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Feminismo y socialismo: a cien años del asesinato de Rosa Luxemburgo

Feminismo y socialismo: a cien años del asesinato de Rosa Luxemburgo
enero 15
16:04 2019

El 5 de marzo de 1871 nació en Polonia una de las pioneras por los derechos de la mujer. Rosa Luxemburgo fue una teórica marxista de origen judío, quien a los 15 años inició su camino en la militancia socialista. En 1886 se unió al partido de izquierda polaco, el Proletariat, mientras aún estaba en la secundaria. En 1889 ingresó en la Universidad de Zurich, Suiza, el primer país en aceptar una mujer en la educación superior. Allí estudió filosofía, matemática, política y economía, especializándose en teorías del Estado.

Convencida de que  el capitalismo solo podría ser contrarrestado si el proletariado tomaba el poder y se producía un cambio revolucionario de los medios de producción, Luxemburgo se convirtió en una de las dirigentes más importantes del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), el cual integró desde 1898 hasta 1910. Durante ese período, se opuso a la participación activa de los socialdemócratas en la Primera Guerra Mundial, bajo la premisa de que la identidad de clases era más profunda que el nacionalismo como instancia colectiva.

Clara Zetkin fue una de las creadoras del movimiento de la liberación femenina y  fue la directora de un periódico femenino llamado “Igualdad”, del que Rosa Luxemburgo fue asidua colaboradora. Más tarde, juntas formarían el movimiento espartaquista. En  1910 surgió del seno de la Segunda Internacional en Dinamarca la declaración del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Ellas lo propusieron.

“Orgullosa de llamarse feminista”, como le dijo en una carta a su amiga Clara, Luxemburgo no se dedicaba a las luchas propias del género, ya que como Marx, entendía la emancipación de la mujer de la mano de la lucha de clases. En su lugar optó por sentarse en la mesa de los hombres a discutir los lineamientos del partido en su conjunto, luego de que éstos intentaran ordenarle que se ocupe “de las cosas de mujeres”. Obstinada, se negó a desligarse de la revolución proletaria así como a establecer una pareja y una vida en el hogar y dio a luz  una de las frases más reconocidas: “Quien es feminista y no es de izquierda, carece de estrategia. Quien es de izquierda y no es feminista, carece de profundidad”.

Respaldada por su camarada Carl Liebknecht, Luxemburgo insistió en el postulado de que la guerra que se avecinaba no sería más que un enfrentamiento entre trabajadores de la misma clase, que beneficiaría a los grandes capitales y alejaría a Alemania de la revolución, por lo que en caso de estallar el conflicto bélico, los trabajadores europeos deberían llamar a una huelga general. En 1914 formaron el grupo espartaquista y comenzaron a emitir panfletos en contra de la guerra y a criticar el acuerdo político entre el SPD y el gobierno alemán que garantizaba que no habría huelgas mientras dure el conflicto.

Estas premisas confinaron a la una de las teóricas marxistas mas importantes de la historia a pasar la Primera Guerra tras las rejas. Durante ese período se enfrentó a la socialdemocracia alemana y remarcó que los procesos electorales y reformismos poco tenían que ver con la idea de la revolución y el poder del proletariado. Criticó la revolución rusa, se enfrentó públicamente con Lenin y dio nacimiento a la frase “la libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente”, en crítica a los bolcheviques.

En 1918, Rosa Luxemburgo fue liberada y el 1 de enero de 1919, junto  miembros de la Internacional Comunista Alemana y Liebknech, conformaron el Partido Comunista de Alemania (KPD). Creían que la revolución aún era posible en la Alemania de posguerra. En tanto, el socialdemócrata Philipp Scheidemann dio inicio a la República de Weimar, bajo la presidencia de Friederich Ebert, quien había sido alumno de Rosa en las centro de formación del SPD lo que parecía ser el puntapié inicial revolucionario para la fracción espartaquista. Sin embargo, Adolf Hitler comenzaba a dar zancadas en la política alemana bajo la idea de que los revolucionarios eran los culpables de la derrota alemana.

El 15 de enero de 1919 Rosa Luxemburgo y Carl Liebknecht fueron capturados por los “cuerpos libres” del ejército alemán, los Feikorps, quienes los asesinaron. El soldado Otto Runge golpeó reiteradas veces a Luxemburgo con la culata de su fusil hasta destrozarle el cráneo y luego fue rematada de un disparo.  El cuerpo de la revolucionria fue atado a unos sacos con piedras y la arrojaron a uno de los canales del río Spree. Su cadáver apareció dos semanas después.

Luxemburgo fue una de las principales figuras políticas de comienzos del siglo XX  y dedicó toda su vida a la conformación de un partido y el asentamiento de las bases revolucionarias, en una época en la que el rol de la mujer estaba confinado al hogar y la participación política a través del voto femenino no era mas que una vaga idea utópica.

En la noche de su muerte, escribió: “El liderazgo ha fallado. Incluso así, el liderazgo puede y debe ser regenerado desde las masas. Las masas son el elemento decisivo, ellas son el pilar sobre el que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta derrota en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y esto es por lo que la victoria futura surgirá de esta derrota. ‘¡El orden reina en Berlín!’ ¡Estúpidos secuaces! Vuestro ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!”.

Carla Martilotta – @CarlaMartilotta

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