Batalla de Ideas

15 julio, 2019

La teoría de Alberto Fernández se pone a prueba: “Macri tiene techo, nosotros no”

Por Federico Dalponte. El oficialismo recupera lo perdido y vuelve a los 35 puntos, el núcleo fiel antiperonista. El Frente de Todos también crece: cinco puntos desde abril, rondando los 40. Pero todo está atado con alambres, incluyendo las encuestas que logran tapa.

Por Federico Dalponte. El oficialismo recupera lo perdido y vuelve a los 35 puntos, el núcleo fiel antiperonista. El Frente de Todos también crece: cinco puntos desde abril, rondando los 40. Pero todo está atado con alambres, incluyendo las encuestas que logran tapa.

A partir del 3 de agosto ya no se podrán publicar encuestas. La prohibición surge del propio código electoral, pero –como siempre– incluye esa premisa inconfesable: los sondeos no son inocentes e inciden en las preferencias del electorado.

El pasado jueves, el diario Clarín publicó dos en tapa con un título llamativo: “Macri y Alberto Fernández llegan a las PASO en un final cabeza a cabeza”. Ambos estudios daban primero al candidato del Frente de Todos, pero apenas por entre 1,5 y 3 puntos, diferente a la brecha observada meses atrás.

“Son los esfuerzos de Clarín”, declaró horas más tarde el ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, consultado en Radio Latina. Y en parte es cierto. Pero también es verdad que el rol de la empresa ha sido similar en otros episodios de la historia. La reiteración no produce sorpresa.

Eduardo Paladini es el periodista que recopila la docena de encuestas en danza y las publica con severo equilibrio. De hecho, a principios de este mes, publicó en su resumen periódico un sondeo que colocaba al binomio Fernández casi 8 puntos por encima de Mauricio Macri.

En el mismo sentido, Marcelo Bonelli, tradicional columnista del diario y de las señales televisivas del grupo, aseguró, un día después de la tapa “cabeza a cabeza”, que las encuestas manejadas por la mesa chica del gobierno ubican a la fórmula de Juntos por el Cambio unos 6 puntos por debajo del postulante opositor.

La divergencia entre los múltiples sondeos obedece a un sinfín de causales, es cierto, pero el hecho de que el diario más leído del país haya optado por hacer tapa las únicas dos que arrojan paridad sólo tiene una explicación: incidir en el comportamiento del electorado, en tándem con la estrategia del gobierno.

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El oficialismo necesita una alta participación para asegurarse un buen desempeño en las primarias. Los votantes del oficialismo, en teoría más apáticos que los del peronismo y las izquierdas, son la clave de la estrategia gubernamental.

Entre las primarias y las generales de 2015, más de 2,5 millones de personas se sumaron a la votación y lo hicieron mayoritariamente en favor de Mauricio Macri. Así, 7 de cada 10 electores –que no habían votado en las PASO– concurrieron a las urnas en octubre para apoyar al candidato de Cambiemos. Algo similar a lo que sucedió en 2017 en provincia de Buenos Aires: entre agosto y octubre, los dos principales candidatos al Senado crecieron en cantidad de votos, pero el postulante del oficialismo lo hizo bastante más que Cristina Kirchner y eso le permitió dar vuelta la elección.

Si ese comportamiento se repite, el mes próximo podríamos también asistir a una baja participación electoral con particular incidencia en la cosecha de Juntos por el Cambio. Ese es el escenario que temen en Casa Rosada: ya no sirve arrancar el primer test electoral desde tan atrás. Incluso confiando en revertir el resultado en las generales de octubre, sospechan allí que una diferencia amplia favorable a Alberto Fernández podría arruinar los planes de estabilidad cambiaria.

Así, a diferencia del discurso sobre la inutilidad de las PASO, ahora el macrismo apuesta a la mayor participación posible. Para tomar dimensión, basta recordar que el promedio de participación en las últimas cinco elecciones presidenciales –incluyendo primarias– fue de 78%, con el punto más bajo en las PASO de 2015 (75%) y el más alto dos meses después (81%).

De esta manera, todo hace prever que una elección que ronde casi el 80% de participación agradaría mucho más al gobierno que una cercana al 75%. Ello, claro, bajo la premisa de que los apáticos y los desmovilizados son –como en 2015 y 2017– votantes más proclives al macrismo.

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La paridad, por tanto, es el discurso más atractivo para incentivar ese escenario. Si se martillara en cambio con la idea de que las primarias no sirven para nada, la gran apuesta debería hacerse recién de cara a octubre –otra vez: tal como sucedió en 2015 y 2017–, pero quizás todo esté definido para entonces.

En la gran mayoría de las encuestas, la diferencia a favor de Alberto Fernández oscila entre los 8 y los 3 puntos. Pero nada puede darse por seguro, por eso las tapas que toman guarismos aislados como certeza matemática lindan con la malicia –como poco–. En cualquier caso, lo cierto es que los sondeos preelectorales nunca aciertan los resultados, aunque sí tendencias y orden de llegada.

En ese sentido, difícilmente puedan desoírse tres datos del escenario actual: el macrismo recuperó terreno respecto a abril, sigue cómodamente por debajo del binomio Fernández y, al mismo tiempo, se reforzó la polarización después del cierre de alianzas, razón por la cual los principales candidatos tienden a crecer.

Y aquí por tanto se pone a prueba la gran hipótesis que Alberto Fernández repitió desde principios de este año, cuando sólo oficiaba de armador: Cristina Kirchner no tiene techo, pero Mauricio Macri sí.

Entre tantas diversas razones, es probable que la expresidenta no haya querido contrastar esa premisa. Por más auspiciosas que pudieran ser las declaraciones del profesor Fernández, lo cierto es que la existencia de un techo cristinista es casi incuestionable. Por tanto, la estrategia de la senadora consistió en romper ese techo con su corrimiento al segundo lugar de la fórmula y la postulación de un –llamémosle– “moderado”.

De esta forma, quien sí quedó parado en el escenario con su propio techo fue el presidente Macri. Podrá ser más alto o más bajo, pero todo mandatario que se postule a una reelección tiene su techo; mucho más si su gestión de gobierno tiene un rechazo de –como mínimo– un 60% de la población, según datos de la última encuesta de Management & Fit, la misma que publicara parcialmente el diario Clarín.

En ese sentido, oficialistas y opositores caminan sobre seguro en base a unos pocos datos. El resto, y sobre todo la intención de voto, es casi un misterio que se develará dentro de un mes, cuando llegue el día de las primarias. En julio de 2011, por caso, la misma encuestadora –de blanqueados vínculos con el Grupo Clarín– vaticinaba que Cristina Kirchner sacaría 38 puntos en las PASO, contra 23 de Ricardo Alfonsín. Las urnas finalmente arrojarían una diferencia algo más amplia: 50% a 12%.

@fdalponte

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