Economía

28 marzo, 2019

Otra vez sopa: la espiral inflación-dólar-fuga fuera de control

Otra vez se produjo un vertiginoso ascenso de la divisa estadounidense que alcanzó en algunos bancos los $45, en un contexto donde la inflación interanual supera el 51% y las tasas de interés nuevamente rozan el 70%. La escalada fue del 2,8%, y sumada al acumulado durante los últimos 12 meses da como resultado una megadevaluación del 117%.

Por Federico Machado*. Otra vez se produjo un vertiginoso ascenso de la divisa estadounidense que alcanzó en algunos bancos los $45, en un contexto donde la inflación interanual supera el 51% y las tasas de interés nuevamente rozan el 70%.

Desde hace varias jornadas la presión de la demanda sobre el dólar se hacía sentir, y el fenómeno se disparó este miércoles en línea con lo ocurrido en varios países emergentes: en Brasil la moneda verde aumentó 1,9%, en México 1,3% y en Chile 0,6%. Sin embargo, ninguno de estos casos se equipara al argentino donde se registró una suba del 2,8%, que sumada al acumulado durante los últimos 12 meses da como resultado una megadevaluación del 117%.

El Banco Central (BCRA), organismo responsable de la política monetaria y financiera, se encuentra impedido de intervenir directamente en el mercado vendiendo dólar debido al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), según el cual la divisa debe “flotar libremente”. En este sentido, la entidad asumió la misma política de los últimos meses: incrementar las tasas de interés de las LELIQ (letras en pesos destinadas a los bancos).

Esta tasa tocó un piso del 44% a mediados de febrero y desde entonces no paró de subir hasta el 67% actual, a solo 500
puntos básicos de su techo histórico. Notablemente, este mecanismo cada vez resulta menos efectivo en un contexto donde inversores extranjeros desconfían fuertemente de la capacidad del Gobierno de reordenar las principales variables económicas.

¿Por qué se empeña en subir el dólar?

La razón más obvia de los constantes incrementos se debe al círculo vicioso que la moneda extranjera configura junto con la inflación. A pesar de la política super-restrictiva del BCRA de mantener constantes los agregados monetarios, el aumento de los precios no da respiro: recientemente se dio a conocer el valor de 3,8% en febrero, y se espera un valor superior al 4% para marzo.

Ahora bien, la caída del tipo de cambio real que trae aparejada esta espiral inflacionaria no justifica los sucesivos ajustes del precio de la divisa: A la salida del “cepo” en diciembre de 2015 el tipo de cambio se ubicó en los $13 (en línea con valor del dólar blue). Desde ese momento la inflación mayorista acumulada es, según el INDEC, de 188%, lo que equivaldría a un dólar de $37,44 para mantener lo que en aquel momento el mercado consideró el “valor de equilibrio”.

Este razonamiento coincide con lo observado en la balanza comercial: en agosto, antes de que el tipo de cambio perforara la barrera de los $30, el intercambio comercial (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) arrojaba un déficit de 1.127 millones de dólares. En septiembre esta cifra se daba vuelta con un superávit de 314 millones de dólares. Los resultados de los meses sucesivos demuestran que la divisa se encuentra por encima del valor de “equilibrio comercial”: 277, 979, 1369, 372 y 460 millones de dólares. Y aún no entramos en el período de “liquidación de la cosecha”.

Macri se abrió al mundo, y el mundo se lo comió

Lo que demuestran los datos previos es que las corridas cambiarias sucesivas no obedecen al idílico juego de la oferta y demanda con el que fantasean los economistas liberales que ocupan los sillones del BCRA y el Ministerio de Hacienda. Es la especulación financiera la fundamentación sobre la que se asienta la actual fragilidad de nuestra economía.

El modelo Cambiemos, deliberadamente, tomó las decisiones políticas necesarias para atar el crecimiento de la economía argentina a los vaivenes de las finanzas internacionales: bajó las retenciones, liberó la compra de dólares e incrementó exponencialmente las tasas de interés. Cuando miramos los indicadores de actividad económica del último trimestre del 2018 publicados recientemente por el INDEC vemos lo siguiente:

grafico-dolar
Fuente: Elaboración del OPEN en base al INDEC

Como se observa, el único factor que crece de la demanda agregada son las exportaciones, lo que no logra revertir el efecto negativo del desplome del consumo (público y privado) y la inversión. Aquella fantasía de que una actividad escasamente intensiva en trabajo como es la producción agropecuaria podría convertirse en un motor para el conjunto del sistema económico argentino, queda nuevamente desechada.

Si bien durante los primeros dos años de Cambiemos (y durante la tregua cambiaria de octubre/18-febrero/19) las super-tasas lograron atraer capitales, simultáneamente generaron un ahogo total al esquema ahorro-financiamiento de las pequeñas y medianas empresas, que dependen fuertemente del crédito para sobrevivir y son las principales generadoras de empleo.

Estos capitales, por su parte, aprovecharon la desregulación financiera para ejercer el famoso mecanismo de la bicicleta: vender dólares, multiplicar los pesos invirtiendo en Letras, recomprar los dólares y fugarlos, haciendo saltar el precio de la divisa para empezar una nueva ronda. Los pocos beneficiados del modelo aparecen con claridad: los exportadores, el sistema financiero, las empresas de servicios públicos -cuyas tarifas se ajustan al dólar sin exigirles ninguna inversión en infraestructura de sus ganancias como contrapartida- y las transnacionales en general, que no dependan del mercado interno para sobrevivir.

¿Qué se puede esperar?

Ningún economista serio podría vaticinar un buen pronóstico con los indicadores actuales de la economía argentina, y menos mientras se insista en este modelo de “apertura al mundo”. El futuro desembolso del FMI que llegaría a mediados de abril podría calmar un poco las aguas, pero la tendencia a la dolarización de las carteras financieras ante la inminencia del proceso en prácticamente inevitable bajo el esquema actual.

Para emprender otro camino es necesario llegar a un consenso básico: el problema de economía argentina es la dependencia. Los dólares generados por las exportaciones quedan en manos de unos pocos grupos económicos que los utilizan para especular o para presionar políticamente, la necesidad de importar insumos y tecnología extranjera bloquea el desarrollo industrial, y el sistema financiero es totalmente frágil y manipulable.

Acordar este diagnóstico permitirá desarrollar un modelo de largo plazo asentado en el ensanchamiento del mercado interno mediante distribución del ingreso, el control del comercio exterior, la regulación financiera y el desarrollo de la industria intensiva en conocimiento para transformar nuestra estructura productiva. De lo contrario, la Argentina seguirá lamentando tasas de pobreza superiores al 30%, inflación incontrolable y la volatilidad del tipo de cambio.

@JapoMachado

*Miembro del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional

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