Mundo Gremial

30 mayo, 2019

Quebró una histórica metalúrgica en Quilmes y despidió a 220 trabajadores

La fábrica radicada en Bernal Oeste quebró la semana pasada y dejó a 220 trabajadores con un promedio de veinte años de antigüedad en la calle, la mitad mujeres y madres solteras. Ahora se organizan para conformar una cooperativa y poder sostener las fuentes laborales.

La metalúrgica Eitar, radicada en Bernal Oeste, partido de Quilmes, quebró la semana pasada y dejó a 220 trabajadores con un promedio de veinte años de antigüedad en la calle, la mitad mujeres y madres solteras. Ahora se organizan para conformar una cooperativa y así poder sostener las fuentes laborales.

El martes 21 de mayo fue el último día que las y los trabajadores de Eitar asistieron a la fábrica. Desde esa fecha y por común acuerdo entre la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y los dueños de la empresa, Mario Bortot y Raúl Gazzoto, comenzaron a correr suspensiones debido a la falta de material para llevar adelante el trabajo.

Por la tarde noche, uno de los trabajadores -que vive frente a la fábrica- observó movimientos extraños y reconoció a los dueños que sacaban por un garaje interno de las instalaciones objetos relacionados a información digital.

Cuando el trabajador avisó a sus compañeros, rápidamente se organizaron y ocuparon pacíficamente la planta para evitar que no se geste ningún otro vaciamiento, en particular de maquinarias y materiales para la construcción.

Veinticuatro horas después, los delegados de la fábrica realizaron las denuncias correspondientes, hasta que fueron llamados por los jefes. “Se comunicaron para decirnos que iban a presentar la quiebra de la empresa porque es insostenible la crisis financiera que tienen”, relató a Notas Marcelo López, delegado de la UOM en Eitar.

Al día siguiente, desde el gremio llevaron adelante reuniones con la Secretaría de Trabajo, logrando que se ponga a disposición para encontrar una solución que permitiera sostener las más de 200 fuentes de trabajo que Gazzoto y Bortot dejaron a la deriva, producto de la recesión económica que se vive a lo largo y ancho de la República Argentina.

López aseguró a este medio que la caída del consumo aceleró la crisis de la empresa, sobre todo a partir del año 2016, cuando hubo 70 despidos que no se lograron reincorporar a pesar de que se tomara la fábrica durante un mes. “A partir de eso se profundizó la crisis y no llegábamos a trabajar más de dos o tres días por semana”, recordó el delegado.

A diferencia del presente, López recordó que entre 2008 y 2014 la empresa tenía tres turnos de trabajo, e incluso se realizaban labores los días sábados y domingos. Sin embargo, reconoció que desde 2016 “la apertura de importaciones, sumada al mal manejo de la fábrica, nos pegó de lleno”.

Para revertir esta situación desesperante, las y los trabajadores iniciaron un trámite para conformar una cooperativa, ya que el principal objetivo es preservar las fuentes de trabajo, de las cuales más de la mitad son mujeres, muchas de ellas madres solteras sostén de familia.

Mientras tanto la ocupación de la planta sigue. “Estamos generando actividades, vendemos comida y por suerte los vecinos nos ayudan mucho para aguantar hasta tener un panorama más claro”, concluyó López.

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