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¿Para qué te hiciste periodista?

¿Para qué te hiciste periodista?
febrero 04
10:39 2019

Por Santiago Mayor. El colega Facundo Pedrini, responsable de las placas de Crónica, desde hace tiempo cuestiona en sus redes las publicaciones de otros medios comenzando sus textos con la frase “No te hiciste periodista para…”. Y al poner eso en debate surge la pregunta entonces del ¿para qué?

“No te hiciste periodista para escribir sobre ‘la decencia de los que buscan basura’. Salí a comprarte un alma, pronto”, posteó en relación al artículo del diario Clarín que romantiza la pobreza. Incluso cuando, tiempo atrás, titulaba que esa misma práctica era un “drama” en la Venezuela de Nicolás Maduro.

La misma semana el diario La Nación publicó su nefasto editorial sobre las niñas madres haciendo apología de la violación de menores.

Y claro, ante semejantes barbáridades resulta fácil ubicarse en la vereda de enfrente. No, yo no me hice periodista para escribir, decir, difundir eso. Si hasta Eduardo Feinmann lo cuestionó.

A la par también surgió el debate sobre qué objetivo buscan textos tan burdos. Si es un plan para mantenernos indignados e indignadas, desgastarnos mientras sigue avanzando el plan de ajuste neoliberal. Si se trata de un testeo social, para ver hasta donde pueden ir. Si de esa forma se habilta a sectores reaccionarios, que no siempre se animan a hablar, a decir lo que realmente piensan y comenzar a accionar en consecuencia.

Quizás el objetivo no fue ninguno de esos o fue todos. Quizás son sus distintas consecuencias no tan premeditadas. Pero más allá de eso, sabemos que no es lo que queremos para “nuestros/as” periodistas, comunicadores y comunicadoras. Pero entonces, ¿qué queremos? ¿Para qué te hiciste periodista?

Los vicios de la opinología y el click

“Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (…), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta”.

La frase pertenece a Ernesto “Che” Guevara y corresponde a un texto de 1965 titulado El socialismo y el hombre en Cuba (material ineludible para entender el pensamiento marxista y humanista del guerrillero argentino). Allí el Che advierte algo tan elemental pero tan pocas veces tenido en cuenta: las instituciones, las prácticas y las relaciones sociales existentes, no son neutrales en sí mismas. No son inocentes.

Si los medios de derecha operan, presionan, bajan línea burdamente, mienten y difaman, hacer lo mismo de este lado de la trinchera es igual de malo o peor. Porque nosotros, nosotras, tenemos que ser mejores.

Al calor de la disputa por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la mayoría de los medios de comunicación perdió su histórico halo de presunta objetividad. Ya sea por elección o por la denuncia de sus adversarios. Y claro, es que no existe tal cosa, pero eso no habilita cualquier otra.

En su lugar se armaron ejércitos de opinólogos, de ambos lados. Los periodistas y su visión de las cosas, pasaron a ser el centro de la noticia, renegando de todos los manuales de periodismo. Más o menos de este lado del mundo, tuvieron su peor expresión en ese programa que fue 6, 7, 8 (que le habló solo a la gente convencida e hizo que esa gente comunique de la misma manera… así nos fue y así nos va). Hoy eso todavía se replica, con mayor sutileza, y no se salva casi nadie.

La rigurosidad, el chequeo de las fuentes y los argumentos fueron descartados al calor de una transformación cultural y social en la que, las redes sociales, influyeron e influyen mucho. Cualquiera puede opinar y tirar un dato sin revisar y probablemente sea tomado por válido por cientos, miles y hasta millones de personas. Si después era falso, mala suerte, la corrección llegará tarde o ni llegará y la mentira habrá quedado instalada.

En vez de operar para transformar eso, el periodismo se adaptó a esa lógica. A dar la primicia que puede no ser tal pero que da más clicks, que se viraliza más rápido y me reditúa en en publicidad, es decir, en guita.

Que también nos arrastra a darle lugar, como C5N (el canal progre por excelencia), a un tipo como Alfredo Olmedo para que opine sobre qué hay que hacer con los violadores. Ya ni consumo irónico, directamente le dan pantalla para que baje su línea fascistoide, su demagogia punitiva y antiderechos, sin cuestionarle nada. ¿Por qué? Porque da audiencia. De nuevo, guita.

Por supuesto que hay excepciones y por supuesto que como periodistas tenemos una posición política y el derecho a expresarla. Pero esa no puede ser la constante y ni siquiera el centro de nuestra práctica profesional.

El periodismo entendido como una resposabilidad social debe habilitar la posibilidad de que la audiencia razone por su cuenta, cuente con la información y evalúe que hacer con ella. Tiene que haber una pedagogía dialógica. En las escuelas de periodismo se debería leer Pedagogía del oprimido como texto obligatorio. Porque no podemos ignorar u omitir la historia, el contexto y los hoy tan vilipendiados datos que fueron dejados de lado porque “no importan, ya que no convences a nadie así”.

¿Para qué?

Y entonces “¿para qué te hiciste periodista?” es una pregunta que resuena con fuerza y más en un año electoral donde los focos del progresismo y la izquierda están puestos -correctamente- en ver como hacer que pierda el macrismo.

Si creo que lo importante es la unidad de todo el peronismo y el único límite es Macri, ¿voy a omitir que Sergio Massa es amigo privilegiado de la embajada yanqui y votó todas las leyes de ajuste de Cambiemos? ¿Voy a “olvidar” que Felipe Solá es un aliado de “la oligarquía agraria” que hizo el lockout de 2008 y que además es responsable del asesinato de Darío Santillán y Maxiliano Kosteki? ¿Voy a negar que José Luis Gioja, paladín de la megaminería contaminante, hizo uno de los discursos más nefastos en contra del aborto en la Cámara de Diputados el año pasado?

Porque si sucede lo que muchos y muchas esperamos y se le gana al macrismo, quizás (casi seguro) con toda esa gente adentro, después hay que seguir. Habrá que soportar una verdadera pesada herencia y construir un nuevo proyecto. Y también habrá que rendir cuentas de lo que se logre y lo que no. Las tendrá que rendir la política, pero también los medios.

En ese camino no se puede perder ni la autonomía, ni la capacidad crítica. Y para eso hay que cambiar las dinámicas actuales que nos llevan a ser más militantes que periodistas (ojo, que ninguna cosa está mal, pero por algo son cosas distintas). Aprendamos de la experiencia reciente y, al menos, preguntémonos todos los días ¿para qué? Quizás eso nos permita estar alertas y no volver a cometer los mismos errores.

@SantiMayor

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