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Juventud y dictadura: conociendo al enemigo

Juventud y dictadura: conociendo al enemigo
marzo 22
09:10 2019

La juventud fue el blanco privilegiado del plan sistemático de exterminio que llevó adelante la última dictadura militar. Hoy, también es juzgada, criticada y criminalizada: es expresión de rebeldía y lucha por un mundo diferente, donde se hacen presentes nuevas batallas atravesadas por la denuncia contra el orden establecido y los pañuelos verdes como bandera.

En 1977 el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación editó un folleto titulado Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo), el cual fue repartido en los establecimientos escolares de todos los niveles. Hoy lo podemos encontrar en el archivo de la Biblioteca de Maestros como uno de los elementos más tenebrosos de nuestra historia. Es de destacar que dicho folleto tuvo una circulación limitada ya que la dictadura temió que sirviera de herramienta para ocultarse de ella y lo retiró.

El texto consta de cuatro capítulos dedicados a identificar imágenes, comportamientos, aspiraciones, comentarios y formas de hablar en quiénes serían considerados “subversivos”, descripciones de las organizaciones que operan en el ámbito educativo y las estrategias que dichas organizaciones se darían. En ese sentido, quienes son privilegiadamente señalados como sujetos/as de la subversión, son las y los jóvenes que habitan las escuelas, terciarios y universidades desde el nivel preescolar hasta el nivel superior.

Está dirigido al cuerpo docente que debe poder identificar y denunciar como parte de su tarea, convirtiéndose en cómplice de la dictadura: “Si este folleto contribuye para que los docentes conozcan mejor a los enemigos de la Nación y para que las generaciones venideras puedan decir de los educadores de hoy que cumplieron con su deber, se habrá logrado con creces su propósito”.

Reclamos históricos del movimiento estudiantil eran considerados frases de cooptación de estudiantes por la subversión, inclusive aquellos que únicamente pudieran pedir por mejores condiciones de cursada: “Por una mayor capacidad estudiantil”, “que no haya limitación para el ingreso”, “que todos puedan estudiar”, “que exista autonomía universitaria”, “que tal o cual profesor eliminó en un examen al 50% del curso”, “que no hay libertad de expresión ni diálogo”, “que no se atienden las necesidades estudiantiles”, “que el deporte universitario está mal encarado”, “comedor universitario”, “suspensión examen de ingreso”, “aumento de presupuesto universitario”, “las injusticias sociales”, “que la universidad debe ser para los alumnos”, “que el Gobierno de las Universidades corresponde a los estudiantes o que por lo menos sea tripartito”, “que la universidad es sólo para hijos de ricos”, “por el retiro de la policía de la universidad”, “por la libertad de los obreros y estudiantes presos”. Así, cualquiera caía bajo sospecha.

No sólo los reclamos estudiantiles estaban en esa lista, sino que la moralidad, como gran rectora de las relaciones, aparecía como aquello que las y los jóvenes pensaban subvertir: “La subversión es toda acción clandestina o abierta, insidiosa o violenta que busca la alteración o la destrucción de los criterios morales y la forma de vida de un pueblo, con la finalidad de tomar el poder o imponer desde él una nueva forma basada en una escala de valores diferentes”.

La represión no sólo fue a las ideas políticas, sino también a aquellas que buscaban la libertad sexual y a reclamos históricos del feminismo (recordemos que ni siquiera había ley de divorcio en Argentina; en el documento se nombra explícitamente al movimiento feminista).

Hoy no hay dictadura y este folleto quedó en el cajón de la memoria. Pero lo que sí continúa es el ataque a la juventud que se organiza y lucha por cambiar el mundo. Los medios de comunicación hegemónicos tratan a las y los jóvenes de “vagos”, “niños tomadores de colegios”, “demasiado chicas para llevar el pañuelo verde”, “chorros”, “delincuentes”. Los gobernantes alientan la baja de la edad de imputabilidad y vulneran el derecho a reclamar denunciando a las familias de aquellos estudiantes que tomaron sus establecimientos educativos el año pasado en defensa de la educación pública.

La formación de conciencia crítica y la organización de la juventud molestan. Son las herramientas que tienen para luchar contra este sistema que quiere seguir reproduciendo personas que no cuestionen el orden capitalista y patriarcal impuesto, que no luchen por sus derechos, sujetos/as pasivos/as e individualistas.

Los sectores tradicionales de la sociedad, que levantan las mismas banderas de la dictadura militar, sienten atacadas sus bases de capitalismo, familia y tradición cuando la juventud se organiza. Por eso quieren prohibir la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas, que las pibas lleven el pañuelo verde, las gorritas en las aulas y el vocabulario propio de la juventud; por eso criminalizan los centros de estudiantes y festejan y justifican cada muerte por gatillo fácil o violencia de género.

El macrismo y la dictadura ascendieron al gobierno de la Argentina por métodos diferentes. Pero las continuidades en lo social y lo económico son tales que no es posible decir que sean tan distintos: ambos tienen y tuvieron como eje de su accionar la acción directa contra la juventud organizada. Esa juventud que se levanta todos los días para construir un mundo diferente.

Ailen Grassi

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