. “La pequeña mamba”, busca el hit franelero a lo Tarea Fina: una historia de amor en un rockanrol. Esos que usamos para declararnos y dejar “/La cama siempre deshecha de amor/”.

Después del amor llega la muerte. En “La moda no es vanguardia” el Blackstar de Bowie se hace presente. Ese canto del ruiseñor que despide viejos amores, compañeros de ruta y el enfrentamiento con lo desconocido: “/los muertos sin alma/ me quieren juzgar a mí/”, dice el poeta en un canto doloroso casi lorquiano.

No terminamos de secarnos las lágrimas que nos sacan a bailar. “A bailar que no hay infierno” derrama un rock pegadizo con solos de guitarra perfectos. “La ciudad de los encandilados”, nos vuelve a contar una historia marginal sin mucho destino. El antepenúltimo tema “Ostende Hotel”, brilla en una voz de Solari solamente acompañado por un piano. Brillante y rasposa -ese bello oxímoron redondo- como en sus mejores épocas. Nostalgia power cuando entra la batería y todo se convierte en un cuadro de Magritte. Cierto aire a La murga de la virgencita con mar de fondo.

Casi se nos va el disco con la historia de Panasonic y su vida dentro de un viejo camión de Juncadella con su perro Efisema. Un rock bien Solari en el que no faltan las guitarras al palo.

En el último tema del disco no hay dolor. Ya hubo tiempo para llorar pero “El que la seca la llena” deja una esperanza. Lo predecible de un disco como este sería despedirse hasta que no se vea el horizonte pero eso no pasa. El tema final es uno de los más bailables y suena a homenaje encubierto al rock de los 80, Soda Stereo incluido.

Apenas fueron escuchados, la comunidad ricotera compartió los temas en redes. Había pasado la medianoche del viernes y un usuario resumió todo cuando posteó en Twitter: esta noche no se duerme, se escucha al Indio. En el fondo no queda más que eso: ser felices por haber estado desvelados escuchando el nuevo disco.

Mariano Cervini – @marianocervini

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