Fútbol

2 julio, 2019

Volvió

Mientras la tarde fría del domingo cae, un grupo de amigos baja del 15 cantando. Una familia envuelta en una gran bandera azulgrana se hace retratar por un grupo de amigas. Los gritos de los vendedores de paty, gaseosa y cerveza se funden con los bombos, platillos y vientos de la murga Los Chiflados de Boedo. El barrio, vestido para la ocasión, ve como miles de almas cubren sus baldosas en una única dirección.

“Hay que poder, hay que saber
Hay que querer conseguir porque vivir”
A. Calamaro

Mientras la tarde fría del domingo cae, un grupo de amigos baja del 15 cantando. Una familia envuelta en una gran bandera azulgrana se hace retratar por un grupo de amigas, todas con camisetas, en la esquina de Alberdi y avenida La Plata. Autos y más autos pasan tocando bocina, con sus ocupantes agitando los brazos por las ventanillas. Los gritos de los vendedores de paty, gaseosa y cerveza se funden con los bombos, platillos y vientos de la murga Los Chiflados de Boedo. El barrio, vestido para la ocasión, ve como miles de almas cubren sus baldosas en una única dirección.

Pero la cita no es a ciegas, tiene su historia y empezó allá por el ’98 cuando los hermanos Adolfo y Diego Resnik, en la puerta del Pedro Bidegain, repartían volantes con las “Diez razones para volver a avenida La Plata”. Aquella idea utópica, aquel sueño de unos pocos fue sumando adeptos, ganando visibilidad y al trabajo indispensable, que como historiador e hincha llevó a cabo el propio Adolfo, lo acompañó la invalorable contribución de la Subcomisión del Hincha.

Tampoco es la primera cita que San Lorenzo y su gente tienen con la historia. Esa amalgama que ha podido resignificar y teñir de épica los momentos más duros, logró reunir 100 mil almas el 8 de marzo de 2012 cuando la vuelta a Boedo había dejado de ser un imposible. La aprobación del Proyecto de Ley de Restitución Histórica, la compra del terreno, simbólicamente atomizado en metros cuadrados, que hinchas, jugadores, exjugadores, dirigentes y hasta simpatizantes de otros cuadros compraron fueron el pie detrás de pie que permite este presente.

Y ahí van, como impulsados por una fe que solo ellos parecen conocer, el abuelo y el nieto, la niña en los hombros de su padre, los grupos de amigos y amigas de todas las edades, los que viajaron en ruta, los que llegaron en auto, los que tomaron colectivo, los que combinaron líneas de subte. Ahí van, peregrinan hacia donde una vez estuvo su casa, hacia donde piensan volver a construir otra. Vestidos de azul y rojo, fundidos en un abrazo lleno de recuerdos, de emoción, de porvenir, de sueños. Esos que nunca serán imposibles para esta gente, que una vez más, ha demostrado que lo imposible solo tarda un poco más.

El primero de julio no será una fecha más en la historia de San Lorenzo ni para la memoria de sus hinchas. Quizás tenga la misma relevancia que la fecha de su fundación aquel, lejano ya, primero de abril de 1908; la misma importancia que el 7 de mayo de 1916 cuando se inauguró el Viejo Gasómetro en Avenida La Plata al 1700. Porque San Lorenzo ha vuelto al lugar del que nunca debió irse. Porque San Lorenzo una vez más ha hecho historia. Porque San Lorenzo volvió a Boedo.

Federico Coguzza – @Ellanzallama

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