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Grabois, Bourdieu y el periodismo

Grabois, Bourdieu y el periodismo
septiembre 24
10:36 2018

Por Adrián Pulleiro. La semana pasada Juan Grabois ocupó las primeras planas de los medios masivos. Grandes y chicos, de un lado y otro de las líneas editoriales, todos se ocuparon de la detención del referente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), junto a otros dirigentes, ocurrida en la CABA luego de un operativo policial para desalojar vendedores ambulantes senegaleses.

Lo más evidente del tratamiento mediático que recibió la figura de Grabois fue la operación de encasillamiento en relación con sus posicionamientos políticos –se lo tildó de piquetero K– que buscó sin dudas un efecto estigmatizador. Otros episodios menos visibles que ocurrieron en el marco de esa cobertura también nos ponen ante una serie de mecanismos que no responden a la capacidad de operatoria de algún actor económico o político ni de la voluntad de ciertos periodistas, sino que forman parte del funcionamiento predominante de la propia comunicación de masas y de las formas que asume la lucha por construir hegemonía.

El periodismo que mata por un título y la política en los medios

Entre las tantas entrevistas que Grabois concedió en los últimos días una generó un hecho que nos deja tela para cortar. En el programa que conduce Ernesto Tenembaun en Radio con vos, uno de los columnistas, Jairo Straccia, le preguntó a Grabois qué pensaba de la situación judicial de Cristina Kirchner. Éste se negó a responder argumentando que la entrevista estaba pautada para hablar de los hechos vinculados a su detención y consideró la pregunta como malintencionada.

El intercambio derivó en una justificación por parte del periodista quien defendió su derecho a preguntar lo que le pareciera adecuado y se mostró sorprendido por la actitud de Grabois. Más específicamente aseguró que en última instancia su tarea como periodista era la de preguntar sobre cosas que pudieran ser “noticia”.

Más allá del caso puntual, las frases en cuestión encierran toda una concepción del periodismo que podemos definir como predominante en los medios masivos, sea cual sea su formato. Si cambiamos el término “noticia” por “titular” nos puede quedar más claro todavía. Grabois había sido detenido junto a otros dirigentes sociales sin estar cometiendo ilícito alguno, por estar reclamando la libertad de otros militantes y vendedores de la vía pública. Ese hecho había generado una movilización muy importante y un respaldo político tan diverso como inusitado en los tiempos que corren. Sin embargo, algo lleva a pensar que la noticia está en otro lado.

Hace ya más de 20 años, en un libro llamado Sobre la televisión, el sociólogo francés Pierre Bourdieu no sólo sistematizaba con precisión esta forma de entender y ejercer el periodismo, sino que ensayaba una explicación certera. Desde el momento en que la lógica del rating había dominado a la TV y de ahí inundado al resto de los medios, el periodismo se había vuelto absolutamente dependiente de la competencia por la primicia. La búsqueda del impacto se transformaba en ese marco en el horizonte primordial de la práctica periodística y la apelación a los sentimientos más básicos (el miedo, entre ellos) en su mecanismo más usual.

Ante tamaña avanzada, la política no podía quedar al margen. De ahí que los hechos y acciones políticas son procesados en los medios por la misma matriz productiva de discursos. La pregunta por los proyectos, la descripción de los intereses que representan las distintas expresiones políticas, el análisis de cómo se articulan las dinámicas globales, regionales y locales dejan, generalmente, su lugar al tratamiento superficial de los hechos, a la referencia recurrente al problema de la honestidad y al dato irrelevante pero novedoso. De ahí a la estigmatización simplificadora y denigrante de Grabois o cualquier figura que exprese cierta complejidad en sus planteos públicos y su trayectoria política hay un solo paso.

En definitiva, esta forma de generar discursos y de procesar la realidad –siempre compleja y cambiante– que podemos llamar sensacionalismo le es intrínseca a una comunicación masiva que se rige por la búsqueda de rentabilidad económica y opera como un terreno crucial en la construcción de hegemonía en el plano cultural. Consiste en simplificar y en descontextualizar todo lo que aborda, por lo tanto es funcional a los fenómenos de naturalización y de neutralización de lo disruptivo que toda hegemonía requiere. En otras palabras, allí donde se impone la estigmatización, en tanto una variante del sensacionalismo, se debilita la posibilidad de entender un momento histórico o el papel de un actor político en toda su profundidad. Y gana terreno la visión dominante que existe sobre esas cosas, reforzando al mismo tiempo los límites de lo decible y de lo imaginable.

En la crisis del periodismo

Ante el periodismo que ve su razón de ser en la primicia, el “rebote” y el escándalo, es posible plantear dos tipos de prácticas que lo pongan al menos en tensión y que profundicen la crisis de sentido que atraviesa en esta época.

Por un lado, un tipo de intervención que no resigne el establecimiento de criterios para la participación en los medios. En la gran mayoría de los casos, la persona entrevistada que acepta sin más quedar a merced de cualquier tipo de pregunta queda absolutamente integrada a esa dinámica dominada por la búsqueda de maximizar audiencias a cómo de lugar.

Por otro lado, hay que apostar a un periodismo que ofrezca ante todo elementos para comprender la realidad y que tenga una vocación por construir agendas vinculadas con sus principales conflictos y antagonismos. Centrada en la disputa que existe actualmente entre proyectos y actores que luchan por imponer o resistir a la ofensiva neoliberal que vivimos.

Obviamente hay casos muy meritorios en la escena mediática argentina, pero siguen siendo trincheras en una batalla que hay que expandir. En un mundo donde la sobreabundancia de mensajes y de datos se torna cada vez más patente, el periodismo tiene que ser ante todo un factor que facilite pautas para jerarquizar esa información, contextualizar lo que parece no tener historia y bucear en el por qué de las cosas. Aunque son apenas unas coordenadas generales, plantean las características básicas de lo que sería el periodismo que tiene sentido hacer. Para lo demás hay espacio de sobra.

@adrianpulleiro

* Docente UBA y UNLPam, integrante del Instituto Tricontinental de Investigación Social

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