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El protagonismo de las pibas en la cuarta ola feminista

El protagonismo de las pibas en la cuarta ola feminista
marzo 07
19:32 2019

Por Irene Corbo. El 2018 fue sin duda un año de lucha. El contexto social y económico convirtieron las calles en el principal escenario de disputa en un momento político signado por el hambre, la violencia, y el ajuste. Pero también por la profunda convicción de que el pueblo tiene que defender sus conquistas a fuerza de organización y unidad. Frente al neoliberalismo y su agenda de miseria se levantan movimientos que proponen nuevas lógicas y entramados sociales.

En este marco, el feminismo está dispuesto a cambiarlo todo, a volver el plano de lo más íntimo y personal algo político. Nos anima a vivir sin miedos, a pensarnos colectivas y a usar el poder para liberar y no para someter. La cosecha de esta marea verde se extiende a través del tiempo como una huella indeleble, nos hermana a esas luchas del pasado que permiten otro piso para nuestros reclamos actuales.

Sin dudas, el feminismo de hoy tiene unas actrices fundamentales: las pibas. Esas que colgando de sus mochilas los pañuelos verdes hicieron visible que queremos decidir sobre nuestros cuerpos, las mismas que organizándose para exponer en actos escolares a los abusadores apañados por las instituciones educativas mostraron que era hora de que el miedo cambie de bando.

La cuarta ola en los secundarios

“Este 2018 con el avance de la cuarta ola feminista las secundarias comprendimos que no podíamos quedar atrás de todas estas discusiones que proyectaban un repensar en nuestras formas de relacionarnos, nuestro vínculos, la forma en la que nos relacionamos con nuestres pares” cuenta Lesli, estudiante de 6° año del Carlos Pellegrini, quien participa del Centro de Estudiantes y de la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB).

Las pibas hicieron de los cuestionamientos un cambio político, creando desde los centros de estudiantes diferentes espacios de intervención que permitieran nuevas formas de hacer y de pensar la política. De esta forma volvieron al feminismo algo transversal en sus experiencias cotidianas.

Lesli agrega: “En el camino nos encontramos con gente que fue a la par de nuestra y con gente que se quedó atrás. Dos años atrás los mismos compañeros que hoy en día están denunciados eran quienes en su momento se paraban a hablar en las asambleas contando la situación que vivíamos las pibas”.

Para las pibas de los secundarios la mayor parte de su vida militante se dio en el marco de la ola verde. Lejos de resultar algo simple implica un desafío. “Militar por un protocolo contra la violencia de género y descubrir al mismo tiempo que una la está sufriendo. Militar por cuerpos más libres sin terminar de conocer el propio” explica Camila, quien también comienza el 6° año en el Pellegrini. Y agrega: “Por suerte el feminismo en secundarios en el 2018 fue contenedor, nos cuidamos entre nosotres”.

Las pibas llevaron a las aulas la cuarta ola, se pararon a cuestionar los vínculos violentos que muchas tenemos tan naturalizados entre los propios pares. Se animaron a cuestionar el vínculo profesor-alumna, a mostrar que muchas veces ese lugar de poder se usaba para violentarlas e incomodarlas. El feminismo les enseño a volver esa incomodidad sororidad y generar espacios para cuidarse, escucharse y respetarse las unas a las otras.

“A partir de una ola de denuncias por parte de nuestras compañeras creamos distintos espacios de intervención y nos organizamos como pibas ante la falta de intervención por parte de las autoridades de nuestras escuelas”, cuentan Camila y Lesli. Así se creó en el Pellegrini el espacio No es No, donde pudieran hacer denuncias privadas y públicas y construir una herramienta para hacer política feminista desde el Centro de Estudiantes. A esto se sumó Varones Antipatriarcales, con la idea de que los compañeros denunciados puedan empezar un proceso de deconstrucción.

Las pibas y el aborto legal

El 2018 fue un año signado por una gran lucha: el aborto legal, seguro y gratuito, y los secundarios no quedaron por fuera de esa disputa. “Nos pusimos al hombro esta lucha histórica tomando los colegios de cara a la votación en Diputados, yendo todos los martes al Congreso a los pañuelazos, generando instancias de debate en nuestros colegios, donde las compañeras fueron partícipes”, cuenta Abril, estudiante del colegio Julio Cortázar del barrio de Flores, quien lleva un pañuelo verde atado en su muñeca..

Se suele decir que las pibas de secundarios son muy chicas para opinar sobre el aborto legal, que actúan por inercia o influenciadas por la moda, sin embargo el feminismo les brindó plena conciencia de sus derechos y están resueltas a dar la pelea por ellos. “Sabíamos que no se trataba de la sanción de una simple ley, sino que hablamos de que los cuerpos gestantes tengan el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Por otra parte entendimos que a la par de la lucha por el aborto legal había que reclamar la real aplicación de la ESI”, agrega Abril.

La ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) fue sancionada en 2006, hace 13 años, pero es materia pendiente en la mayoría de los secundarios del país. Para las pibas viene siendo un reclamo desde hace años. “Cuando nos lo autorizan, tenemos ‘jornadas ESI’ de un par de horas, que son organizadas y garantizadas sólo por la voluntad de los docentes y que en realidad no es lo que la ley plantea que deberíamos tener”, explica Abril. Por eso, en las tomas de secundarios la real implementación de la ESI es desde hace años una de las consignas principales.

A fuerza de organización colectiva las pibas están usando las herramientas más tradicionales de organización estudiantil como son los Centros de Estudiantes y las Coordinadoras de base para transversalizar el feminismo. Hoy la mayoría de estos Centros están dirigidos por compañeras, y esto no es una moda, es el resultado de luchas y de una nueva forma de construir y hacer política. Ellas ya no se masculinizan para lograr llegar, muestran que la política puede ser sensible, sorora y colectiva.

El feminismo les permitió empoderarse y visibilizarse, ser tenidas en cuenta, dejar de ser interrumpidas y desvalorizadas en sus opiniones políticas. El camino no fue ni va a ser fácil, pero hay algo que tienen claro: la mayor contradicción es vivir la cuarta ola y no militarla, por eso llegaron para cambiarlo todo y no van a parar hasta tirar al patriarcado.

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