Cultura

27 marzo, 2019

“La historia de mi papá dialogaba muy bien con la de la disidencia sexual en Argentina”

En el marco de un nuevo Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, donde la memoria suena como una campana imposible de ignorar y nos induce a la reflexión, la directora Agustina Comedi dialogó con Notas sobre su ópera prima El silencio es un cuerpo que cae, que parte desde el pasado personal de su padre a la construcción de un retrato político y social en las décadas de 1970 y 1980.

En el marco de un nuevo 24 de marzo, donde la memoria suena como una campana imposible de ignorar y nos induce a la reflexión, la directora Agustina Comedi dialogó con Notas sobre su ópera prima El silencio es un cuerpo que cae, que parte desde el pasado personal de su padre a la construcción de un retrato político y social en las décadas de 1970 y 1980.

El filme aborda temas como la militancia de izquierda, la homosexualidad y el SIDA a través de la vida de Jaime Comedi, pero también de sus compañeros y compañeras utilizando material de películas familiares, entrevistas, archivo de la época.

– ¿Cuál fue tu motivación para hacer el documental?

– En principio hubo un proceso personal que nada tenía que ver con hacer una obra, tuvo que ver con primero con la muerte de mi viejo y después de alguna manera con la reconstrucción de su historia por ende de la mía y cuestiones familiares, reconstruir un poco ese árbol genealógico para pensarme a mí, pero eso no tenía ninguna intención, ni voluntad de ser obra.

Cuando empecé a participar en espacios políticos y encontré entre esa historia más personal y mi historia familiar puntos de contacto y claves como para poder leerla o claves de época en los ’70 y los ’80, empecé a sentir que de alguna manera esa historia de mi papá dialogaba muy bien con la historia política de la disidencia sexual en la Argentina, ahí surge la necesidad y el deseo de hacer la película.

– ¿Cómo fue el proceso de reconstruir esa vida de tu papá que no conocías?

– Fue un proceso muy largo que me modificó bastante a mí en lo personal y que sobre todo lo que rescato es el diálogo intergeneracional, haber conocido a todos los amigos, las amigas y les amigues de mi padre me hizo entender que el lugar a donde estamos parados y paradas hoy tiene que ver con un recorrido muy ríspido, muy violento, muy a contracorriente que hicieron ellos y ellas en ese momento histórico. Entonces un poco el resultado de eso es una mirada menos enjuiciadora con respecto a ciertas cosas que al principio cuando empecé a hacer la película me resultaban más chocantes como la invisibilidad. La auto-invisibilización de algunos de ellos y de ellas que me resultaba chocante, después del proceso, después de entender toda la violencia y todo lo difícil que era, lo distinto que era a lo que es ahora, me paré en un lugar de mayor comprensión y menor juicio.

– ¿La decisión de utilizar distintos soportes y hacerlos jugar durante toda la película tiene relación con el hecho de narrar una memoria colectiva?

– Sí, tiene en principio una relación con el hecho de narrar la memoria, la memoria está compuesta con distintas materialidades, se desarma, se loopea, se vuelve borrosa, se vuelve poética, hace uso de los relatos de otras y otros, porque el punto de vista de la peli sí es el mío. Ahí hay una asunción de subjetividad y de memoria personal que se funde a partir de la memoria de otras y otros, pero es éticamente complicado decir que esta película intenta construir una memoria colectiva porque en su dimensión personal es una historia de cómo yo percibo ese silencio familiar. Entonces no me parecía ético hablar desde un nosotros sino asumir un yo que narra desde sus posibilidades, desde su parcialidad.

Entonces sí, esta diferencia de soportes tiene que ver con la materia en la que está hecha mi memoria, una memoria que no es a veces la permitida, es una especie de memoria… in memoria dice Chris Marker que es esta memoria bastardeada, repudiada o silenciada, la memoria no fácil, no hegemónica, la que discurre como por abajo y que está hecha de los pedazos que puede manotear para poder constituirse o fundar relato.

– En la película podemos ver como predomina el formato 4:3 pero en la última escena con tu hijo se abre el plano a 16:9 ¿Por qué tomaste esa decisión?

– Tiene que ver con que la peli está situada en el tiempo de la memoria y de alguna manera mi memoria es en 4:3 porque la memoria está compuesta de muchas cosas pero hay algo del archivo que termina deviniendo en memoria. Los recuerdos casi que se empiezan a componer de archivos, las fotos que tenemos de chicos son de alguna manera las escenas que recordamos y ya no sabemos si recordamos las fotos o la escena en sí misma, lo mismo o más aún pasa con los videos.

La imagen final es una imagen contemporánea entonces me pareció acertada esa decisión o por lo menos a mí me funciona y por otro lado también es por cómo esa mirada se invierte. El mismo ejercicio de mirar a mí papá de alguna manera se invierte y hay una otra generación que nos mira a nosotros, de mirar a mi papá o a su generación por parte mía o por parte de nosotras y nosotros que nacimos después de la dictadura. Creo que lo mismo va a pasar con estos niños y estas niñas que vienen ahora y que nos van a mirar y cuestionar y aprender de nosotros al mismo tiempo, pero hay un diálogo intergeneracional y de alguna manera ese cambio de formato es una manera de contar esa operación.

– ¿Que acción política actual crees que implica hacer una película que retrate estas historias silenciadas de los 70?

– Me parece que mucho más efectivo es estar en la calle pero de alguna manera amplificar, hacer que esas voces lleguen a más personas, creo que genera espacios de debates, espacios de encuentro. Por eso yo insisto mucho en que está bueno que las películas se vean en el cine y que si hay tiempo y espacio para que se charle o se debata, o que se en contexto de organizaciones o de espacios donde pueden dar debates, se vuelven más potentes y en realidad son disparadores de otras cosas. Habilitar espacios, me parece que esa es la potencia política que tienen las películas.

Priscila Villarreal Peréz

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