Asia

13 febrero, 2019

Corea del Norte: hermetismo, disciplina y culto al líder

En una entrevista exclusiva para Notas, la periodista y editora Florencia Grieco, cuenta las experiencias vividas en la producción de su libro “En Corea del Norte. Viaje a la última dinastía comunista”, uno de los países más enigmáticos del mundo.

En una entrevista exclusiva para Notas, la periodista y editora Florencia Grieco, cuenta las experiencias vividas en la producción de su libro En Corea del Norte. Viaje a la última dinastía comunista, uno de los países más enigmáticos del mundo.

Corea del Norte es en la actualidad uno de los focos comunistas y, en consecuencia, uno de los países más cuestionados por occidente. El hermetismo, su economía cerrada aunque sólida y la vigilancia absoluta para con sus habitantes son símbolos de un régimen que quedó suspendido en la guerra fría.

Grieco relata, con descripciones precisas, un diario de viaje que sumerge al lector y lo lleva a transitar por las calles de la capital norcoreana, sus fronteras y zonas del interior mayormente excluidas en comparación con Pyongyang. Primera parte de la entrevista.

– ¿Cuáles fueron tus inquietudes a la hora de viajar a Corea del Norte?

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Instagram: @flowergreco

– Viajé por primera vez en 2015 entre agosto y septiembre. Mis inquietudes iniciales tenían que ver básicamente con que yo, hasta ese momento, trabajaba como periodista, como editora de internacionales. Había trabajado con el diario Crítica y después con Infobae América, y fue en Crítica donde empecé a cubrir Corea del Norte en 2008, hace 11 años, justo dos años después de que en 2006 Corea hiciera el primer ensayo nuclear por el que hoy es que hablamos del país.

Mis inquietudes esos primeros años eran básicamente una curiosidad potenciada por la falta de información, que sigue existiendo, y también por la curiosidad que era en parte profesional y por el extrañamiento que despertaba un país totalmente anómalo, ajeno al mundo y del que se conocía muy poco. Básicamente eso poco que se sabía era por las violaciones a derechos humanos, su programa nuclear, y las extravagancias del líder. Entonces, al principio era una mezcla de inquietudes profesionales fuera de agenda porque en argentina ni se hablaba de Corea del Norte en ese momento, y un poco personales porque encontraba que había algo raro. A mi siempre me interesaron las anomalías del sistema internacional que el sistema internacional en sí. Ese país reunía todas las anomalías posibles.

– ¿Cuáles fueron tus sensaciones en el primer viaje y con qué expectativas realizaste el segundo?

– Mis sensaciones antes que nada fueron de asombro, mucha perplejidad y mucha dificultad para asimilar lo que estaba viendo. Realmente Corea del Norte era muy impactante. Estaba a la altura de la idea que uno se hace del país, como un país totalmente anómalo, extraño, desconectado del mundo. No hay internet, que eso forma parte de nuestra vida diaria. Allá cuando uno atraviesa la frontera se corta la señal de internet, y queda en gran medida desconectado. Tenía mucha dificultad para entender que todo lo que estaba viendo era real, sobre todo lo que tenía que ver con el culto a los líderes que es muy impactante. Para el segundo viaje iba con la expectativa de ver más detalles, de poder deshacerme de esa impresión inicial del primer viaje, que dejaba una marca muy potente, y ya poder ver más cuestiones más cotidianas, detalles de vida diaria, de lo que se puede ver en las calles, que era lo más interesante para mí a la hora de transmitirlo en el libro.

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Florencia Grieco invita a quienes aún no conocen cómo funciona uno de los últimos bastiones comunistas del mundo, a introducirse hasta lo más profundo e íntimo de la sociedad norcoreana. Los sentidos de la periodista se abren por completo para compartir una experiencia única repleta de historias cautivadoras que despiertan la curiosidad y nutren de conocimiento a lectores y lectoras.

– ¿Cómo describirías a Pyongyang, capital de Corea del Norte? ¿Cuál es el ritmo de vida habitual de sus habitantes?

Pyongyang, como la capital de cualquier país, siempre tiene un estatus diferenciado del resto. En el caso de Corea del Norte esto se multiplica porque históricamente ha sido la ciudad donde vive la élite, y esto tiene que ver con una reorganización territorial que se hizo en los años 50 y 60 después de la Guerra de Corea, a cargo de Kim Il Sung, el fundador del país, el primer presidente, presidente eterno, iniciador de esta dinastía. Hacia los años 60 logró completar una reorganización territorial de las lealtades. Esto es que los sectores que habían sido más leales durante la guerra, fueron relocalizadas en la capital y los más hostiles o menos confiables en el interior. Esto hizo que Pyongyang se desarrollara como una ciudad donde se concentran los privilegios, los mejores servicios, el acceso a bienes, donde viven los sectores más favorecidos. Es una ciudad que tiene mucho de lo que el interior carece, es muy urbanizada. Ahora con Kim Yong Un es el epicentro de una modernización relativa, con rascacielos nuevos, con iluminación que en el resto del país es escasa.

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Instagram: @flowergreco

Pyongyang también es el centro de la burocracia, del ejército, del partido, de todas las estructuras estatales importantes. El ritmo habitual de vida en la capital y en el interior es bastante diferente. La vestimenta es diferente, el acceso a medios de transporte es diferente: hay tranvías, trolebuses, un subte que a la vez funciona como refugio nuclear que se construyó en los años 70 con financiamiento soviético. Hay autos privados de empresarios de clase media, autos del ejército y del partido, que en el interior no se ven. Entonces en muchas características el tipo de vida es diferente, los consumos son diferentes, y básicamente, los pocos extranjeros que viajan al país, alrededor de cuatro mil al año, suelen ir únicamente a Pyongyang y a la frontera con Corea del Sur.

Nada es casual en las intervenciones que la periodista lleva a cabo en su libro. Cada escena, cada diálogo, intentan retratar a los involucrados y su relación con el sistema político imperante, en lo laboral y estrictamente cultural. La devoción a la personalidad, sobre todo a los líderes Kim Il-sung y Kim Jong-il, es revelada por Grieco como algo inherente a la sociedad.

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Instagram: @flowergreco

– ¿Cómo describirías a la sociedad norcoreana? ¿Existen disidencias frente al actual régimen de Kim Jong Un?

– La sociedad norcoreana es muy disciplinada, orden ha sido aprendido desde hace muchas décadas mediante la propaganda, la educación basada en un culto a los líderes desde el jardín de infantes. Es una vida muy organizada, existen muchas organizaciones siempre estatales que organizan y que rigen la vida cotidiana en diferentes aspectos: existen organizaciones infantiles, universitarias, vecinales, del partido, de la fábrica. Entonces quedan pocos espacios para una vida más espontánea, más caprichosa, y eso hace también que los controles sobre lo que hace o lo que puede llegar a manifestar en público la población sean muy grandes. Por eso la idea de la disidencia es algo que no tiene lugar en Corea del Norte, no existen focos de disidencias. Cualquier molestia o desacuerdo es controlado o acallado desde muy temprano. Es difícil que llegue a haber una organización de disidencia o protesta. Hay que pensar también que el control de la información oficial es muy férreo y muy eficiente, no existen otros medios de información que no sean oficiales, no hay medios de ninguna oposición, ni siquiera hay oposición, no hay acceso a la comunicación al exterior. Es una sociedad muy controlada, uno no puede moverse libremente dentro del país y tampoco puede salir del país, con lo cual conforma una sociedad en la que no hay lugar para las disidencias.

Pero tampoco se puede pensar simplemente en un temor reverencial a los Kim sin entender la educación que reciben desde muy chicos y desde hace muchas décadas. Hay una reverencia auténtica a los líderes por que así lo aprendieron, porque se los enseñaron así. Hay una mezcla de temor, en parte de costumbre, y por respeto a sus propios líderes. Hay que tener en cuenta no como pensamos nosotros a los Kim y a Corea del Norte, sino cómo lo piensan los propios norcoreanos que, en la mayor parte de los casos, no conocen otras formas de vida en sociedad.

Tomás Ferrando

Portada: Florencia Grieco – Instagram: @flowergreco

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