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Paco Urondo, entre la acción y la poesía

Paco Urondo, entre la acción y la poesía
enero 10
16:25 2019

El 10 de enero de 1930 nació en la ciudad de Santa Fe el poeta, periodista y militante revolucionario, Francisco “Paco” Urondo. Multifacético, supo conectar sus dos vocaciones: la artística y la política, pero no por vías separadas, sino en una misma cosa. Como síntesis de esta última afirmación se puede leer entre sus líneas: “Empuñé un arma porque busco la palabra justa”.

Durante su juventud fue titiritero, pero ya durante la década del cincuenta se había recostado en su labor literaria. No era extraño poder verlo en los antros esparcidos entre las callecitas porteñas junto a Juan Gelman, otro joven (desconocido, como él) leyendo codo a codo sus poesías, entre nubes de humo y alaridos de borrachos.

Con el tiempo la convicción revolucionaria que desprendía de sus letras se le tornó insuficiente y fue volcándose a la militancia orgánica que signaba a las juventudes de finales de los años sesenta. Por esos años se unió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que luego se plegarían a Montoneros. Ya en ese entonces, Urondo no encontraba diferencia alguna entre sus dos actividades.

“Creo que poesía, en griego, quiere decir acción; en este sentido, no creo que haya demasiadas diferenciaciones entre la poesía y la política. Por la poesía, por la necesidad de usar las palabras en toda su precisión y significación, he llegado al tipo de militancia que actualmente hago. Los compromisos con las palabras llevan o son las mismas cosas que los compromisos con las gentes. Depende la sinceridad con que se encaren tanto una actividad como la otra”, escribió.

En abril de 1973, cuando se hallaba preso junto a compañeros militantes que luego serían asesinados por las fuerzas represivas, dejó en claro que la libertad es algo que no podrían arrebatarle: “Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja”.

Durante la última dictadura militar, fue enviado a comandar la Regional Mendocina de Montoneros, por razones que hasta hoy no han sido esclarecidas. Más tarde, Rodolfo Walsh se lamentaría sobre la polémica decisión: “El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975″.

Lo cierto es que cuando asistía a una reunión en su vehículo, junto a su pareja Alicia Raboy, su pequeña hija Ángela y la compañera Reneé Ahualli, fueron interceptados. Luego de un tiroteo prolongado, cuando se quedaron sin balas, Urondo frenó el auto para que escaparan sus compañeras, jurando que él ya había tomado una pastilla de cianuro.

Lo cierto es que en la autopsia posterior se determinó que no había rastros de veneno en su cuerpo. Recibió un culatazo en la cabeza y dos disparos en el cuerpo. Alicia fue atrapada, secuestrada y desaparecida, pero antes pudo salvar a Ángela. Herida en una pierna, Reneé también escapó.

Francisco Urondo exprimió de su tiempo cuanto había de jugo, hurgando entre las grietas de la existencia respuestas a las más variadas preguntas. Y a pesar de saber que algunas respuestas no existen, vivió alegremente, contagiando a aquellos que estaban más cerca de su corazón.

Sobrevivió a la muerte a través de las letras. Consciente del poder que tiene la poesía sincera y bien escrita, decía: “Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra”. La pura verdad, para él, fue también su mayor secreto; intuyendo a la muerte cercana entregó un aprendizaje invaluable a las generaciones posteriores: “Sin jactancias, puedo decir que la vida es lo mejor que conozco”.

Isidoro Aramburú – @IsidoroAramburu

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