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El mundo según Macri

El mundo según Macri
septiembre 26
14:31 2018

Por Federico Dalponte. A la par de las negociaciones con el FMI, el presidente habló ante la ONU sobre su pretendida “integración inteligente al mundo”. Pero su discurso, tanto como la tutela omnisciente de Lagarde, evidencian la fragilidad de un proyecto económico en crisis.

La ONU demanda equilibrio. Los asuntos domésticos son secundarios frente a la cuestión internacional. El de Mauricio Macri no fue, ni por asomo, un discurso dirigido a los argentinos. Aunque tampoco puede hablarse de un efecto sobre el mundo.

El lugar actual de la Argentina en el consorcio de naciones es marginal, a diferencia de lo que cree Cambiemos. Nuestro país supo ser referencia global en materia económica a principios del siglo pasado. Ese peso se reforzó con cierta tradición antiimperialista, sobre todo a partir de la postura oficial respecto a la primera guerra mundial y de la renuncia a la Sociedad de las Naciones en 1920.

Hoy ya no. Ahora lo astuto sería, si se quiere, reforzar la estrategia regional, pero ese camino se abandonó en 2015. El problema, en ese sentido, es suponer que alcanza con estirar los brazos para ser adoptado por los países desarrollados.
La “integración inteligente al mundo” que proclamó el mandatario argentino ante la Asamblea de la ONU se tradujo apenas, en estos casi tres años, en una apertura económica indiscriminada en favor de los capitales especulativos.

Lo cierto es que Macri ni siquiera usufructuó en su discurso la experiencia previa. Era un contexto ideal para que denunciara ante el mundo los efectos perniciosos del capitalismo financiero. Hubiese sido una salida decorosa, con todos los ingredientes a los que suele echar mano el gobierno: un culpable externo y una alabanza al desarrollo sobre una base productiva. Bastaba con evocar aquella propuesta de “volver al capitalismo en serio”, tan sugestiva, de su predecesora. Pero tampoco.

El presidente argentino dio así un mensaje típico de mandatario europeo. Reiteradas referencias a los temas que preocupan al primer mundo -terrorismo, gobernanza, narcotráfico, cambio climático-, pero sin siquiera una reflexión sobre el desequilibrio global. Sin una advertencia sobre los desafíos que conlleva la supremacía de Estados Unidos y China para países como el nuestro. Sin una frase lúcida sobre la judicialización de los procesos electorales en la región. Sin una línea sobre guerras, sobre migración, sobre cadenas globales de valor, sobre la apropiación privada de los recursos naturales.

No era necesario, dirían en el gobierno. Y es cierto. La concepción mayoritaria dentro del oficialismo sigue una sola línea argumental: la Argentina se codeaba con los países más importantes del globo hasta que el peronismo interrumpió ese proceso. Léase: más Roca-Runciman, menos UNASUR.

Lo cierto, en ese sentido, es que Macri lo transita con naturalidad. No es, por caso, como Fernando Henrique Cardoso, que gobernó Brasil con un plan económico inexorablemente impropio. Para nada: el argentino, en cambio, cree en el modelo FMI con fervor. “Espero que todo el país se enamore de Christine (Lagarde)”, llegó incluso a decir este lunes.

En ese contexto, sacrificar a Luis Caputo habla más de Macri que del propio Caputo. Las especulaciones sobre su salida son muchas, pero nadie duda de que el expresidente del Banco Central desoía ciertas exigencias del Fondo. Y entre ambos, ganó el más fuerte. “Lagarde está muy contenta con la designación de (Guido) Sandleris”, aseguró el mandatario argentino, dejando traslucir que la salida de Caputo ya estaba consensuada con el FMI.

Así, Cambiemos avanzó esta semana un poco más en esa obsesión de integrarse al mundo comprando en cuotas una butaca carísima. Esta vez el Fondo pidió la cabeza de Caputo y el gobierno cedió. Pero no será seguramente el último capítulo.

@fdalponte

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