Batalla de Ideas

5 abril, 2019

En caída libre: el INDEC reveló los datos de la industria y distribución del ingreso

Por Kevin Castillo. El pasado jueves 4 de abril el INDEC publicó los datos que faltaban. Al 32% de pobreza se le sumaron los números sobre el rendimiento de la actividad industrial y el aumento de la desigualdad.

Por Kevin Castillo*. El pasado jueves 4 de abril el INDEC publicó los datos que faltaban. Al 32% de pobreza se le sumaron los datos sobre el rendimiento de la actividad industrial y el aumento de la desigualdad. En Argentina, el desarrollo industrial fue una de las grandes grietas que separó a la clase política desde la mayor parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Liberales contra industrialistas en sus distintas formas y denominaciones debatieron el desarrollo de nuestro país en clave de esta variable. El gobierno de Cambiemos suma un nuevo capítulo en la eterna discusión desde el lado de los detractores de la industria.

Las políticas de “apertura al mundo” llevadas adelante en los últimos años como antagónicas al desarrollo del mercado interno  generaron una baja significativa en el consumo interno, mercado principal en donde se desenvuelven las manufacturas nacionales. Este derrumbe se dio casi exclusivamente por las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Cambiemos. Caída del poder adquisitivo del salario, aumento del desempleo, volatilidad en el precio del dólar que afectó la compra de insumos importados, son solo algunos de los ejemplos que llevaron a que en febrero del 2019 la industria caiga en un 8,5% con respecto a igual mes del 2018.

La baja más pronunciada se dio en el componente “Otros equipos, aparatos e instrumentos”, compuesto por equipos informáticos, televisión y comunicaciones e insumos médicos, ópticos y de precisión, con una caída con respecto al mismo mes del año anterior del 27%. A su vez, el apartado de minerales no metálicos cayó un 22% y automotores tuvo una merma del 15,8%.

Estos datos permiten explicar las razones del 32% de pobreza develado la semana pasada. Queda en evidencia que las caídas del consumo, sumado a malas condiciones para la producción, son variables que se retroalimentan y forman una espiral negativa en la que los principales perjudicados son las y los trabajadores.

Un aspecto más a tener en cuenta son las perspectivas a futuro para la actividad industrial, quizás un determinante que podría torcer este presente negativo, aunque las miradas sobre el devenir de la economía son adversas.

En el mismo informe sobre actividad industrial, el INDEC muestra una encuesta realizada a los productores y empresas sondeadas para conocer sus opiniones sobre el futuro de la actividad. Los resultados están a tono con la realidad: el 56% de los encuestados considera que el período comprendido entre marzo y mayo de este año tendrá una caída en términos de consumo interno con respecto al mismo período del año anterior.

Con el comportamiento de las exportaciones, las miradas se moderan pero no evidencian positivismo. El 51,8% considera que las ventas al exterior no tendrán variaciones para el mismo período en que se evalúa el mercado interno, como ya se mencionó.

En síntesis, las medidas económicas de Cambiemos y el panorama internacional configuran un presente complicado y un futuro inmediato poco prometedor.

Desigualdad

El primer impacto de la caída industrial es el aumento de los niveles de pobreza, a lo que hay que sumarle los datos surgidos de la Encuesta Permanente de Hogares sobre desigualdad.

Si se comparan los datos obtenidos para el cuarto trimestre de 2017, en donde el 10% más rico de la población tenía, en promedio, un ingreso 17 veces mayor que el 10% más pobre; contra el 4° trimestre de 2018 en donde el 10% más rico tiene, en promedio, un ingreso 20 veces mayor que el 10% más pobre, se observa entonces una transferencia regresiva de ingresos en Argentina.

Esta situación profundiza el círculo vicioso existente entre la caída de la demanda interna y caída de la oferta, debido a que un incremento en los ingresos de los sectores más ricos en detrimento de los más pobres no genera un crecimiento en el componente del consumo interno, sino que muy probablemente vaya a otro tipo de usos, como ahorro que puede ser volcado en el sistema financiero o consumo suntuario, visto generalmente en nuestro país ligado a importaciones.

Por último, el índice de Gini, que se encarga de medir la desigualdad, siendo de valor 1 cuando la sociedad es desigual por completo y de valor 0 cuando es del todo igualitaria, viene creciendo desde el segundo trimestre de 2018 pasando de 0,422 a 0,434 para el cuarto trimestre del mismo año.

En definitiva, el cuadro de situación es, de mínima, oscuro. Es fundamental, entonces, volver a la senda del crecimiento económico teniendo como un factor preponderante al empleo y al mercado interno, buscando a su vez perspectivas razonables y serias para el desarrollo del comercio internacional.

*Miembro del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional (OPEN)

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