Notas

El té de Ceylán es cosa seria

El té de Ceylán es cosa seria
julio 12
20:41 2019

La clase media cuando está bien vota mal, y cuando está mal, vota bien.
Arturo Jauretche

Al contrario que la clase obrera industrial, el compuesto heteróclito conocido como «clase media» no conlleva relaciones de producción específicas, ni posee tendencias de desarrollo particulares, aparte del consumo a discreción. Pero se defina como se defina, la clase media, o partes sustanciales de la misma, ha demostrado ya su capacidad para convertirse en un actor político significativo, aumentando su prominencia con el declive o desorganización del proletariado industrial. Las clases medias en ascenso del Sur global se merecen una atención especialmente atenta, ya que pueden ser cruciales en la determinación de las opciones políticas.
Goran Therborn, ¿Nuevas masas críticas?

Por Fernando Toyos. En la serie de dislates que uno puede atribuirle a nuestro ilustre presidente, se encuentra uno que, hay que decirlo, no es tan disparatado como parece. Me refiero a aquella referencia, hace un año y medio, a un presunto origen europeo que compartiríamos todes les sudamericanes. Quizás extrapolarlo a Sudamérica sea mucho, pero es necesario señalar que esta frase, para el caso argentino, entronca con un imaginario largamente instalado, según el cual una buena parte de la población se autoidentifica con un presunto origen europeo.

“Los argentinos descendemos de los barcos”, es una frase popular que refleja eso, que el historiador Enrique Garguin eligió para titular un trabajo en el que plantea que, a principios de siglo XX, la población del Litoral argentino -donde se concentró la migración europea- se proyectó como imagen de la sociedad en su conjunto. La Argentina se veía a sí misma como un país blanco-europeo.

Este imaginario, construido sobre la invisibilización de los pueblos originarios, voló por los aires con la irrupción de aquella clase trabajadora que se levantó en las periferias urbanas y marchó hacia Buenos Aires un 17 de octubre, mostrándole al país que ellos -los cabecitas negras- existían, eran parte de la nación y, desde aquel momento en adelante, no seguirían siendo ignorados.

Ezequiel Adamovsky, en su Historia de la clase media argentina, plantea que este fenómeno hace emerger un sector de la sociedad que se identifica con la clase media. Más específicamente, aquellos sectores que ya no podían imaginarse a sí mismos como “la nación toda”, asumieron una identidad que -expresada en términos de clase- los delimitaba tanto de las clases dominantes como de la “chusma peronista”. Nacía así la clase media argentina, fuente sistemática de quebraderos de cabeza para la izquierda y los movimientos populares en general. ¿Qué hacer con la clase media? ¿Qué quiere la clase media? ¿Se trata de un sector determinado a aliarse a la clase dominante o puede establecerse algún tipo de alianza?

Más cerca de nuestros tiempos, hemos visto cómo el ciclo de gobiernos kirchneristas rompió lanzas con la “clase media” en sucesivas ocasiones. Quisiéramos evocar una que consideramos especialmente elocuente: cuando se instaló el control cambiario (mal llamado “cepo”), allá por 2009, las protestas de una “clase media” ya irritada con el gobierno no se hicieron esperar.  Como símbolo de ellas, el archivo televisivo inmortalizó a un joven indignado porque no iba a poder ir a Punta, como todos los años. Subrayemos: como todos los años.

Las formas de ser son formas de hacer consolidadas, dijo Émile Durkheim, uno de los autores clásicos de la sociología. Demos vuelta la fórmula: consolidar exitosamente un hábito de consumo equivale a asegurarse nada menos que una forma de ser, una identidad. Es necesario reflexionar sobre esto, si no queremos contribuir al círculo que describió Jauretche, sancionándolo: en la capacidad de consumo de estos sectores se pone en juego su identidad. Considerando que los sectores medios son, básicamente, fracciones privilegiadas de la clase trabajadora que, no por privilegiadas, dejan de compartir unos intereses y enemigos comunes, planteamos este debate: la capacidad de consumo de estas “clases medias” no es -como dice el comediante Un Rubio Peronista- hacer pucherito por no tener té de Ceylán.

La pregunta de siempre es qué se hace con esto. Reconocer como válido el sufrimiento social de las capas medias, cuando ven bloqueadas sus posibilidades de performarse puede ser un primer paso. Enumerar las infinitas injusticias de nuestra sociedad que son (mucho) más graves que no poder cambiar el auto no hará mucho más que reafirmar la posición de cada quien. Si “la política” se les presenta como la causa del obstáculo -y no, por el contrario, aquello que los habilita-, asumir una posición (mal llamada) “antipolítica” aparece como un corolario lógico.

Ojo que esto no implica tener a los sectores medios entre algodones todo el tiempo. En primer lugar, porque no se puede. Haciendo abstracción de nuestra inserción capitalista dependiente, satisfacer una demanda permanentemente ampliada de consumo tiene límites muy concretos en la (in)sustentabilidad ecológica. Pero, además, porque nuestro horizonte estratégico hacia la clase media como identidad tiene que ser el de -con el permiso del movimiento feminista- deconstruirla. Hacer, como decía Atilio Borón, el trabajo político y pedagógico de mostrarle a esta, cualitativa y cuantitativamente importante, parte de la sociedad que sus intereses coinciden con los de les laburantes.

Pero esto es un trabajo de décadas. Implica, como dijo David Viñas, que la “clase media” se de vuelta como un guante, y eso requiere de un acompañamiento pedagógico, político y afectivo que empieza por darle entidad al sufrimiento del otro. Cuando rompamos el círculo vicioso de contestar las pretensiones de superioridad moral con la misma moneda (eso sí, con colores izquierdistas y/o nacional-populares) podremos efectivamente empezar a tejer esta alianza, absolutamente estratégica para reconstruir a un sujeto político que viene estando ausente hace rato. En estas capacidades afectivas, de escucha, de contención y solidaridad, podemos aprender mucho del feminismo.

@fertoyos

Tags
Compartir

Notas relacionadas

0 comentarios

No hay comentarios aún

No hay comentarios por el momento, querés agregar uno?

Escribe un comentario

Escribe un comentario

Tu mail no será publicado. Los campos obligatorios están marcados *

Opinión

  • Libre no valienteDe la ciudad de la furia a una ciudad segura

    Por Sol de la Torre. El acceso a ciudades seguras para las mujeres es una de las principales inquietudes para la construcción de un proyecto popular de gobierno. Para eso es necesario evaluar cuáles son las condiciones para la construcción de autonomía y proyectar políticas para reforzarla.

  • Secundaria Futuro¿Qué es la Secundaria del Futuro?

    Por Alicia García Tuñón. Se cumplió un año y medio de la implementación de la Secundaria del Futuro en CABA y ya se escuchan rumores sobre las escuelas que entrarán en el programa en 2020. Sin haber hecho una evaluación de la Nueva Escuela Secundaria (NES) -que recién el año pasado terminó su primera cohorte-, ya se avanzó con una nueva reforma.

  • Florestan Fernandes portadaFlorestán Fernandes, sin miedo de ser socialista

    Por Gabriela Giacomelli. A 99 años de su nacimiento, Florestan Fernandes es retomado una y otra vez como ejemplo de vida y como intelectual revolucionario por el movimiento popular brasilero. La Escuela internacional de formación de cuadros fundada por los Sin Tierra en ese país, lleva su nombre como homenaje y prueba de la vigencia de su pensamiento.

  • CNBACrónica de un ¿agravio? anunciado: la polémica en el CNBA con dos veteranos de Malvinas

    Por Nicolás García Roel. La exposición de dos oficiales de la Fuerza Aérea veteranos de Malvinas en el acto institucional del 9 de julio desató una polémica al interior del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), que rápidamente tomó estado público a través de los medios masivos de comunicación y generó un virulento debate.

  • FaceApp MessiA propósito de FaceApp, mini-estudio sobre redes sociales en 6000 caracteres

    Por Fernando Toyos. Durante esta semana se hizo furor una aplicación llamada FaceApp, entre cuyas prestaciones destaca la posibilidad de proyectar el envejecimiento del rostro humano. Esta función llenó las redes sociales de fotos digitalmente envejecidas de usuarios y famosos y recopilando las caras de unas 150 millones de personas.

  • Acto Frente de Todes MDQEl rol de la izquierda marplatense para vencer a Cambiemos

    Por Sol de la Torre. Para el pueblo trabajador argentino, nuestra ciudad es la Feliz. Pero ahora la Mar del Plata de la esperanza se transformó en la Mar del Plata capital del desempleo, las desigualdades, el hambre y la miseria.