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La demanda de un programa de gobierno con perspectiva de género

La demanda de un programa de gobierno con perspectiva de género
diciembre 14
13:52 2018

Por Federico Dalponte. Las agendas cambian y el que llega último a tomarle el pulso pierde. No en términos electorales. Perder, en este caso, implica desoír las demandas colectivas, disociarse del momento histórico.

En pocos días fueron denunciados por abuso o violación un actor reconocido, un senador nacional, un diputado provincial, un catedrático y otros miles de anónimos. Pero tal como señala Mercedes D’Alessandro, “este tsunami de denuncias necesita respuestas institucionales”.

Acaso la réplica presidencial haya sido todo lo que brindará Cambiemos de momento: la promesa de “trabajar para erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres”, casi una cita textual de la manda constitucional.

Sabor a poco, máxime cuando desde 2017 son constantes las denuncias de recortes presupuestarios para políticas de protección y prevención. El próximo año, por caso, los fondos del Instituto Nacional de las Mujeres sufrirán una poda del 18% en términos reales.

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Saber qué busca la sociedad es una tarea ardua y engañosa; se corre el riesgo de prometer lo imposible con tal de ganar una elección. Por ejemplo, que se construirán diez kilómetros de subte por año, que los trabajadores no pagarán el impuesto a las ganancias, que la pobreza será erradicada.

Se trata en todo caso de sincerarse ante el electorado –otro valor que se reclama poco–. Ser honesto en la Argentina no incluye ningún test de sinceridad: se tolera la mentira en política como parte de los males inherentes a la pretensión de ser gobierno o de mantenerse en él.

Esta semana Gabriela Michetti definió esas farsas como meras promesas “aspiracionales”; hubiese sido bueno hacerlo, pero no. En ese sentido, lo que prima siempre es una estafa en sentido penal: aprovecharse de otro mediante un ardid o engaño para el beneficio propio. La concreción empírica de la democracia encuestadora.

Va de suyo, el momento histórico no se ciñe a esta semana intensa. Son varios años de una visibilización creciente que ha dado este martes otro paso. La lucha por la despenalización del aborto, por tanto, se inscribe también en ese iter, y ello es lo que terminará por configurar –obligadamente– uno de los acápites más importantes de las plataformas electorales de 2019.

Como en Chile respecto a la educación en 2013, o este año en Brasil acerca de la corrupción, los candidatos argentinos que aspiren a la presidencia deberán incluir una propuesta y un mensaje que responda a las demandas del feminismo. En ese contexto, los perfiles misóginos, violentos y hasta el explícito apoyo al aborto clandestino estarán probablemente en la mira del electorado.

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En ese contexto, la construcción de una propuesta electoral demanda creatividad, oportunidad y una dosis muy fuerte de consecuencia e ideología. Aunque, en cualquier caso, esa es apenas una forma de construir un programa de gobierno. También se encuesta, se indagan preocupaciones y se promete una solución quimérica.

El resultado más acabado de estos tiempos es Mauricio Macri, el hombre que ganó tres elecciones consecutivas para cargos de gestión. No parece raro en ese sentido que ahora pretenda canalizar las actuales demandas colectivas en un cúmulo de lugares comunes con patrocinio oficial. “Nuestra responsabilidad como Estado y sociedad es escucharlas y acompañarlas”, sintetizó por ejemplo Horacio Rodríguez Larreta, desechando cualquier variante institucionalizada.

En ese sentido, para los partidos de oposición, la posibilidad de confrontar con iguales armas es tan riesgoso como improbable. Según Eduardo Fidanza, por ejemplo, el 60% de los argentinos apoya el protocolo «Bullrich» de gatillo fácil. Y sin embargo, a ningún candidato más o menos de izquierda o progresista se le ocurriría incluir esa propuesta en su plataforma electoral.

Las razones son varias, y todas ellas decantan en preceptos ideológicos: más vale perder una elección que ganar proponiendo aquello por lo cual no se milita. La construcción alternativa de un programa de gobierno exige por tanto tomarle el pulso a la sociedad para elaborar respuestas que no constituyan frases de ocasión ni sean fruto de encuestas, sino del trabajo de años, de la participación activa de muchas y muchos. El tsunami de denuncias necesita respuestas institucionales –y no cualquier respuesta–.

@fdalponte

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