El Mundo

9 mayo, 2019

Día de la Victoria: una fecha clave para el siglo XX

El 9 de mayo se celebra en Rusia, y en otras ex repúblicas soviéticas, el “Día de la Victoria”, en conmemoración de la rendición de la Alemania nazi ante el Ejército Rojo y los Aliados en 1945. Un breve repaso de los hechos que desembocaron en esta jornada histórica.

El 9 de mayo se celebra en Rusia, y en otras ex repúblicas soviéticas, el “Día de la Victoria”, en conmemoración de la rendición de la Alemania nazi ante el Ejército Rojo y los Aliados en 1945.

El aniversario de esta fecha, un hito en la historia del siglo XX, se festeja el 8 de mayo en Europa occidental y se conmemoraba el 9 de mayo en la ex Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ya que la capitulación alemana fue firmada a las 22:43 en Reims (Francia) cuando ya era la madrugada del día siguiente en Moscú. A pesar de esta discrepancia, y sin tener en cuenta las diferencias simbólicas que este acontecimiento tiene para cada una de las naciones involucradas, el significado es el mismo: la derrota del nazi-fascismo en Europa.

Una guerra que cambió el mundo

El inicio de la Segunda Guerra Mundial se puede fechar el 1 de septiembre de 1939, con la invasión a Polonia por el ejército de la Alemania nazi. A partir de este momento, el desarrollo del conflicto bélico desencadenó batallas en distintos puntos estratégicos del planeta, con la movilización de los ejércitos de los países del Eje: Alemania, Italia y Japón.

Estos avances fueron contrarrestados por otras potencias europeas que criticaban fuertemente las políticas surgidas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Adolf Hitler y el Partido Nacional Fascista, de Benito Mussolini. En el bando Aliado estaban, en un primer momento, Polonia, Gran Bretaña y Francia, sosteniendo una sucesión de luchas que implicaron un gasto bélico extraordinario para sus respectivas economías nacionales.

Dentro de las principales consecuencias de todas las guerras modernas se encuentran los destrozos de las poblaciones, el deterioro económico y una pérdida muy alta de vidas. Sin lugar dudas, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto a nivel global que más vidas consumió, tanto de soldados como de personas ejecutadas en campos de exterminio y de civiles muertos durante los constantes bombardeos de las ciudades más importantes de los países beligerantes.

Un punto de inflexión se dio en el año 1941, cuando el 22 de junio se lanzó la invasión nazi contra la URSS conocida como “Operación Barbarroja”. Durante esta acometida, el ejército alemán llegó a controlar una gran parte del territorio, desde el Báltico hasta el Mar Negro, abriendo el Frente Oriental, donde se dieron los combates más grandes de toda la guerra.

En paralelo a esta situación en Europa, Japón decidió atacar por el Pacífico varios objetivos, entre ellos el puerto de Pearl Harbor (Hawái). Esta ofensiva determinó el ingreso concreto y definitivo de Estados Unidos, que hasta ese momento había interferido de una forma más indirecta, pero no menos relevante, dado que fue un elemento indispensable para el desarrollo de la industria armamentística.

Contando con la URSS y EE.UU., los Aliados dieron una batalla cada vez más virulenta contra los ejércitos fascistas, mientras aumentaba drásticamente la cantidad de bajas en ambos bandos. Con este escenario de fondo, comenzó a darse un cambio en la relación de fuerzas, gracias a las victorias navales sobre Japón y la derrota de los ejércitos del Eje en el norte de África durante 1942.

Desde mediados de ese año y hasta principios de 1943 se desarrolló la batalla decisiva entre el ejército rojo y alemán, en la ciudad soviética de Stalingrado. De ahí en más, se frenó la expansión sobre Rusia y comenzó el período de contracción de los distintos frentes donde estaban las fuerzas armadas nazi-fascistas, amenazadas también por la invasión norteamericana en las tierras italianas de Mussolini.

Para 1944 la estrategia de retirada era evidente, acompañada por el desembarco en Normandía del ejército norteamericano, que llegó a Francia cruzando el Canal de la Mancha desde Inglaterra.

Hay que recordar que desde principios de mayo de 1940, el país galo se encontraba invadido por los alemanes, mientras que los sectores no ocupados estaban bajo la órbita del gobierno de la Francia de Vichy. No obstante, uno de los coroneles que habían participado activamente durante la invasión alemana, Charles de Gaulle, se negó a reconocer la autoridad del gobierno colaboracionista y proclamó la existencia de una Francia Libre, marcando el inicio de la resistencia francesa entre 1940 y 1944.

Paralelamente en las tierras soviéticas, el ejército rojo de Joseph Stalin recuperaba los territorios perdidos y se disponía a avanzar sobre las tierras alemanas. La escalada definitiva se dio a principios de 1945, cuando llegó a los umbrales de la ciudad de Berlín, la cual terminó de caer el 2 de mayo de ese año. El 30 de abril Adolf Hitler se suicidó en su bunker, supuestamente acompañado por su esposa y otras figuras del alto mando alemán, dejando establecido sobre los hombros de quienes recaería la responsabilidad de terminar con la batalla y el sitio de la capital.

Entre los meses de mayo y septiembre de 1945 se terminaron de fijar las condiciones de la rendición de los países del Eje, concretada en la Conferencia de Potsdam. Aunque la amenaza principal ya había claudicado, en el este persistía la amenaza de Japón, contra quienes los norteamericanos descargaron las únicas bombas atómicas utilizadas durante una guerra, en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Luego de estos trágicos episodios, Japón se rindió y culminó definitivamente la Segunda Guerra Mundial.

Guerra y después…

Ríos de tinta han corrido para tratar de explicar todos los detalles y procesos que pudieron llegar a causar un enfrentamiento bélico de semejantes proporciones, y lejos está esta nota de querer enumerar y discutir con los mismos. El objetivo de este breve y esquemático repaso es demostrar el valor y la importancia del acuerdo firmado entre el 8 y 9 de mayo, dado que cierra la etapa de mayor conflictividad en la guerra más sangrienta de la historia.

Si bien existen distintas corrientes historiográficas que discuten exhaustivamente este conflicto, el historiador Eric Hobsbawm presenta un análisis muy acertado sobre la coyuntura general durante el mismo, al afirmar que “sólo la alianza —insólita y temporal— del capitalismo liberal y el comunismo para hacer frente a ese desafío permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre la Alemania de Hitler fue esencialmente obra (no podría haber sido de otro modo) del ejército rojo”.

Esta particularidad que Hobsbawm resalta, es el opuesto de la situación global que se planteó una vez finalizada la guerra, cuando el mundo se encontró dividido entre el polo capitalista norteamericano y el polo comunista encabezado por la URSS.

La importancia simbólica de esta conmemoración se apoya fuertemente en el reconocimiento a los soldados del Ejército Rojo. Una vez disuelta la URSS en 1991, las celebraciones del Día de la Victoria fueron dejadas de lado, pero en los últimos años se han vuelto a valorar, no sólo en Rusia, sino en todos los países que componían la órbita soviética.

Daniela Villotti – @dani_villotti

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