Derechos Humanos

29 agosto, 2018

[Exclusivo] Jones Huala: “Molestan más las banderas mapuches que las bases yankees”

Mientras estaba bajo el régimen de prisión domiciliaria, Facundo Jones Huala recibió a Notas en la casa de su abuela. En una entrevista exclusiva, puso de manifiesto lo que ningún medio de comunicación cuenta: sus padecimientos sufridos en la cárcel, la falta de comprensión cultural y la persecución que lo convierten en un preso político del gobierno de Mauricio Macri.

Facundo Jones Huala se convirtió en autodidacta de jóven, y por sus orígenes se formó como militante por los derechos del pueblo mapuche. Por mandato de sus ancestros se convirtió en Lonco (cabeza). Luego de un breve tránsito por la prisión domiciliaria, el líder político de la comunidad Pu Lof de Cushamen fue trasladado nuevamente a la Unidad 14 de la Ciudad de Esquel, ante un intento de extradición cuya decisión final está en manos del presidente Mauricio Macri.

Mientras se encontraba bajo el régimen de vigilancia electrónica en lo de su abuela, recibió a Notas la tarde del domingo 5 de agosto, en una conversación que puso de manifiesto los padecimientos sufridos dentro del penal y la criminalización estatal de la que es víctima, pero que acapara a toda su comunidad que, resaltó, transita un proceso de maduración política y filosófica.

La falta de comprensión cultural, la persecución y la dependencia extranjera hacen a Huala un preso político, perseguido por luchar contra las injusticias que vive un pueblo negado, colonizado y oprimido.

– ¿Cómo terminaste preso la primera vez?

– Se cumplía otro aniversario del asesinato del peñi (Hermano) Matías Catrileo, por parte de los carabineros. Se había metido en las comunidades y muere en un proceso de recuperación de tierras. Lo matan por la espalda, con una bala de 9mm que le perforó un pulmón.

Esa noche cae detenido el machi (Cháman) Celestino Córdoba, que al ser una autoridad tradicional, las acciones de resistencia como acción natural se intensifican. Ahí es donde me involucran con el incendio de Pisu Pisué, el 9 de enero. Una entre las tantas acciones que se llevaron adelante, que llegaron hasta el sur y que duraron desde el 3 al 9 de enero.

El 30 de enero hay un allanamiento y caemos detenidos. Pasé doce meses detenido entre el penal y arresto domiciliario. Luego salí y estuve en reclusión nocturna, dormía en la cárcel y en el día salía. Cuando quedé en libertad la gente de Chile me dice que es preferible que me vaya, que me vuelva a Argentina.

Vuelvo y me sumo donde hay un trabajo político desarrollado y colectivo, y caigo detenido el 27 de mayo. Estuve cuatro meses, hasta que que se declara la nulidad del proceso. Hoy estoy siendo dos veces sometido por la misma causa, donde ya hubo una resolución judicial, pero lo que no saben lo inventan. Ahora el caso está en la Corte Suprema, y a la vez en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El tratado de extradición contempla que hay delitos que no son extraditables, como los políticos, o los que evidencian motivos de persecución por ideas políticas, religiosas, etc. Acá en Argentina forzaron mi detención, fue todo un disfraz: Clarín sacó la noticia a las 2 de la tarde, y yo fui detenido a las 6. En el medio se reunieron Macri y Bachelet y hablaron sobre mí, claramente consensuaron que tenían que buscarme hasta meterme en cana. Hoy la lucha mapuche se ha convertido en un gran conflicto geopolítico para la derecha, que no sabemos en qué va a terminar porque nosotros confrontamos y lo vamos a seguir haciendo.

– ¿De qué depende tu caso hoy?

– De la evolución de la gente, principalmente. E independientemente de mi caso, depende del poder de los tres países, Chile-Argentina y Estados Unidos. Hace algunos años la CIA sacó un informe donde marcaron que el peligro más grande para su imperio radicaba en grupos ecologistas y pueblos indígenas. Pero hoy hay un pueblo al que le molesta las banderas mapuches, pero no las bases yankees. Lo único que sé es que, preso o en libertad, voy a seguir luchando por la emancipación.

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Bajo el régimen de prisión domiciliaria, Jones Huala recibió Notas en la casa de su abuela, Trinidad Huala.

– Cuando estuviste detenido llevaste a cabo una huelga de hambre, ¿Qué te motivó a hacerlo?

– Cuando estás detenido no tenés muchas trincheras. Hacer un motín no podía, iba a terminar con más causas y sin lograr lo que yo quería. Por otro lado, la huelga como método de presión no está basada en la situación de generar sensibilidad a un juez, porque a ellos no les importa si te morís. Lo que les molesta es la movilización que irrumpe y la huelga genera sensibilidad por la vida de uno y por mi parte sí estoy dispuesto a morir.

Así se movilizó la gente que luego hizo movilizar a más gente. Se recuperó confianza y se perdió el temor que se generó con lo que pasó con Rafa [por Rafael Nahuel] y Santiago [Maldonado], que ese nivel de violencia fue lo que aterrorizó y aquietó a las comunidades.

– ¿Qué hostigamientos viviste en el penal?

– No me dejaban ser mapuche. Nosotros venimos trabajando por la implementación del Protocolo Carcelario de prisioneros políticos, y en especial para prisioneros indígenas, porque no es lo mismo, nosotros tenemos regulados hasta los horarios para dormir. Y eso se debe respetar, lo establece la ley.

Además sufrí hostigamientos racistas, psicológicos, y provocaciones. El día que empecé la huelga hubo órdenes para que me revisaran a cada rato, me desnudaban y me filmaban, tres o cuatro veces a la mañana y lo mismo a la tarde. Cuando en el medio de la huelga yo ya no podía caminar, me obligaban a eso.

También me inundaron de mierda con el agua de las cloacas el lugar donde yo hacía mi rogativa diaria. Nadie se hizo cargo y les pregunté qué hubiesen sentido si yo hacía eso con su Virgen María. Me quisieron prohibir el material de lectura, no me dejaban ir a la escuela y cuando iba no podía asistir a algunos talleres, todo lo que no pasaba con otros presos.

– ¿Qué hay de cierto sobre la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM)?

– La RAM surge en los procesos de autodefensa, de trascender a la política burócrata. No es una organización, sino una expresión organizada que tiene como fundamentos básico el mundo mapuche. Tiene objetivos estratégicos específicos, es parte del Movimiento Mapuche Autónomo de Puel Mapu. No todas las acciones que se les adjudicaron son ciertas, de hecho la RAM suele adjudicarse sus acciones que siempre tienen un objetivo político. No es una guerrilla, ni servicios de inteligencia, ni terroristas, son mapuches haciendo realidad su propuesta política.

La RAM no son sólo los weichafe (guerreros) que salen a combatir, sino que somos todos, es una dinámica con componente miliciano. Es algo histórico y va a seguir existiendo mientras no haya una salida política, mientras los latifundios existan, las empresas lleguen y haya opresión, miseria, desigualdad y represión. Por eso los medios mienten, Santiago no puede haber pertenecido a la RAM, porque no se acepta gente que no sea mapuche.

Tenemos la estrategia de los daños materiales para la expulsión del empresariado y para la presión política con el fin de conseguir victorias. Al Estado le duele que le toquen las empresas, si vos a un empresario le comes los animales y le saboteás las máquinas, es muy probable que el daño económico no le convenga y se termine retirando, porque no genera ganancia. ¿De qué le sirve recuperar un camión si no va a poder cosechar y vender? Entonces, la lógica de la RAM es dañar la producción del enemigo para lograr su expulsión.

– ¿Qué opinás sobre la interpretación de la cultura mapuche que tiene la sociedad?

– Que la Madre Tierra se tradujo de una manera romántica e idealizada. La visión “pachamamista” no es nuestra. El concepto mapu no es la tierra que se vuela, sino un espacio, la gente que surge en ese espacio. Somos lo que brota entre la tierra de arriba que sería el cielo y la de abajo.

Las visiones de nuestro pueblo hacia la mapu es mucho más profunda, es lo que nos dio y nos da la vida, donde brotan y conviven las fuerzas. Apenas nacemos hay ceremonia que nos ligan con el lugar, por ejemplo, se entierra la placenta. Somos responsables de nuestra armonía hasta donde alcanza nuestra vista, nos vinculamos todo el tiempo con nuestro espacio, eso que nos da vida, del lugar del que surgimos.

El Tubum es nuestro origen territorial y el Küpalme nuestro origen familiar o linaje. Eso nos hace mapuches. El pueblo está perfectamente organizado, pero no es homogéneo, sino diverso. Tenemos estructura y jerarquía, pero también una forma de desarrollarnos que se relaciona con fenómenos naturales: nos guiamos por un remolino, un sueño, cierto animal en el camino.

Soledad Millatur, desde Esquel

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