Géneros

15 julio, 2019

Legislar la igualdad: a nueve años de la ley de Matrimonio Igualitario

Durante la madrugada del 15 de julio de 2010, el Congreso de la Nación convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en legalizar la unión civil entre dos personas sin importar su género u orientación sexual.

Se cumple un nuevo aniversario de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, votada por el Congreso de la Nación el 15 de julio de 2010. Desde ese momento, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en legalizar la unión civil entre dos personas sin importar su género u orientación sexual.

Con la sanción de la ley 26.618, que modificó el Código Civil, el Estado nacional dio un paso trascendental en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, después de 30 años marcados por la lucha del movimiento LGBTI. Gracias a esta ley, a la fecha son más de 20 mil las parejas que contrajeron matrimonio civil y que la normativa anterior se lo impedía.

En aquel 2010, la Corte Suprema de Justicia de la Nación tenía en sus manos un recurso de amparo que declaraba inconstitucional la prohibición de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien la resolución de la Corte sólo actuaría sobre ese caso concreto, también abría la puerta a otros reclamos.

Sin embargo, los magistrados pausaron el estudio del caso y esperaron a que el Congreso tome una definición, luego de que la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) lanzara una campaña nacional bajo la consigna “Los mismos derechos, con los mismos nombres”.

Tanto la federación como la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), fueron dos de las organizaciones más protagónicas en la lucha por la aprobación de la ley, y las que presentaron proyectos para ser discutidos en los recintos del Poder Legislativo.

Los debates fueron acalorados, con posiciones reacias atravesadas por la conciencia personal de las y los legisladores. Como sucedió en el debate por la despenalización del aborto, cada bloque legislativo otorgó cierta “libertad” para votar.

El 5 de mayo de 2010, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto modificatorio del Código Civil que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo por 126 votos a favor frente a 110 en contra y cuatro abstenciones.

Los bloques que votaron mayoritariamente en favor de la ley fueron la Coalición Cívica (aunque Elisa Carrió se abstuvo) y el Frente para la Victoria, mientras que en contra lo hicieron el peronismo federal, la Unión Cívica Radical (UCR) y el PRO. En tanto, los bloques minoritarios como el Partido Socialista, Nuevo Encuentro y Proyecto Sur votaron a favor de la legislación de manera unánime.

Uno de los diputados promotores del debate y jugador clave para su posterior aprobación fue el expresidente Néstor Kirchner, tal como lo reseña en su libro Kirchner, el tipo que supo el periodista Mario Wainfeld. Fue su única votación en la Cámara baja después de las elecciones de 2009 y previo a su fallecimiento el 27 de octubre de 2010.

En el Senado la batalla por consagrar la igualdad de derechos resultó triunfante con 33 votos a favor, 27 en contra y tres abstenciones. Se dio casi en los mismos términos: el Frente para la Victoria ratificó su mayoría de legisladores en favor de la medida, al igual que la Coalición Cívica, y los partidos minoritarios acompañaron en su totalidad. Mientras que en contra volvieron a votar las mayorías de los bloques de la UCR y el peronismo federal.

Aquella madrugada había sido el resultado de dos meses de debate público, marchas y contramarchas, dictámenes de minoría y mayoría que finalmente dieron un resultado: la ley fue aprobada sin modificaciones, es decir, tal como había sido votada en Diputados.

La ley de Matrimonio Igualitario modificó entonces el Código Civil, cuyo artículo 172 definía al matrimonio entre hombre y mujer. De esta manera, se sustituyó esa parte y se agregó: “El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o diferente sexo”. Por caso, la ley no sólo implica la posibilidad de casarse sino también el derecho a adoptar y formar una familia, compartir obra social, heredar bienes, etc.

Este hecho marcó un antes y un después en la implementación de políticas de igualdad, inclusión y construcción de ciudadanía por parte del Estado. Más tarde llegaron a los recintos del Congreso las leyes de Identidad de Género y de Fertilización Asistida, y el Ejecutivo firmó el decreto 1006/2012 de Reconocimiento Igualitario.

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