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Martin Luther King: un hombre que soñó

Martin Luther King: un hombre que soñó
abril 04
16:00 2019

Martin Luther King es hoy una figura políticamente correcta. En los Estados Unidos el tercer lunes de enero es feriado para recordar su nacimiento el día 15 y en las escuelas se enseña sobre su prédica por la igualdad entre blancos y negros. Sin embargo hay una parte de su historia y de su lucha que ha sido deliberadamente borrada.

El pastor bautista norteamericano también fue un fiel defensor de la lucha contra la desigualdad económica y contra la guerra de Vietnam. Así como su batalla contra la segregación racial, también estas banderas fueron motivo para que sea perseguido y, finalmente, asesinado en 1968.

De Alabama a Washington

Martin Luther King, nació el 15 de enero de 1929, en el Estado de Atlanta, hijo de una maestra de escuela y de un pastor. A los 15 años entró a la universidad y en 1948 se recibió de sociólogo.

En 1955 recibió el título de Derecho Teológico en la Universidad de Boston, siguiendo los pasos de su padre a quien sustituyó como pastor desde ese mismo año en la Iglesia de Dexter, Alabama. Desde su nuevo puesto, comenzó una larga lucha que le llevaría el resto de su vida.

A fines de 1955 organizó un boicot (junto al pastor Ralph Abernathy y Edgar Nixon, director local de la National Association for the Advancement of Colored People) contra el servicio de autobuses que obligaba a los negros a ceder el puesto a los blancos. Durante la campaña, que duró 382 días, King fue arrestado y su casa atacada con bombas incendiarias. Sin embargo, la acción tuvo tanto éxito que la Corte Suprema de Estados Unidos declaró, el 13 de noviembre de 1956, ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.

A partir de allí organizó multitudinarias manifestaciones predicando la desobediencia civil no violenta. Durante los años siguientes varias veces fue golpeado por la represión policial y otras más fue a prisión. Incluso sufrió un primer atentado contra su vida cuando en 1958 fue apuñalado por Izola Curry, una mujer negra que lo acusó de ser un líder comunista.

En 1963, desde la cárcel de Birmingham (Alabama) escribió: “La libertad nunca es dada voluntariamente por quienes nos oprimen, la misma tiene que ser demandada por quienes están siendo oprimidos”.

Desde su posición religiosa, al reflexionar sobre el fenómeno social de la libertad rechazó y desmanteló las concepciones teológicas que reducen al fatalismo las acciones a las que está llamada la gente pobre y oprimida. Por esa razón en su libro, Where Do We Go From Here?, sostuvo: “La libertad no se gana a través de aceptar pasivamente el sufrimiento. La libertad se gana luchando contra el sufrimiento”.

Luego de salir de la cárcel siguió con su prédica. Sin duda, la movilización de mayor arrastre social fue la que convocó el 28 de agosto de 1963, la marcha desde Birmingham (Alabama) hasta Washington, donde se concentraron más de 250 mil personas frente al Lincoln Memorial Park.

“Yo tengo un sueño” y mucho más que uno

En aquella movilización quedó inmortalizada para siempre la frase “Yo tengo un sueño, que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”. Y a esa frase redujeron, los dueños de la historia oficial, la vida de Martin Luther King.

Sin embargo la “marcha sobre Washington” fue llamada en su momento “marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad”. Y aunque Luther King junto a otros organizadores cedió a la presión de la Casa Blanca para que hicieran un discurso menos radical, plantearon demandas específicas: el fin de la segregación racial en las escuelas públicas; una legislación significativa sobre los derechos civiles (incluyendo una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo); una protección de los activistas de los derechos civiles de la violencia policial y un salario mínimo de dos dólares para todos los trabajadores sin distinción.

De esta forma se logró que en 1964 el Congreso Norteamericano apruebe el Acta de los Derechos Civiles, y en 1965 el Acta del Derecho al Voto en todos los Estados de la Unión Americana. Además, ya en 1964 el reconocimiento a su lucha se hizo internacional cuando fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

A partir de allí Martin Luther King se convirtió en una figura muy relevante tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. Quizás por eso sus discursos y acciones molestaron aun más a los poderosos.

El 30 de abril de 1967, en la Iglesia de Ebenezer, dio el sermón titulado “Por qué me opongo a la guerra en Vietnam” que fue denostado por la prensa estadounidense.

El New York Times lo atacó en un editorial titulado “El error del Dr. King”. Por su parte el Chicago Tribune publicó un editorial titulado “Martin Luther King se pasa de la raya”. Allí afirmó: “El empalagoso Reverendo Martin Luther King ha pasado a ser una molestia para el movimiento por los derechos civiles desde que le fuera otorgado el Premio Nobel de la Paz. Desde ese momento se ha especializado en hablar en un tono olímpico, en vez de ocuparse de los aspectos prácticos del movimiento por los derechos civiles”. Finalmente la revista Life calificó su sermón de “calumnia demagógica que suena como un guión para Radio Hanoi”.

Un año después, el 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis por el francotirador James Earl Ray. Nada se pudo saber sobre los autores intelectuales del asesinato, sólo se dijo que se trataba de un fanático racista, pero lo cierto es que este hombre pudo huir a Canadá con pasaporte falso y luego a Europa, en Londres fue detenido, más de dos meses después del asesinato.

En ese discurso sobre Vietnam, el doctor King afirmó respecto a la guerra: “Convoco hoy a Washington. Convoco a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en América. Convoco a los jóvenes americanos, que deben decidirse hoy a tomar posición sobre este asunto. Mañana puede ser demasiado tarde”. Y agregó contundente: “No dejen que nadie los convenza de que Dios eligió a América como una fuerza divina y mesiánica para que sea una especie de policía del mundo entero. Dios tiene su forma de enfrentar a las naciones y juzgarlas, y me parece oír a Dios diciéndole a América: “¡Eres demasiado arrogante!”.

Hoy como ayer, las palabras ocultadas por la historia oficial siguen teniendo una enorme actualidad.

Santiago Mayor – @SantiMayor

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