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Retratos de la crisis: la foto, la berenjena y la guerra contra el periodismo

Retratos de la crisis: la foto, la berenjena y la guerra contra el periodismo
febrero 21
09:19 2019

Por Santiago Mayor. En diciembre de 2015, a pocos días de haber asumido, Cambiemos declaró que se había terminado la “guerra” contra el periodismo. En este mismo portal nos preguntábamos entonces, quién había ganado. Tres años después el cierre de medios, la persecución y represión a periodistas se ha vuelto algo habitual y cotidiano.

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Bernardino Ávila está trabajando para Página/12. Una vez más está en la calle con su cámara, como viene haciendo hace décadas. Es viernes y, por suerte, no hace el calor habitual de febrero en Buenos Aires. De pronto se desata la represión policial contra las y los productores rurales que estaban regalando sus frutas y verduras en el barrio de Constitución.

Entonces el fotorreportero, con su aguda mirada forjada en jornadas mucho más complicadas como las de diciembre de 2001, ve el momento y dispara. No con las armas de las fuerzas de seguridad, sino con su cámara. Capta el momento justo en que una mujer mayor se agacha a levantar unas berenjenas desparramadas por el piso.

Detrás de ella un cordón de uniformados con cascos y escudos se forma como si enfrentara un ejército temible. Enfrente hay agricultores y agricultoras, gente humilde que fue a buscar morrones, tomates y perejil que no puede comprar en la verdulería porque cada vez es más caro vivir.

La foto inmediatamente se hace viral y recorre el mundo. Bernardino acaba de realizar un registro que se impregna en la memoria visual aunque mucha gente no sabe que él es su autor, gira por internet, en la mayoría de los casos, sin firma.

Conmueve e indigna al mismo tiempo. Es una postal de la Argentina macrista, a tres años del fin del populismo y la guerra contra el periodismo.

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Es miércoles, la temperatura es muy distinta a la del viernes pasado. Un calor abrasador invade la ciudad en un mediodía donde la sensación térmica y el precio del dólar pelean por alcanzar la punta. Sin embargo, el clima en la calle es muy parecido.

Un grupo de trabajadores y trabajadoras de la cooperativa gráfica MadyGraf (ex Donnelley) protesta en el Congreso para que el Ministerio de Educación le adjudique una licitación que ganaron cumpliendo todos los requisitos pero que, arbitrariamente, fue descartada. A pesar de que se trata de un grupo pequeño, el despliegue policial es ridículamente exagerado.

Ahí está Bernardino otra vez con su cámara. Esta vez no hay berenjenas que retratar, pero si cuadernos y por supuesto, los rostros y los cuerpos de un pueblo en la calle. Junto a él está Juan Pablo Barrientos, de Revista Cítrica, con quién también se había cruzado en el verdurazo y en tantas otras movilizaciones.

De pronto un policía cabecea la cámara de Bernardino. “El tipo, al que identificó como un oficial con casco de moto, se me viene encima y se come la cámara, se la come él la cámara”, relató después al diario para el que trabaja. En ese momento comienza la represión.

Palazos y gases. Ávila y Barrientos están, junto a otros y otras colegas registrando todo. Lucas Martínez, de El Destape, filma el momento exacto en que un oficial le pega con la cachiporra. Pero el momento clave lo capta un fotógrafo de la Izquierda Diario: un policía señala exageradamente al trabajador de prensa de Página/12. Lo marca.

Apenas unos segundos después, se le tiran encima y lo reducen. También le pegan y arrestan a Barrientos. Bernardino alcanza a darle la cámara a un compañero. Así se podrá ver que él también registró cuando lo señalaron. Cuando lo fueron deliberadamente a buscar porque la foto de la berenjena le dolió a alguien y no por la pobre anciana que juntaba comida del piso, sino porque mostró un modelo de país que no cierra sin represión y sin silencio.

Casi 12 horas después y con una acusación de resistencia a la autoridad, son liberados.

***

En ocho ocasiones trabajadores y trabajadoras de prensa vieron obstaculizada su tarea o fueron intimidados para no llevarla a cabo por fuerzas de seguridad; al menos diez periodistas fueron agredidos con gas pimienta por agentes estatales; siete recibieron golpes policiales mientras ejercían su trabajo; un total de 45 fueron alcanzados y alcanzadas por balas de goma.

Los datos corresponden solo a 2017 y fueron relevados por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba).

En diciembre de 2015 quizás terminó una guerra o, al menos, un conflicto de intereses. Pero que nunca involucró al periodismo, sino a algunas de las grandes empresas de telecomunicaciones que, efectivamente, han sido las ganadoras del modelo macrista vía decretos que desarmaron leyes regulatorias y garantizaron fusiones oligopólicas.

Como contracara se profundizó, quizás como nunca antes en tiempos democráticos, la persecución y el hostigamiento a quienes comunican de manera crítica, que reflexionan e investigan. Desde el famoso corralito para periodistas que intentó impulsar Patricia Bullrich en 2016, pasando por las represiones en las marchas por Santiago Maldonado y la protesta contra la Reforma Previsional en diciembre de 2017, hasta esta semana, la agresión -que se convierte en censura- contra las y los periodistas ha sido una constante.

Y es que por supuesto que molestan quienes difunden y hacen más visible la violencia de un Gobierno y un sistema que cada día excluye y margina a más personas, sin embargo, esta guerra no es (solo) contra la prensa. Lo que realmente incomoda, lo que supone una traba para el desarrollo definitivo del proyecto neoliberal, es el pueblo en la calle, movilizado y resistiendo.

Ocultar esa realidad, negarla y silenciarla es el objetivo de los poderosos. Desmoralizarnos para hacernos creer que no hay alternativa. Sin embargo, a pesar de los palos, los gases y las balas, las y los trabajadores de prensa comprometidas seguiremos estando allí, contando que por más que nos hagan la guerra, acá no se rinde nadie.

@SantiMayor

Foto: Bernardino Ávila

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