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Chile a 45 años del Golpe: la memoria en disputa

Chile a 45 años del Golpe: la memoria en disputa
septiembre 11
09:59 2018

Por José Robredo Hormazábal, desde Santiago. No hay duda que a 45 años del golpe de Estado las heridas en Chile siguen abiertas. La necesidad de verdad y justicia aún no es satisfecha, lo que queda demostrado en el debate que se ha dado en el país trasandino en los últimos dos meses, donde el respeto de la memoria y los derechos humanos ha estado en el centro de la discusión.

Se han dado señales en favor de otorgar beneficios a los criminales condenados por violaciones a los derechos humanos en los últimos años, en su mayoría por motivos de salud. La primera provino de la Corte Suprema al dictaminar la libertad condicional a seis ex militares que cumplían su pena en la cárcel especial de Punta Peuco -recinto penitenciario exclusivo que alberga a ex militares y agentes represores sentenciados por crímenes de lesa humanidad-, encendieron las alertas en las organizaciones defensoras de familiares de víctimas de la dictadura. Estos dictámenes motivaron a un grupo de parlamentarios a acusar constitucionalmente a los jueces que fallaron a favor de los condenados.

En paralelo, las luces que entrega el gobierno de Sebastián Piñera al respecto tampoco son alentadoras para la defensa de la memoria histórica. Hay dos hechos concretos en este sentido. El primero, fueron los dichos del ex ministro de las Culturas, Mauricio Rojas, quien sostuvo en una entrevista del año 2015 que el Museo Memoria -espacio creado durante el primer gobierno de Michelle Bachelet- era “un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional”. La republicación de sus declaraciones determinaron su renuncia a cuatro días de su nominación y abrieron un flanco por el lado más débil de la actual coalición de gobierno.

La respuesta del mandatario chileno en este caso fue tensionar más el ambiente con su propuesta del Museo de la Democracia, el que, según Piñera, busca ser un “recuerdo, enseñanza y lecciones”. Junto con eso destacaba que “el Museo de la Memoria reconoce, recuerda, conmemora, nos hace patente para nunca olvidar una época oscura en materia de derechos humanos. Eso no tiene nada que ver con que uno pueda pensar que llevó a Chile a destruir la democracia”, lo que se entendió como un justificativo del golpe y la dictadura.

Sebastián Piñera, presidente de Chile

Sebastián Piñera, presidente de Chile

A esta iniciativa se suma el llamado Museo de la Verdad, lanzado por los familiares de militares vinculados a casos de violaciones de derechos humanos. La iniciativa consta de un museo virtual donde darán cuenta de los “crímenes de las organizaciones subversivas de izquierda”, según sostienen sus impulsores.

Queda en evidencia que Chile ha entrado en una fase de disputa de la memoria respecto a los hechos ocurridos hace 45 años y, al mismo tiempo, sobre el modelo que instaló el golpe de Estado y la posterior represión en los 17 años que duró la dictadura pinochetista, la que se considera por varios investigadores como una verdadera “revolución capitalista”. Sus consecuencias aún se ven más que vigentes allende los andes, a casi 30 años del retorno de la democracia.

¿Quién define la memoria?

En Chile se está viviendo un proceso de cambio en la configuración social y política, lo que se ha reflejado en la serie de movilizaciones que buscan el restablecimiento de derechos sociales que hoy se encuentran mercantilizados. Esa disputa social y política también se presenta hoy en materia de memoria histórica.

La transición chilena se sostiene en una serie de pactos que operan para mantener y profundizar el modelo político-económico instalado en dictadura, además de aplicar la lógica de verdad, reparación y justicia -en ese orden- con tal de no hacer chocar las versiones de víctimas y victimarios.

De esta forma se configuran tres narrativas, según relata a Notas el historiador especializado en memoria y patrimonio Luis Alegría: la de la socialdemocracia -que gobernó Chile toda la primera parte de la transición hasta 2010- que se basa en la condena a las violaciones de DDHH y, a la vez, en asumir que el “quiebre institucional” es “responsabilidad de todos los involucrados”. Por otro lado, la derecha, con sus variantes liberal y conservadora, establece que, en el caso de los sectores liberales, “rechaza la represión aunque puede entenderlas dado el contexto político”; mientras que la derecha conservadora “defiende y avala las violaciones a los derechos humanos como parte de la defensa de sus privilegios”.

Mientras, la narrativa de la izquierda -plantea Alegría- señala que “fue un genocidio dirigido a exterminar a un conjunto de la población nacional por su adscripción ideológica de izquierda, una renacionalización”.

Imágenes de desaparecidos en Chile

Imágenes de desaparecidos en Chile

El sociólogo y presidente de la fundación Nodo XXI, Carlos Ruíz, apunta a este medio que el debate en materia de memoria se debe a que “la transición chilena fue extremadamente pactada, cerrada, elitista y que, por lo tanto, dejó mucho más abiertas las heridas en esta materia”. A la vez recalca que esto motivó que no se enfrentarán los hechos “más frontalmente, como si sucedió en el caso argentino”.

Ruíz, explica que para entender este proceso se debe considerar que “la resistencia militar durante la transición fue mucho mayor. Hay que entender que Pinochet se mantuvo como jefe del Ejército hasta finales de los años 90”.

“La batalla por la memoria entre derecha e izquierda, es parte de la configuración del modelo neoliberal”, expresa Alegría, quien declara que “ese modelo también muestra eficiencia en la configuración social, al estructurar el tipo de relaciones sociales en clave de mercado, esto es competencia e individualismo”. Esto puede explicar, en parte, que por en casi 30 años se haya buscado esconder la historia bajo la alfombra.

Batalla cultural y legado

Empezar a entender el contexto actual que vive Chile respecto a la memoria y su historia reciente tiene relación con establecer que la dictadura de Pinochet se configura como “la más refundacional que ocurre en la región”, analiza Carlos Ruíz y deja registrado que “el cambio histórico que marca la dictadura chilena es fundamental incluso hasta el día actual”.

Esto, según Alegría, determina que desarrolle un modelo de “producción de riquezas que se sustenta en una economía extractivista que concentra una mano de obra de mayor valor que en otros ámbitos”, hecho que tiene una consecuencia cultural ya que, sostiene el historiador, “la cultura proporciona las condiciones subjetivas para el funcionamiento del sistema”.

¿Se desarrolla entonces una “batalla cultural” en Chile en estos momentos? Para Alegría “sin duda que existe” entre sectores de derecha e izquierda, aunque se presenta la gran dificultad de que “en medio existe una centro-izquierda continuista del modelo”.

“La izquierda crítica, es minoritaria en este esquema, en parte porque las otras dos consideran clave al mercado, con matices, pero sigue siendo central, en la forma de configurar las relaciones sociales y construir subjetividades”, remarca el historiador. Ruíz, en tanto, plantea que en este escenario “no es casual que Chile sea una de las sociedades más polares socialmente en América Latina y que eso se deba a la concentración del ingreso, que se refleja en la enorme desigualdad que existe en el país”.

La conmemoración de los 45 años del golpe de estado en Chile y, de paso, de la instauración del modelo neoliberal en el país, encuentra a la sociedad chilena en un incipiente proceso de disputa, tanto de la memoria como del modelo por el que la sociedad chilena transitará en los próximos años. De ahí la tensión y el debate. Al parecer -por fin- la transición iniciada en 1990 comienza a cerrarse definitivamente.

@joserobredo

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