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Por qué Aldo Rico sí existe y cómo puso en jaque a la democracia

Por qué Aldo Rico sí existe y cómo puso en jaque a la democracia
julio 10
16:38 2019

La participación del ex carapintada Aldo Rico, por segunda vez, en el desfile por el Día de la Independencia, generó controversias en todo el arco político, periodístico y de los derechos humanos. Breve repaso del levantamiento militar de 1987, y las heridas que continúan abiertas en plena era Macri.

Desde la Casa Rosada volvieron a celebrar el paso de Rico por el desfile militar del martes pasado, un gesto que desde una variedad de sectores interpretaron como una provocación y un intento de resignificar la historia en favor de los golpistas que en 1987 buscaron quebrantar el reclamo popular por Memoria, Verdad y Justicia por los crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura.

Sin ir más lejos, el ministro de Defensa de la Nación, el radical Oscar Aguad, se defendió de las críticas por el paso del carapintada por la Avenida 9 de Julio: “Aldo Rico no existe en esta parte de la historia. Si quiere desfilar que desfile”, dijo en diálogo con la periodista María O’Donnell.

Aldo Rico, ¿no existe?

El 24 de diciembre de 1986 el Congreso de la Nación promulgó la conocida Ley de Punto Final, que permitía la extinción de acciones legales contra militares imputados como autores penalmente responsables de haber cometido delitos de lesa humanidad entre 1976 y 1983.

El proyecto motivado por el propio presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, buscaba salvar a los cuadros intermedios de las Fuerzas Armadas, que presionaban para que la avalancha de juicios no los salpique.

En enero de 1987 la legislación cosechó una ola de denuncias presentadas por sobrevivientes y familiares de desaparecidos, descontentos con la resolución, superando las expectativas de la Casa Rosada. En total, se produjeron 300 procesamientos a oficiales de los altos mandos, quince veces más de lo previsto por Alfonsín.

Frente a esta imparable situación, los acusados comenzaron a resistirse a las indagatorias y audiencias de juicios, e instaron a sus tropas a rechazar los procesamientos por crímenes de lesa humanidad.

Fue así que el 14 de abril del ‘87 el Mayor Ernesto “Nabo” Barreiro se negó a declarar ante la Cámara Federal de Córdoba por el cargo de torturas y asesinatos en el Centro Clandestino de Detención La Perla, el más grande la provincia serrana.

Dos días después, el entonces Teniente Coronel Aldo Rico dirigió una sublevación en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, el epicentro del levantamiento carapintada. El principal motivo del amotinamiento era el reclamo de oficiales y suboficiales genocidas que no fueron beneficiados con la ley de Punto Final.

“Es cosa vieja”

Con esa frase el ministro radical faltaba a la historia y su propio partido, la UCR, blanco del levantamiento. “Fue un acontecimiento chiquito, yo no creo que haya puesto en jaque a la democracia”, expresó Aguad, apodado por sus correligionarios como “el milico” por su amistad con el genocida Benjamín Menéndez.

“Las Fuerzas Armadas son servidores para su pueblo y la gente lo valora, aunque nos hayan hecho creer que la gente no las quería”, consideró el funcionario, quien finalmente agregó: “Es importante reconstruir el sentimiento patriótico en la Argentina. Es un país que necesita de la unidad para salir adelante”.

Las declaraciones de Aguad cosecharon el repudio de organismos de derechos humanos y hasta incluso de su correligionario e hijo del ex presidente, Ricardo Alfonsín.

“Tus dichos no hacen otra cosa que ofender a cuantos lucharon por la democracia y su consolidación, por la paz y contra la violencia. No tenés derecho a falsear la historia de esa manera ni a agraviar así a los argentinos”, le respondió el dirigente.

En tanto, Abuelas de Plaza de Mayo señalaron que en el levantamiento carapintada Aldo Rico revindicó “el terrorismo de Estado” y amenazó “con un golpe” de Estado. En paralelo, la agrupación HIJOS sentenció que el militar fue “uno de los responsables del levantamiento” y recordó que en 2016, cuando el genocida “Nabo” Barreiro fue condenado a cadena perpetua, Rico se solidarizó con él.

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