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Familiares de genocidas: “Lo que nuestros padres hicieron fue atroz”

Familiares de genocidas: “Lo que nuestros padres hicieron fue atroz”
marzo 21
10:24 2019

Laura Delgadillo y Elizabeth Rodríguez, familiares de genocidas que conformaron el colectivo Historias Desobedientes, conversaron con “Baldosa Floja”, por Radio Universidad de La Plata AM 1390, sobre la lucha por la memoria, la verdad y la justicia de ayer y de hoy.

- ¿Qué es Historias Desobedientes?

– Es un colectivo integrado por familiares de genocidas que apoyan la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia; y  que también se suman a los reclamos histórico de los organismos de derechos humanos sobre lo sucedido en la última dictadura cívico-militar.

- En una declaración del 24 de noviembre del 2018, ustedes no sólo repudiaban el rol de los genocidas y de los militares, sino que también planteaban un compromiso con la actualidad al problematizar las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad. Una manera de vincular el presente con el pasado…

– Es que no fue casualidad que nos hayamos empezado a reunir a raíz del “2×1″ o de las marchas por Santiago Maldonado, por ejemplo. Son situaciones que nos vinculan directamente con lo actual. A muchos, el retroceso y la actitud negacionista del gobierno de turno, nos movilizó la necesidad de recurrir a lo colectivo. Por lo tanto sí,  uno de los objetivos es denunciar y bregar para que las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad de hoy en día, no cometan algún hecho que vaya en contra de la sociedad.

Varias personas nos dicen que somos hijos de represores. Sí, nuestros padres son represores como también son represores quienes integran la fuerza de seguridad persiguiendo a los verduleros y a los jubilados. Entonces hablemos de genocidas, esa sería la correcta denominación. Todo esto tiene absoluta vigencia porque todavía hay situaciones que se siguen dando a pesar de que haya pasado tanto tiempo. Como el hecho de que el colectivo aparezca y se pronuncie en contra de lo que hicieron sus familiares genocidas, es algo que lo vuelve actual; que todavía hayan personas que no conocen su verdadera identidad, como fueron los nietos y nietas apropiadas; o sobrevivientes de los centros clandestinos que siguen sufriendo en su cuerpo lesiones o dolores causados por la tortura. Lamentablemente todo eso es actual, porque sigue sucediendo.

– ¿Cómo describirían la importancia de lo colectivo, del poder ser con otros y otras, para transformar la realidad?

– Muchas de las personas que estamos ahí, estamos atravesadas por una historia familiar semejante. Sin embargo, cuando nos conformamos como grupo tomamos la decisión de visibilizar el rechazo sobre todo lo que provocaron nuestros partientes. No nos organizamos como un grupo de autoayuda o para poder autoreferenciarnos como víctimas, tampoco creemos que seamos eso. Fue a partir de pensarnos desde un posicionamiento político concreto que rompa con el mandato del silencio y que transforme esa fuerza en una cuestión política.

No es que los genocidas se robaron una gallina o que cruzaron la luz del semáforo en rojo; ellos secuestraron, torturaron, violaron, abandoraron y se apropiaron de propiedades y de los hijos e hijas de las personas que secuestraron y que después tiraron vivos al río. Entonces no. No puede pasar como un delito más, es un crimen de lesa humanidad en contra de la dignidad humana. No podemos apoyar eso con nuestro silencio o justificarlos porque “estaban trabajando”. No es que hicieron lo hicieron por “el bien de la patria”, como algunos todavía sostienen. Lo que nuestros padres hicieron fue atroz.

- ¿Cuáles fueron los primeros encuentros y actividades que tuvieron como colectivo?

– La primera que se manifestó con la necesidad de hablar del tema, fue Analía Kalinec. Lo expuso todo en un libro y por ese medio fue que Liliana Furió se contactó con ella. Durante dos años sólo estuvieron ellas pero en el 2×1 que sacó a toda la gente a la calle, estábamos todo el resto de nosotros ahí -todavía sin organizarnos ni nada, pero estábamos ahí-. Y después fue por medio de las redes que nos fuimos encontrando. Nuestra primera reunión se dio el 25 de mayo del 2017, y si bien era feriado teníamos la necesidad y la ansiedad de conocernos físicamente.

Ese día nos reunimos los primeros seis y a los diez días salimos con la bandera que hicimos para la marcha del Ni Una Menos. Esa fue la primer aparición pública. A nivel mediático fue bastante fuerte también, generó que se acerquen cada vez más personas que se identificaban con nuestro sentir y pensar como colectivo.

- Es interesante lo que conformaron a raíz de los derechos humanos porque también discute con los mandatos familiares, como el patriarcado por ejemplo: el animarse a cuestionar, a tener la valentía y la libertad de discutir con esas estructuras.

– Sí, consideramos que rompimos un mandato de silencio y que está construido a partir del patriarcado. El hecho de hacerlo y juntarnos nos da la fuerza y los primero pasos que tenían que ver con reconocer todo esto. Tampoco fue algo casual. Tiene que ver con romper con mandatos culturales propios de una sociedad judeo-cristiana que está influenciada por los diez mandamientos: el primero es que honrarás a dios y el segundo que amarás a tu padre y a tu madre. Ese último está por encima del “no matarás”, que es el tercer mandamiento.

Estamos rompiendo con el orden y el mandato cultural porque tiene que ver con lo que le damos más importancia: si a a la vida o a los vínculos filiatorios. Nosotras creemos que hay un posicionamiento ético de respeto a la vida y de amor a la verdad y la justicia. Pero no vamos a negar que se generan sentimientos contradictorios al amar a alguien que te acunó y crió y luego saber que es capaz de matar a alguien.

- En ese sentido, es interesante su propuesta de modificar el Código Procesal Penal en el que se establece que no es posible denunciar y declarar si estás vinculada familiarmente a los acusados por delitos de lesa humanidad.

– Es que las modificaciones que proponemos de los códigos 178 y 142, va ligada a una cuestión culturar mundial en donde la ley prohíbe a hijos e hijas atestiguar o declarar en contra de su padre si no son víctimas directas. Este sería el segundo año en el que trataremos de llevarlas a cabo aunque sabemos que es un año electoral, con todo lo que ello implica. Ya veremos qué es lo que resulta.

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